sábado, 3 de abril de 2010

DE IZQUIERDAS Y DERECHAS

Pagina12 03/04/2010

Por Fernando Cibeira

Con mayor o menor propiedad, según el paladar de quien lo analice, el kirchnerismo vino a ocupar el lugar del centroizquierda en el escenario político. La cuestión es que por ese carril –un poquito más hacia aquí, un poco más allá– suele transitar la mayoría de los discursos de los candidatos en campaña, sea lo que fuera que luego piensen hacer una vez que lleguen al poder. Ante la disyuntiva, quienes aspiran a mostrarse como una alternativa anti K han elegido llevar lo suyo hacia los extremos, en algunos casos con serio riesgo de desbarrancarse.

Right

Un caso paradigmático en estas últimas semanas ha sido el de Eduardo Duhalde, quien pasó de su habitual populismo-desarrollista de marca peronista a un conservadurismo de la más rancia escuela. Cuando miles de personas marchan para conmemorar un nuevo aniversario del golpe de Estado más sangriento, Duhalde sale hablando de cerrar los juicios, de convocar a un plebiscito, de dejar de humillar a las Fuerzas Armadas y ponerlas a hacer cosas útiles, por ejemplo, ocuparse de los jóvenes o hacerse cargo de la seguridad interior.
El recurso no es nuevo porque algo por el estilo hizo su amigo Carlos Ruckauf allá por 1999, cuando disputó la gobernación de la provincia de Buenos Aires a Graciela Fernández Meijide machacando sobre su supuesta condición de atea, marxista y proabortista mientras él prometía fusilar a los delincuentes y se fotografiaba rezándole a la Virgen. Pese a lo burdo, la maniobra dio resultado y Ruckauf consiguió la gobernación, lo que no evitó que dos años después huyera del cargo.
Duhalde se ubica en el grupo de dirigentes opositores –son varios y dicen que hay encuestas que los respaldan– que sostienen que la sociedad está hastiada de la política de derechos humanos que impulsa el Gobierno y que se ha ido derechizando en sus puntos de vista. Según ese criterio, las prioridades pasaron a ser la seguridad y el orden, así nada mejor que en ese contexto salir a defender a las Fuerzas Armadas sin que venga a cuento. Duhalde, quien tiene en su historial la represión que terminó con las vidas de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, suena como un vocero válido para la propuesta. Pero la prédica no parece haber prendido en la sociedad supuestamente derechizada, más bien lo contrario.
Lo mismo puede decirse de Mauricio Macri, necesitado de un salvavidas en una gestión que viene hundiéndose como el Titanic. En la misma semana que debió separar a otro jefe de la Metropolitana envuelto en un escándalo y la Justicia confirmó los procesamientos por asociación ilícita del Fino Palacios y el espía Ciro James, Macri buscó salir del aprieto con una ofensiva contra los “trapitos” que cuidan autos y los “encapuchados” que andan en las movilizaciones. El jefe de gobierno prometió ir hasta el hueso de las “mafias enquistadas en nuestra sociedad”, pero no se estaba refiriendo a los multimillonarios grupos económicos que se han enriquecido a costa de los sobreprecios de los contratos con el Estado –ni a sus herederos– sino contra estas patotas “trapiteras” que estarían asolando a los porteños motorizados, una persistente preocupación de los medios de la derecha.

En su entorno saltaban de alegría. Evaluaban que al otro día del anuncio por primera vez en mucho tiempo Macri estuvo en la tapa de todos los diarios y no por un problema en su gestión. Las encuestas de las páginas web de los diarios opositores hablaban de un piso de 90 por ciento de aprobación a la iniciativa, que vuelve a la carga sobre la idea de criminalizar la pobreza. Tampoco hay novedad aquí. La gestión macrista ya tiene en su haber a las patotas de la UCEP dedicadas a desalojar a las patadas plazas y edificios y las simpáticas picanitas Tauser con las que ansían electrocutar a malhechores o sospechosos de serlo. La diferencia era que antes, frente a las críticas Macri dudaba y en muchos casos se echó atrás. Sus amigos dicen que de eso ya no más.
Es que el jefe de Gobierno había prometido a sus acólitos que se venían los dos mejores años de gestión pero resultó que arrancaron muy parecidos a los dos años malos. Para peor, Francisco de Narváez ya transparentó sus intenciones de disputarle el cetro del Silvio Berlusconi criollo y en las fotos se lo ve cada vez más rubio y sonriente mientras que Macri aparece cada vez más serio y canoso. Así que en la Jefatura de Gobierno aseguran que esta semana Macri inició un camino sin vuelta atrás y que vendrán más iniciativas en la misma dirección. Cartoneros, sin techo, travestis y demás mafias por el estilo, a prepararse.
Left

El centroizquierda no kirchnerista resolvió de distintas formas su posicionamiento frente al Gobierno. Hay un sector que encabezan el diputado Martín Sabbatella y la línea de la CTA de Hugo Yasky que no tiene complejos en reconocer cuando está de acuerdo con una iniciativa oficial por más resistencias que genere. Sucedió con la Resolución 125 y se repite ahora, con la utilización de las reservas para pagar la deuda.
En cambio, el bloque de Pino Solanas y los alineados en la CTA con Víctor De Gennaro y Claudio Lozano consideran que nada que pueda venir de este Gobierno es bueno y desde allí basan su construcción política. Respecto del pago de la deuda, eligieron un desvío: sostienen que antes que pagar se debe investigar cuál parte de la deuda es legítima, un planteo que se había dado años atrás y la clase política había cerrado con los sucesivos canjes de bonos.

Esta semana este grupo organizó una movilización al Congreso a la que se sumaron desde el GEN de Margarita Stolbizer hasta varias agrupaciones de la izquierda más dura como el MST y la Corriente Clasista y Combativa. El Partido Obrero dijo que no porque le vetaron orador y consigna. Aunque pueda parecer un arco heterogéneo, estas agrupaciones ya coincidieron en el apoyo a las entidades ruralistas durante la discusión por la 125, lo que muestra los bandazos a los que los lleva a veces buscarle el punto al Gobierno.
Micrófono en mano, Solanas dijo que el pago de la deuda le daba “asco”. “No vamos a pagar nada”, había proclamado Vilma Ripoll. ¿Nace un frente “amplio”? El acercamiento no parece el más recomendable frente a la casquivana clase media porteña, donde Solanas mantiene buena imagen y se mantiene en un potencial aspirante a la jefatura de la ciudad. “Es que veníamos juntos de la audiencia pública que se hizo en el Congreso por este mismo tema”, explicaban cerca de Pino. “Es cierto que por ahí no fue lo más prudente mostrarnos en el mismo escenario y no lo digo únicamente por motivos de conveniencia, es que no pensamos lo mismo”, agregaba.

Closet
Frente a una oposición mayoritaria cada vez más derechizada, el oficialismo imagina avanzar en una agenda parlamentaria de corte progresista que le permita reencontrarse con aquellos sectores transversales que supieron en algún momento tenerle simpatía y que, imaginan, ahora se encuentran sin rumbo fijo. El matrimonio gay, autorización del aborto en casos de riesgo para la salud o violación y la reforma a la Ley de Entidades Financieras para darle una nueva dirección al crédito, están en carpeta.
La discusión, sin embargo, no será sencilla. En el kirchnerismo reconocen que no están todos de acuerdo con las iniciativas. Incluso, la Presidenta se manifestó públicamente contra el aborto. “Pero vamos a impulsarlas”, prometían en la jefatura de los bloques oficialistas.
Ante el embrollo en el que cayó el Congreso en las últimas semanas, a propósito de la utilización de las reservas y los sucesivos recursos judiciales –que promete continuar “recargado” a partir del lunes–, no estaría mal la apertura de un debate franco sobre temas que “la gente” pueda sentir más próximos a sus preocupaciones. Las discusiones seguramente dividirán internamente los bloques, transparentando las diferencias de criterios entre sus integrantes. Ante el hecho concreto, estar más a la derecha o más a la izquierda debería abandonar el terreno de la mera especulación de marketing electoral para dar paso a las convicciones.

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