lunes, 12 de abril de 2010

El golpe más duro al monopolio

Los abogados de Noble no complieron con las formas. Tampoco lo hizo la jueza que otorgó la adopción de Felipe y Marcela. El desprecio por la legalidad es parte de la impunidad de un grupo poderoso.

Por Eduardo Anguita

eanguita@miradasalsur.com

El fallo fue unánime. Tres camaristas del tribunal de Casación, Guillermo Yacobucci, Luis García y Gustavo Mitchell rechazaron por “inadmisible” la apelación que habían hecho los abogados de Clarín, Jorge Anzorreguy y Horacio Silva. Era una audiencia pública donde podían asistir los medios de comunicación. El mediodía del viernes era radiante y la sala en Comodoro Py tenía caras tensas tanto por el lado de los representantes de Ernestina Herrera de Noble como de los abogados de Abuelas de Plaza de Mayo. Ocho años de demoras y chicanas judiciales acompañadas de fuerte lobby político. Demasiado para la innoble tarea de evitar que se conozca la identidad de dos personas que ya tienen 34 años.

Mitchell y Yacobucci –García prefirió no asistir– no miraron a Anzorreguy y a Silva cuando en la lectura de la sentencia les advertían que “carecían de representación” para abogar por Felipe y Marcela Noble Herrera. Aunque parezca insólito, las firmas de ambos no estaban estampadas en el escrito de ellos. Es decir, los interesados no tienen entidad propia en un proceso que los involucra entera y solamente a ellos. La identidad es esencial para la construcción de la subjetividad. A ellos los ningunearon a la hora de presentar el planteo judicial o, acaso, ¿alguno de ellos no quiso firmar?


Anzorreguy y Silva son abogados de Ernestina –la posible apropiadora– y, a la vez, de Felipe y Marcela –los posibles apropiados–. Los camaristas no sólo rechazaron las pretensiones de los letrados. Además ordenaron que un juez federal investigue esa incompatibilidad porque constituye prevaricato. Los camaristas fueron un paso más que los puso muy incómodos: el juez federal deberá notificar al Colegio Público de Abogados de esa irregularidad. Una manera –inesperada– de advertirles que su conducta los pone ante una especie de tribunal de disciplina y que podría llevarlos a que les suspendan o les quiten la matrícula.


La impunidad de ocho años, desde que Conrado Bergesio tomó la causa, parece haber dado un giro inesperado. ¿Cómo ellos? ¿Si los antecedentes de Mitchell, García y Yacobucci los acercan más a los represores que a las víctimas de la dictadura? Da la impresión de que, ese mediodía, se resquebrajó un trozo del muro de impunidad de Clarín. La voz metálica de los jueces, entre tanto tecnicismo jurídico, impedía a los legos entender adónde iban. Los que estaban sentados sumaron ansiedad hasta que se escuchó la parte resolutiva. Fue tan clara que los esfuerzos de los patrocinantes de Ernestina (que dicen defender a Felipe y Marcela) por disimular no alcanzaron para nada.


Es cierto que los abogados de Clarín son batalladores de juzgados y especialistas en imponer el poderío del grupo. Pero esta sentencia los dejó golpeados. Ahora tienen pocas variantes judiciales. Pueden apelar ante la Corte Suprema a través de la misma Cámara de Casación. En la edición de ayer de La Nación, el periodista y abogado Adrián Ventura aventura que “van a apelar” en nombre de Felipe y Marcela. Sin embargo, la resolución de Casación fue tan contundente que es probable que ese tribunal no le dé curso a la apelación y los letrados deban ir “en queja”. Eso los deja solos. Desnudos en el intento de tapar lo que a esta altura parece un hecho aberrante. Cuanto menos, está a la vista que un grupo mediático cierra filas para que su dueña evite que se sepa la verdadera identidad de sus hijos. Lo más probable es que en poco tiempo se sepa quiénes fueron los padres biológicos de Felipe y Marcela y se avance un paso más en saber cómo fueron los tratos entre los dictadores y la dueña de Clarín.

El juez Conrado Bergesio ahora tiene la pelota en su campo. La semana próxima debería ordenar que las muestras de ADN de Felipe y Marcela sean analizadas en el Banco Nacional de Datos Genéticos, donde él ya las había enviado para que se iniciaran los estudios. Bergesio no mandó las muestras por propia voluntad sino por orden expresa de la Sala I de la Cámara Federal de San Martín. Vale la pena recordar que los letrados de la viuda de Noble recurrieron a la Cámara de Casación para neutralizar a los camaristas. Los abogados de Abuelas estaban prevenidos de que Anzorreguy y Silva tenían la idea de recusar a la Sala I para que la causa pasara a la Sala II, permeable a sus influencias. Pero, ahora, con el inesperado fallo de Casación, el círculo se va cerrando.

Las muestras genéticas, según dicen los mismos abogados querellantes, deben estar en buen estado de conservación. Es decir, no degeneraron las partículas de ADN que están en manos de los genetistas del Hospital Durand. Y las Abuelas confían en esos especialistas. De modo que si alguna de las muestras no sirviera, en el laboratorio lo detectarán. Las posibilidades de intrigas o trampas no parecen estar en el escenario real. En menos de dos meses, si Bergesio da la orden, se podrá determinar la verdadera identidad biológica de estas dos personas.

1976. La historia oficial arrancó 34 años atrás. Sin que Ernestina Herrera de Noble hubiera realizado ningún trámite para adoptar un hijo, una jueza de Menores le entregó primero la guarda y luego la adopción plena de dos criaturas de pocos meses. Esa irregularidad no es nada cotejada con los relatos insólitos que constan en los expedientes de adopción de Felipe y Marcela. Esos expedientes, completos, están en el juzgado Federal de San Isidro y son reveladores del desinterés por consignar una historia que, al menos, resultara verosímil. El desinterés por cubrir las formalidades es una marca de poderío. Pero no es lo mismo durante la dictadura que en esta democracia que no quiere más la tutela del monopolio Clarín.

El 13 de mayo de 1976, Herrera de Noble se presentó ante la jueza de Menores de San Isidro Ofelia Hejt con una beba. Le dijo que la había encontrado 11 días antes en una caja abandonada en la puerta de su casa de San Isidro. Su principal testigo era “el cuidador de la casa de la vecina”. Cuando, en 2001, el juez Roberto Marquevich tomó declaración a Roberto Antonio García –es decir, 25 años después–, éste no tuvo empacho en aclarar que nunca cuidó ninguna casa lindera a la de la dueña de Clarín pero que en cambio revistó durante cuatro décadas como empleado del grupo. Era uno de los choferes.

Dos meses más tarde, el 7 de julio de 1976 y ante el mismo juzgado, apareció otra mujer, no Ernestina. La que llegaba al despacho de Hejt dijo llamarse Carmen Luisa Delta y ser madre soltera del bebé de tres meses que llevaba en brazos. Argumentó que no podía mantenerlo y se retiró sin que la jueza corroborara su nombre y el número de documento de identidad que le dejaba. Según consta en el expediente de Hejt, los datos de la señora eran completamente falsos. Aclaremos: en plena dictadura, una madre pobre llegaba a los tribunales exclusivos de San Isidro y tenía la osadía de simular identidad. Si algo más resulta absurdo es que ese mismo 7 de julio se presentó en el juzgado de Hejt nada menos que ¡Ernestina Herrera de Noble! La jueza, sin dudarlo, le dio el varoncito a la dueña de Clarín.

Pasados tantos años todavía es un misterio si Felipe y Marcela escucharon o leyeron esta leyenda judicial que les deja un vacío de identidad completo. Se sabe poco de sus vidas. Marcela, por caso, trabaja para el multimedio. Figura como “adscripta a la dirección de asuntos corporativos” (¿Qué es ser adscripto? ¿Ser un agregado? ¿Ser uno que adhiere?) mientras que antes se dedicaba a la “organización de eventos” (algo tan genérico que puede ser comprar los chips para un cocktail o bien ocuparse de las fiestas de becarios de Clarín). Nunca habla. Apenas unos meses atrás, acompañó a los directivos de Clarín a la reunión que realizó la Sociedad Interamericana de Prensa en Buenos Aires. Un “evento” destinado a criticar al Gobierno argentino y a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual votada por el Congreso nacional. En cuanto a Felipe, en diciembre del año pasado contrajo matrimonio. Una fiesta supercustodiada en el Jockey Club de San Isidro y unas pocas fotos sociales. Lo que sí se sabe es que en junio nacerá Mora, la hija de Felipe y su esposa. Así decidieron llamarla. Nacerá en junio. Quizá Felipe tenga la oportunidad de saber de quiénes es nieta su hija para ese entonces.
Miradas al Sur
El Ortiba

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