sábado, 24 de diciembre de 2011

JUAN EDUARDO LENSCAK: La buena nueva


Por Juan Eduardo Lenscak

La ciudad se llenó de pesebres, arbolitos navideños y escaparates con muérdagos, luces y campanillas, expresando una tradición ancestral de celebración al nacimiento, a la buena nueva, a un cambio de paradigma, a una forma armónica de convivir que aspiramos lograr, desde lo más profundo, todos los seres humanos.

Y como en aquella arquetípica navidad, también hoy existen los Herodes que hicieron desaparecer a una generación de primogénitos; un imperio dispuesto a mantener sus privilegios;  escribas y fariseos que olvidaron sus orígenes siendo funcionales al imperio, y sobre todo, la proliferación de los mercaderes del templo. Masificación que ha convertido al mercado  en un gran templo contemporáneo.

Las noticias sobre los avatares del dólar y del euro en los países del norte, provocando rebeliones plebeyas en el corazón mismo de los dominios del César, nos da la pauta de la vigencia de un profundo sentido de explotación, aún vigente y acechante.  Fue la propia Presidenta quien denunció que hubo cinco corridas bancarias para desestabilizar el actual gobierno, que felizmente fueron sofocadas. Conociendo la lógica del imperio, y sin ser entendido en cuestiones macroeconòmicas ¿quien puede dudar que no las hubo?.

Pensar que vivimos en democracia, que la lluvia de votos garantiza seguridad para los màs humildes favorecidos por polìticas de inclusión, cuando el imperio asesina a un presidente como Kadafi,  y revolotea por el continente africano como lo hizo en paises asiáticos ricos en petròleo, serìa algo asì como entender que la navidad es solo un cuento de reyes magos. Los marines se van de Irak, pero entran en otros paises. Los capitales buitres no dejan de revolotear desde lo alto buscando su presa para quitarle primero, nada menos que sus ojos.

Pensar que en nuestro país, después de lo que hemos sufrido, con solo hecho de elegir gobernantes basta y es suficiente, no solo serìa una ingenuidad, sino algo parecido a suicidio. Entender que  el haber comenzado a incluir a los que nacen en los pesebres de la periferia significa agotar la navidad, ya no serìa ingenuidad, sino pecar de necio. Hay Herodes sueltos, a pesar de estar procesados por delitos de lesa humanidad; Barrabás ovacionados por escribas y fariseos que manejan monoplicamente los medios de comunicación social; y varios Poncio Pilatos lavándose las manos de su participación en la dictadura, para seguir en funciones de gobierno en la gestión actual. 

La navidad, ayer como hoy, es la victoria de un paradigma de vida, sobre el paradigma de la explotaciòn y de la muerte. Y los argentinos, como aquellos humildes pastores, trabajadores diríamos hoy,  rurales y urbanos, nos congregamos a celebrar esa victoria de la vida. Acompañados por una estrella latinoamericana que marca el camino para la celebración con todos los trabajadores, que ofrecen los atributos del poder –el oro, el incienso y la mirra- a este nuevo proceso de crecimiento con inclusión social que nace desde los pesebres, muy a pesar del imperio, de sus matanzas y crueldades.

Hay motivo de celebración para los trabajadores. Para sumarnos en coro navideño a festejar por un nuevo estatuto del peón, que deja de lado la normativa impuesta por el gobierno de facto cívico militar del 55, y mantenido hasta la fecha. ¿No es acaso una buena noticia para los trabajadores rurales recuperar beneficios laborales obtenidos durante el primer gobierno de Perón y conculcados por las sucesivas dictaduras y gobiernos neoliberales? Medio siglo de despojo de derechos laborales son motivo más que suficiente para entender lo que significa esta novedad, y darle la categoría de muy buena noticia.

¡Qué decir de la ley que declara de interés público la producción y distribución de papel prensa! Desarma a escribas y fariseos cooptados por el imperio para dar lugar a todos los escribas y defensores de la ley que no hay perdido el sentido original de su responsabilidad social para que comuniquen y defiendan la buena nueva… y Barrabás no vuelva a ganar elecciones, ni Poncio Pilatos se lave tan hipócritamente las manos cuando se crucifica a los inocentes.

En nuestra provincia, también alumbra la estrella de un Belén liberador. Se jubila un emblema de la dictadura reciclado en democracia nada menos que como máximo doctor de la ley; y si bien quedan otros como él con mucho poder aún, los primogénitos no tendrán que vivir en la clandestinidad para sobrevivir, ni tendrán que vender su dignidad por un plato de lentejas.

También hemos protagonizado sucesos novedosos y auspiciosos para los trabajadores. Meses antes que la Presidenta anunciara topes para los intereses aplicados a los créditos otorgados a los jubilados, en Formosa se había hecho lo propio con todos los empréstitos buitres que carroñeaban a los estatales con intereses usurarios, y descuentos sin tope de sus ingresos gracias a la bancarización del sistema. ¿Cómo no alegrarnos los trabajadores en actividad y jubilados con la posibilidad de poder utilizar libremente la casi totalidad de nuestro salario? ¿Cómo no alegrarnos cuando se comienza a poner coto a la voracidad de quienes hasta ayer mantenían acorralados a su arbitrio los salarios de los trabajadores? Hay motivos para brindar.

La reciente creación del Instituto Pedagógico Provincial también aparece como una muy buena noticia. La corrupción del escalafón dirigencial docente por acumulación de puntajes y supuestos méritos por la presentación de certificados de cursos arancelados, donde la lógica de la recaudación prevalece sobre las necesidades pedagógicas reales, parece tener la misma suerte de Herodes, que no pudo evitar el nacimiento de una nueva institución pedagógica, formadora de formadores, centrada en el paradigma de la “justicia social”. Enclavada en corazón de la periferia, con todo el oro, el incienso y la mirra que pueda imaginarse para solventar semejante infraestructura, y con servicios totalmente gratuitos.

 ¿Cómo no brindar en esta navidad? ¿Cómo no festejar estas buenas noticias? ¿Cómo no estar esperanzados?

Es cierto que el nacimiento de hoy puede culminar en una nueva crucifixión mañana; que los huevos de la serpiente anidan en nuestro medio; que existe una crisis internacional promotora de mayor voracidad en los buitres de las finanzas; que hay vino nuevo en odres viejos… pero que estamos protagonizando un parto continental, es casi una verdad de perogrullo para los trabajadores.  Y resuenan como una profecía aquellas palabras de Fidel Castro, fuente de inspiración para ideólogos del peronismo como  Willam Cooke,  cuando decía : “Nosotros consideramos que este continente tiene en su vientre una criatura que se llama revolución. Que viene en camino y que inexorablemente por ley biológica, por ley social y por ley de la historia tiene que nacer. Y nacerá de una forma o de otra. El parto será institucional, en un hospital, o será en una casa. Serán ilustres médicos o será la partera quien recoja la criatura pero de todas formas, habrá parto.”

Fidel no es católico, ni confeso creyente en religión alguna, como tampoco fueron sacristanes, ni feligreses obsecuentes de la oligarquía eclesiástica ni Perón ni Kirchner, pero cada uno a su manera supieron interpretar el profundo sentido cristiano de la navidad y del sentido trascendente de lo que significó y sigue significando el anuncio, para los trabajadores,  de una buena nueva.

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