martes, 13 de abril de 2010

“En Haití conozco familias que sin tener nada, se juntan para compartir la pobreza”

Diario La Mañana 13/04/2010

La médica formoseña recibida en Cuba Sandra Leticia Ibarra, de 25 años, trabaja desde hace dos meses junto a un grupo que profesionales que brinda ayuda médica en los barrios más castigados por el terremoto de Haití.


En sus pocos tiempos libres, se contacta con La Mañana para relatar crudas experiencias pero también para admirar y dar rienda suelta a la admiración que genera ver a un pueblo que después de quedar completamente destruido, intenta nuevamente ponerse de pie.


“En medio de tanta destrucción y muerte, florecen la honradez y las ganas de vivir de todo un pueblo. El terremoto de Haití no pudo destruir la alegría y la capacidad de dar de las personas humildes”, sostiene Ibarra.

El 12 de enero, Haití quedó completamente destruido como resultado de un sismo de 7.3 en la escala Richter y provocó más de 200.000 muertos.

Dejó a más de un millón de individuos sin abrigo y provocó el desplazamiento de más de 500.000 a distritos vecinos de la capital. Ocurrió por la tarde y tuvo su epicentro a unos 15 kilómetros (10 millas) al poniente de Puerto Príncipe, a una profundidad de 8 kilómetros (5 millas).


“En estos dos meses viviendo en Haití, descubrí un país con mucha vida, a pesar de la tragedia que se ensaña con hacer reinado aquí. Mi primer impacto al tener más contacto con la sociedad y su gente fue la honradez de su pueblo. En Haití conozco personas nobles, tan nobles que duele cuando a veces bajan la cabeza frente a prepotentes hombres blancos; y dicen que la esclavitud se ha abolido. Aquí he conocido de familias que sin tener nada y viviendo bajo telas en los parques, se juntan para compartir la miseria, la pobreza extrema. He sabido de haitianos que se desviven para que nuestros días en su tierra sean felices a pesar de la tragedia que vivieron en enero y de los sufrimientos que siguen padeciendo en el día a día. Todavía me sorprendo cuando son sonrisas, guiños y apretones de manos sinceros los que nos reciben en los campamentos donde viven miles en la desesperanza o hasta en el hospital de “Santa Teresa”, en la comuna de Hinche, luego de salvarles la vida a un familiar o simplemente asistir a un parto”, expresa la médica.

Dice que Haití es mucho más que el desastre después del terremoto y la tragedia de su gente. “Es además su dialecto, que lo hace el más singular en el mundo, esa mezcla de francés (idioma oficial) con lenguas africanas, con español, inglés... que llaman creole, y que marca la frontera entre ricos y pobres. Porque mientras más afrancesado hable un haitiano, más instrucción y dinero debe poseer. Es también el arte naif que muestran los cuadros colgados en las plazas y que descubren colores brillantes, un agudizado sentido del humor, los exuberantes paisajes, la evocación de un país feliz... y el espectacular movimiento de los cuerpos de parejas danzando el codiciado compa, deseando muchas veces contar con la soltura de aquellos cuerpos, viéndolos disfrutar hasta el cansancio en cualquier esquina o plaza”, afirma.


Realidad desgarradora



Si bien está lejos de su tierra natal, recordó que días atrás Formosa cumplió sus 131 años de fundación, fecha que la encuentra en Hinche, comunidad haitiana donde se vivencian experiencias crudas, llenas de una realidad desgarradora.


“Lo cierto es que aún se observan los reflejos de una sociedad sosegada, abandonada, olvidada por su propio Estado (desde hace mucho tiempo) y que experimenta hoy la más terrible consecuencia de un sistema de salud en decadencia, que afecta directamente a la población, desde sus ancianos hasta sus niños y embarazadas. Estos resultados se confirman con tasas reconocidas internacionalmente. Es que este es un país donde la mortalidad infantil supera los 80 fallecidos por cada mil nacidos vivos, donde la esperanza de vida no llega a los 60 años y donde decenas de miles de personas mueren por enfermedades como la tuberculosis, la malaria, el dengue. A esto se sumarán los centenares de casos de gestantes que fallecen por no presentar seguimiento prenatal asegurado por el Estado”, remarca.


El sábado 27 de marzo, se firmó el memorándum de entendimiento entre los gobiernos de Cuba, Brasil y Haití. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en Haití la proporción de médicos y enfermeros por cada 10.000 habitantes es de dos y menos de uno, respectivamente. La OPS calcula, además, que cerca del 80% de los equipos de las instituciones públicas de salud se encuentran defectuosos o fuera de uso.

“Para sanar las heridas de este sistema sanitario, en extremo lastrado, se unieron Cuba y Brasil. En este sentido, ponemos todos y cada uno de nosotros, desde nuestra posición de médicos y colaboradores internacionalistas, en esta reconstrucción, aportando nuestro apoyo incondicional a una sociedad más justa y equitativa, que aunque -creemos- demorará tiempo en lograrse, no será imposible, con un pueblo lleno de vida y fuerza, que se evidencian en las sonrisas que sus niños expresan aun después de semejante catástrofe, muchos huérfanos de padre y madre, habiendo quedado completamente solos. Es un hecho el traslado de doctores, enfermeras, rehabilitadores y equipos médicos cubanos hacia zonas bien intrincadas para formar parte de la cotidianeidad de la brigada médica cubana en Haití, la que desde un inicio entendió que la ayuda brindada a pocas horas del temblor de tierra que pretendió borrar a Puerto Príncipe no podía quedarse ahí. Por eso ahora los pobladores de sitios como Port Salut, Lasil, Corail o Hinche, se muestran agradecidos cuando ven llegar la presencia de los médicos y ayuda humanitaria. Este es el Haití lleno de vida, de gente, de historia, de colores, de música... que descubren mis ojos. El que duele más mientras más lo conoces. Ese que ni aun las despiadadas sacudidas de la tierra logran borrar. Ese al que tender una mano deviene obligación, en medio de un mundo supuestamente civilizado”, describe.

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