lunes, 25 de julio de 2011

ORLANDO BARONE: "LA FAMA ES PURO CUENTO"

Por Orlando Barone*

“Todo es posible”, se suele decir para tratar de justificar, sin necesidad de razonamientos, algún hecho impensado o increíble. La provincia de Santa Fe el domingo 24 de julio tuvo un fundado argumento para convertir aquella muletilla filosófica y bartolera en una demostración empírica. Sí, todo es posible. Y Miguel del Sel es el nombre de ese argumento.
 
Durante años de actividad artística, sea como comediante o humorista, acompañado o solo llenó teatros y levantó ratings; ahora acaba de llenar las urnas electorales con una masiva cosecha de votos.
 
A veces“La fama no es puro cuento”, como rima aquel melancólico tango “Mi vieja viola”. Al contrario: la fama es un capital que en la democracia argentina- como en otros tantos lugares del planeta- puede rendir pingües y cuantiosos beneficios políticos. Del Sel es la prueba reciente.
 
Y no es que no haya antecedentes de igual o aún mayor influencia histórica. Ramón Palito Ortega, es por vínculo del género espectáculo, quien más podría comparársele salvando las diferencias de época y de fama. Y de balances. El de Del Sel todavía es una aventura, Ortega ya cerró el suyo desbalanceado, retornando a sus fuentes.
 
Pero lo extraordinario del caso del comediante respecto del caso del cantautor, es que mientras este fue consagrado en un tiempo de licuación del desguace político, Del Sel impone su “no” militancia y su abstención  ideológica paradójicamente cuanto más arden la militancia y la política.
 
Y cuanto más se confrontan ideas y modelos entre Carta Abierta y los Medios dominantes, entre La Cámpora y los soltadores de globos, entre el trabajo y la renta, entre la distribución y la concentración y entre Tecnópolis y la Exposición de La Rural.
 
Para no decir entre las derechas y las izquierdas; y entre los progresismos que se cuelan en la liga después que el Gobierno Nacional instaló el progresismo librando a solas sus batallas y sin contar con el apoyo de ninguno de esos progresismos, algunos de los cuales fueron y son más enemigos que la propia derecha.
 
Del Sel es un fenómeno desde este punto de vista retrospectivo, inusitadamente nostálgico de otro tiempo. Una especie de anacronismo que salido del archivo luce, otra vez, animosamente fresco.
 
Y un fenómeno que permite entender que la fama en determinadas situaciones geosociales adquiere una influencia inversamente proporcional a la que debería tener su carencia de historia en la disciplina que ahora ejerce.
 
Algo así como si en pleno debate de pensamientos ardorosamente políticos se impusiera un no pensador que solamente expresara voluntad y esperanza,  e ignorancia con deseos.
 
Santa Fe no es un exotismo de interpretaciones psíquicas. Porque desde esta perspectiva toda la Argentina y el planeta entero justificarían ese diagnóstico. Del Sel no alcanzó a ganar pero igual gana. Mientras el gobierno de Binner no recibió tanta adhesión campestre por sus merecimientos, tras haber votado a favor del “Campo” aquella vez “no positiva”.
 
Y Agustín Rossi quedó lejos. Su pyshique du rol no da para el juego de abalorios del Pro.  Tampoco para competir con un socialismo liberal que juega al desapasionamiento, pero que  pone su pasión fuera del progresismo.
 
La fama no es puro cuento. Y la democracia no la excluye: la incorpora como un mérito. Hay zonas misteriosas en los humanos. La nostalgia suele desacertar y sublimar recuerdos irrecordables.  Muchos al votar insisten en volver al lugar de los sueños perdidos. No miden la posibilidad de volver a perderlos. Y eso no se puede prever ni prohibir.
 
Además que se suele desconocer la influencia de esos estímulos internos que mueven a un voto más allá de la razón o del instinto.
 
Lo único cierto, es que esta obra protagonizada por Del Sel es un éxito fuera de época. Remozada en su puesta, no en sus argumentos, también tiene éxito en la ciudad autónoma. Aunque el protagonista es otro. Pero ambos pertenecen a la misma escuela interpretativa. Nada de dramatismo: entretenimiento puro. Diálogos simples y expresiones festivas. El público al que convocan no está para densidades sino para superficies. Y con espíritu reminiscente.
 
Pocos imaginaban que la nostalgia, con baile y expresión corporal, iba a atraer tanto público.
 
Las modas, aún pasajeras, dejan siempre un retrato temporal de los pueblos.
 
Santa Fe quiso tener el suyo. Y en octubre lo tendrá toda la Argentina.
 
Ahí las modas ya no juegan; jugará otra vez la política. Y retratará a quien más hizo para reivindicarla contra tantos que insisten en entregarla.
 
El retrato grande será el de Cristina.(Télam) 

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