martes, 24 de mayo de 2011

SAN MARTIN Y LA REVOLUCION DE MAYO

Por Maximiliano Molocznik*

Hoy, como hace doscientos años, soplan en nuestra América vientos de liberación. Muchas batallas culturales por la disputa del  sentido están en marcha. Sin embargo, aun nos queda la pelea de fondo contra la hegemonía de la historiografía liberal. 

Esta es la que se ha dedicado a horadar y esmerilar los perfiles más revolucionarios de la vida del General San Martín. Por eso no acepta la relación directa y de continuidad que hay entre la lucha de San Martín y los ideales emancipatorios de mayo. 

Los amanuenses de la historia oficial han caracterizado a la Revolución de Mayo como un proceso  separatista, independentista y  antiespañol vinculado a la lucha por el comercio libre y cuyos actores principales fueron los cabildos y las elites. 

Estos "arrastraron" como subalternas a las clases populares que tuvieron muy poca participación. Esta  explicación tiene una debilidad estructural insoslayable: ¿por qué retorna San Martín?,  ¿por qué un oficial español de alta graduación participa en una revolución antiespañola? Tanto el liberalismo en sus distintas
variantes (Mitre, Salas, Ricardo Rojas, José Cosmeli Ibáñez) como el nacionalismo reduccionista (Pepe Rosa) explican su retorno, en  1812, por el "llamado de las fuerzas telúricas".

Es decir que San Martín habría sido presa de un ataque de  nostalgia en Cádiz que lo habría hecho desear el retorno al terruño  abandonado cuando niño. Ridículo.

Otros investigadores como Ricardo Piccirili y Enrique de  Gandía abonan las teorías conspirativas presentando el retorno como parte de su labor como agente inglés y napoleónico, respectivamente.

Terragno, mejor rumbeado a la hora de entender el retorno de San Martín en el marco de su lucha antiabsolutista, termina deudor del mitrismo abonando también la tesis del agente inglés.

Patricia Pascuali (el mitrismo más sofisticado y  evolucionado) ha propuesto una explicación más elaborada: San  Martín vuelve porque sabe que en España no llegará a general por  indiano e innoble. Es decir, el Padre de la Patria sería, bajo esta óptica, un  ambicioso individualista. 

Frente a este conjunto de opiniones tan sesgadas e inverosímiles nosotros creemos -junto al viejo Alberdi,
Manuel Ugarte, José León Suárez, Enrique del Valle Iberlucea y Enrique Rivera- que San Martín retorna porque es un liberal revolucionario hispanoamericano que viene a continuar en América la lucha antiabsolutista que ya no puede dar en la España derrotada  por Napoleón.

Veamos algunos argumentos: San Martín incorpora a los morenistas a la Logia Lautaro, pide que se exprese la voluntad popular luego del movimiento del 8 de octubre de 1812, no apoya la constitución de 1812 por la baja representación otorgada a los  diputados americanos.

Al igual que Moreno ve en Artigas un aliado para profundizar  la revolución. Pese a ser un militar de carrera apoya -por su contenido popular- la guerra de guerrillas en Salta con Güemes y Pedro José Saravia y a Álvarez de Arenales en el Alto Perú. 

Como gobernador de Cuyo realiza una gestión progresista que,  en su aspecto económico, parece seguir punto por punto el Plan de  Operaciones de Mariano Moreno.

Como protector del Perú elimina la servidumbre de los indios,  declara la abolición de la esclavitud y de la Inquisición, pone fin  a los castigos corporales, decreta la libertad de expresión y la  instrucción pública, todo esto frente al odio de la oligarquía limeña y de la Iglesia Católica que lo acusan de déspota y expropiador.

En síntesis, debemos asumir la necesidad de relanzar la  polémica historiográfica: San Martín todavía tiene mucho que  aportar a la lucha política del presente. Pero cuidado, estemos  atentos. Las clases dominantes tratarán de impedir la concreción de este proyecto dando batalla en todos los frentes.  Uno de ellos es el relato histórico ya que necesitan una  versión legitimada del pasado para fundamentar la opresión del
presente. Todo el discurso oficial sobre San Martín es el discurso del poder. Un discurso hegemónico que debemos desarticular.  

Haciéndolo recuperaremos la certeza de que una América Latina  políticamente unida y libre, económicamente emancipada y con justicia social es posible.(Télam).

* Centro ultural Enrique Santos Discépolo.


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