sábado, 31 de julio de 2010

El duro oficio de oponerse


Pagina12

Por Raúl Dellatorre

Con una dosis de habilidad, mucha decisión acompañada de audacia, y algo de suerte, el Gobierno logró ir eludiendo los distintos obstáculos que la oposición y otros intereses le fueron presentando a la gestión económica, particularmente después de las legislativas de junio de 2009, con pobre cosecha para el oficialismo. Desde la batalla por el uso de las reservas para el pago de deuda, la conducción económica y política del país enfrentó algunas peleas que, en caso de haberles resultado desfavorables, podrían haber puesto en cuestionamiento la estrategia trazada, que trasciende las elecciones presidenciales de octubre de 2011. Y como le suele ocurrir cada vez con mayor frecuencia, las peleas centrales no se le dan al Gobierno de a una, sino varias en forma simultánea. Ahora es el turno de la pulseada por la política previsional, en la que el Gobierno enfrenta la presión por un piso de jubilaciones que se mueva a la par del salario mínimo, mientras que en paralelo se desarrolla un nuevo capítulo de la disputa con las entidades empresarias rurales por las retenciones a las exportaciones de granos. Lo que está en juego, en ambas, es nada menos que el andamiaje de recursos que le permitió al Gobierno, hasta aquí, mantener una política fuertemente activa para sostener el crecimiento y apuntalar el consumo.

No sería acertado ni demostrable decir que los planteos de la oposición responden siempre a un determinado proyecto, o que obedecen sistemáticamente a un único interés en particular. Si bien, en general, las trabas opositoras van de la mano de cierta protección a los beneficios de algunos grupos concentrados, otras veces pareciera ocurrir lo contrario. El planteo del 82 por ciento móvil para la jubilación mínima, en la mayoría de sus defensores, no cuenta ni siquiera con una propuesta de obtención de recursos para financiarlo. El único caso en que este complemento imprescindible aparece es en Proyecto Sur, que le apunta directamente al aumento de las cargas patronales como solución financiera. La sola mención de esta posibilidad despertó inquietud en las entidades patronales y fue suficiente para que se reconstituyera el Grupo de los Siete, las entidades tradicionales del establishment. No hubo pronunciamiento, pero nadie duda de que hubo contactos para evitar ese desenlace con referentes de la oposición estrechamente relacionados con el poder económico, tanto en la Coalición Cívica de Elisa Carrió (si aún no rompió), como en el PRO y el Peronismo Federal. Otra alternativa de financiamiento no apareció. En el oficialismo, en tanto, hay confianza en que la propuesta del 82 por ciento móvil no logrará ser aprobada en el Senado.

El propósito de eliminar las retenciones, que reaparece en el escenario por el vencimiento de las facultades delegadas al Ejecutivo, enfrenta un trámite igualmente complicado. Los desacuerdos en la Mesa de Enlace se trasladaron a la Alianza Cívica, donde Carrió aparece identificada con la Sociedad Rural y sectores del radicalismo y el socialismo se paran más cerca de Federación Agraria. Hoy, en su discurso de inauguración de la Exposición Rural, Hugo Biolcati buscará recomponer el frente opositor en base al único punto que los unifica: el endurecimiento del ataque al Gobierno. Corrupción y acumulación de poder serán las cartas que imagina como ganadoras el titular de la Sociedad Rural, como si ambos cargos no tuvieran nada que ver con su historia personal. Tan poco atinado de su parte, como cuando habla de su preocupación por la pobreza y el hambre.

No es casual que los principales obstáculos que parten de la oposición caigan en el terreno económico. Es el espacio en el que se juega buena parte de la suerte del oficialismo en las próximas elecciones, según entienden tanto en el Gobierno como en la oposición. Y los resultados económicos son los que, hasta ahora, van alimentando la ilusión del kirchnerismo.

Una muestra de ello son las proyecciones económicas que van marcando el grado creciente de confianza en una sólida recuperación. Si hay un rubro del que es imposible sospechar de simpatías con el Gobierno es el de las consultoras internacionales y agencias de calificación. Esta semana circularon en ámbitos bursátiles las estimaciones de crecimiento para lo que resta del año de la agencia estadounidense JP Morgan. Según esta consultora, el PBI real tendrá un crecimiento este año del 8,5 por ciento. Es la proyección más alta de las hechas públicas hasta el momento, aunque en privado más de un economista reconoce que los pronósticos se vienen corrigiendo hacia arriba constantemente. Más significativo es la secuencia de crecimiento trimestre a trimestre de JP Morgan. Midiendo cada uno de estos períodos respecto del mismo trimestre del año pasado, la agencia calificadora estima las siguientes tasas de crecimiento:

I Trimestre: 6,76% (dato del Indec)

II Trimestre: 8,0 %

III Trimestre: 9,3 %

IV Trimestre: 10,0 %

Esto es, una aceleración del crecimiento económico que ubicaría a la economía argentina hacia fin de año en los máximos niveles de crecimiento alcanzados después de la salida de la convertibilidad. Las proyecciones de JP Morgan fueron citadas en un informe que acaba de publicar Bullmarket Brokers Sociedad de Bolsa.

Acertado o no, el pronóstico de la consultora norteamericana marca el grado de confianza que hay en sectores privados y es consistente con algunos comportamientos que se vienen verificando tanto a nivel de consumo, como de inversión, producción y políticas de ingreso impulsadas desde el gobierno. La ministra de Industria, Débora Giorgi, señaló y puso en contexto varios datos que, aisladamente, fueron surgiendo en los últimos días. En declaraciones a la televisión pública, puntualizó:

- Tenemos un crecimiento industrial que ya no es sólo producto de la tracción estadística de dos o tres sectores (automotor, siderúrgico y algún otro), sino que se diversifica en ramas de la metalmecánica, textiles, metálicas básicas, caucho y plástico.

- Este crecimiento diversificado, que también se da en la producción agropecuaria, se refleja fundamentalmente en la creación de puestos de trabajo. En el último trimestre, hay en el mercado laboral 92 mil personas más que un año atrás, de los cuales 40 mil se incorporaron entre el último y el trimestre anterior.

- El aumento en las jubilaciones y las asignaciones por hijo a partir de septiembre generará un aumento en el consumo privado del 2,3 por ciento, especialmente en los rubros de alimentos y otros de primera necesidad. Para los empresarios, es una oportunidad de obtener mayor rentabilidad a partir de incrementar el volumen de producción. No hay razones para que la mayor demanda provoque suba de precios, estamos en un promedio de uso de capacidad instalada del 75 por ciento y si, a pesar de ello, “algún pícaro busca mayores ganancias sin arriesgarse a producir más, el Estado va a estar ahí para combatirlo”.

El marco económico actual revela que el Gobierno fue avanzando, sorteando obstáculos y apostando a políticas activas de ingresos e incentivos a la inversión. Contó a favor con que ninguno de los pronósticos apocalípticos de la oposición se cumplieron: no hubo que importar leche, trigo ni carne por la política agropecuaria, no se retrasaron las jubilaciones por el índice de movilidad votado en el Congreso, ni la población se quedó sin celulares ni notebooks accesibles por la ley que respaldó la producción en Tierra del Fuego y le subió impuestos a los importados. Hasta el proceso de recomposición del stock ganadero, que obligará a contar con menor oferta de carne vacuna por lo menos este año y el próximo, está pasando sin sobresaltos: ni escalada de precios ni pánico de consumidores. Sí, con un problema por cierres de plantas y disminución de tareas en frigoríficos, que está afectando al personal del sector por subsidios de la cartera laboral que no llegan con la premura necesaria.

La política, la que se maneja desde las filas opositoras, pretende imponer una lectura de la realidad diferente, que el gobierno no compró y que no le impidió seguir actuando sobre la otra realidad. La que se refleja en la macroeconomía y le está devolviendo resultados más que satisfactorios. Mejor así.

 La última cena

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