miércoles, 20 de octubre de 2010

CEFERINO REATO Y OTRAS YERBAS - Operando se conoce gente

Por Miguel Russo

El 25 de septiembre de 2008 se cumplían 35 años del asesinato de José Ignacio Rucci. Pocos días después, hace dos años exactos, en octubre de 2008, Ceferino Reato disfrutaba las mieles de encabezar la lista de best sellers de los diarios con su Operación Traviata. Y decía, exultante: “Montoneros no era una asociación no gubernamental que propiciaba la democracia, sino que era un proyecto de poder. Un grupo que quería tomar el poder lo más rápido posible y tenía una idea de qué hacer con eso. Según me dijeron Perdía y Villanueva y muchos de ellos, Montoneros creía que la revolución estaba a la vuelta de la esquina. Y me dijeron también, que varias veces, desde la cúpula, quisieron frenar esa idea. Eso es lo que trato de contar en el libro”.

El libro, subtitulado ¿Quién mató a Rucci?, abrió las puertas de par en par de las editoriales para muchos títulos que, bajo el rubro “investigación periodística”, parecen acercarse a otro ítem: “operación política”, que nunca se deja escuchar en voz alta en los pasillos de los grandes sellos. Para Reato, ese momento era el óptimo para tratar de abrir lo que fueron los ’70 pero, por supuesto, cambiando aquellos paradigmas esgrimidos en la cita mencionada y que el editor jefe de Perfil ubica en los postulados por Horacio Verbitsky. No fue en vano preguntarle en una entrevista a Reato si al cambiar los paradigmas sobre un asesinato cometido en 1973, no cambiaba la forma de ver los 35 años posteriores. El autor confirmó que se trataba sólo de una interpretación de los años ’70 y negó que cambiando los ’70 cambiaba toda la Argentina con el siguiente argumento: “Los Kirchner toman los ’70 como algo fundamental en su discurso. Cada vez más. Dicen ser los herederos de esa generación. Que son la voluntad virtuosa que va a concretar lo que esa generación no pudo o no le dejaron hacer. Pero me da la impresión de que sería interesante ver la complejidad de la generación y de la época. Todo eso derivó en una tragedia, en el terrorismo de Estado. Aquí murió un montón de gente, hubo torturas, bebés desaparecidos. Podemos seguir tratando de verla de manera maniquea, podemos seguir creyendo que la solución final es juzgar a todos los militares”.


La puerta estaba abierta. Y por si quedaban dudas, Reato las disipaba. En aquel libro aparecían, sin demasiado sentido, pero con la certera descripción de las tareas desempeñadas en la actualidad, Carlos Kunkel, Julio Bárbaro, Nilda Garré, Néstor Kirchner y Cristina Fernández, entre otros. “Las referencias al kirchnerismo en el asesinato de Rucci son inevitables: ellos son símbolos de una generación. Y mucho de su activo político es haber pertenecido a esa generación. No es una crítica, sino una ubicación de los personajes de entonces que están ahora.” Como cualquier hijo de vecino que allá por los ’70 tenía la fortuna o la desgracia de estar entre los 0 y los 130 años o, mejor aún, como la prédica de otro bestsellero, Juan Bautista Yofre, que afirmaba en 2006 Nadie fue y un año después Fuimos todos. Bestsellero que (aprovechando ese ida y vuelta entre ambos autores), siguiendo la forma de reconocer a los personajes, fue designado al frente de la SIDE en 1989 por el entonces presidente Carlos Saúl I.


Mojar la galletita

Como si se tratara de la famosa magdalena de Proust, la traviata le hace recordar a Reato algunas cosas con relación a nada. De otro modo no se entiende bien, por más “pertenencia a una generación” zamarreada por el autor, que en un libro que investiga un asesinato a un líder sindical ocurrido tres décadas y media atrás, de arranque nomás (página 23), como para dejar blanco sobre negro una posición política, se lea: “El estilo político del kirchnerismo se basa en la división artificial del universo político en amigos y enemigos a través de asuntos que le aseguren la victoria en cada pulseada. (...) Es un estilo político elitista (pocos toman decisiones que afectan a muchos) y verticalista (de arriba hacia abajo) que muchas veces tiene un aire de familia con los aprietes de la cúpula de Montoneros, con esa táctica de tensar las cosas al límite, de forzar una opción de Todo o Nada, Patria o Muerte o bien, Nosotros o el Caos”.


“En ese marco –sigue Reato–, la Justicia corre el riesgo de transformarse en un ámbito para arreglar las cuentas del pasado, para mandar a prisión a los verdugos del Terrorismo de Estado y a sus cómplices y para proteger a los compañeros que abrazaron la lucha armada. ¿Un ejemplo? Cierto uso de una categoría jurídica en desarrollo en varios países, los delitos de lesa humanidad, que a veces parece invocada para encontrar en ella los elementos que, por un lado, sirvan para juzgar y castigar a los autores de graves violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura, y, por el otro, mantengan a salvo de la Justicia a los guerrilleros que secuestraron, mataron y colocaron bombas.”


Las editoriales, ante el éxito que pregonan los cinco o diez más vendidos de una lista que ningún lector lee ni atiende, comprendieron rápidamente el mensaje del mercado: ya había pasado el furor de los ’80 con la teoría de los dos demonios enarbolada por Ernesto Sabato en el prólogo al Nunca más. Ya había pasado el de los ’90, con el largo encolumnamiento de progres ante el reinado de la pizza con champán (por mencionar el título insignia de cuando era tan cómodo estar en la vereda de enfrente del que ostentaba el poder). Y ya había pasado el temblor 2001. Ahora había un nuevo discurso: el de la derecha (con el debido permiso para utilizar una antigualla como referencia ideológica) corriendo por izquierda. “Derechos humanos para todos.” ¿O, acaso –parecen preguntar–, hay terrorismo con coronita? La idea era volver a los ’70, embarrando la cancha, pero volver. Lo que vendía, dicho con todas las letras, era el poder que no hacía cara de asco ante los ’70. Había que escribir sobre eso. Y, de paso, cargar contra el que defendiera algo, por mínimo que sea, de aquellas utopías. Y todo servía para el caso.


Qué pasa, qué pasa, qué pasa General

El “yo no fui” Yofre volvió a la carga, entonces, con un nuevo libro: El escarmiento, pomposamente subtitulado “La ofensiva de Perón contra Cámpora y los Montoneros, 1973-1974”. Los Montoneros, por supuesto, eran el tema predilecto. Y nada mejor, para que no haya demasiada claridad, que endilgarle a Perón la derrota de toda organización revolucionaria, restando importancia a las órdenes extranjeras, a los consentimientos vernáculos y a la implementación de un proyecto económico que necesitaba muertos y silenciados y aterrorizados. Escribe Yofre: “Es sabido que los montoneros daban la impresión de ser militares frustrados. Que hubieran querido pasar bajo el arco de entrada del Colegio Militar de la Nación, en El Palomar, pero no pudieron. Algunos sí se graduaron en los liceos militares de la época. Pero como no eran oficiales en funciones, intentaron imitarlos: se fijaron grados, uniformes, códigos, reglamentos como los de aquellos a quienes combatían. Y como el Ejército Argentino tenía sus códigos y reglamentos y su ‘Biblia’, ellos, los montoneros, también se hicieron la suya en septiembre de 1973”.


En ese documento (al que según el autor “pocos han accedido y del que nadie parece tener copia”), alerta Yofre ciertas intentonas montoneras más peligrosas que una yarará: “Ese documento, si se quiere, sería el vademécum de las ideas recibidas en los campos de entrenamiento de la ‘perla del Caribe’ o de intelectuales del ‘nuevo peronismo’, el ‘revolucionario’, que proclamaba la ‘patria socialista’. También, entre los textos de lectura y debate, figuraba Los conceptos elementales del materialismo histórico, de Marta Harnecker, la socióloga chilena que tras su paso por el catolicismo se volcó de lleno en el marxismo-leninismo que irradiaba el proceso castrista. Tal sería su compromiso militante que, además, brindó su apoyo incondicional al gobierno de Salvador Allende Gossens, para terminar en Cuba casándose con Manuel Piñeiro Losada, el conocido “Barbarroja”, jefe del Departamento América del Comité Central del Partido Comunista Cubano, desde donde se daban directivas a todos los movimientos guerrilleros de América Latina y África portuguesa. Al enviudar en 1998, Harnecker se trasladó a Venezuela, donde se convirtió en asesora calificada del presidente Hugo Chávez Frías. Así, de un plumazo, se carga al marxismo, Cuba y Venezuela. Eso es puntería. Y, entonces, le apunta a Firmenich: “Mario Eduardo Firmenich viajó a la Unión Soviética en septiembre de 1974, llevado de la mano por la Inteligencia cubana. En el periplo se suscitó un inconveniente que fue salvado por hombres de Fidel Castro. Sus documentos falsos eran tan falsos que estuvo a punto de ser detenido en Praga. Falsos hasta el infinito, como la ‘Biblia’. A su vuelta dio una conferencia clandestina en una casa abandonada del barrio de Belgrano donde se reconoció ‘marxista leninista’. ¡Había encontrado su verdad! Verdad que estaba contenida, de manera solapada, en su ‘Biblia’. Lo espantoso no fue eso, sino el haber escondido su adscripción al comunismo a jóvenes seguidores que en su gran mayoría caían en nombre del peronismo. Una estafa sangrienta”.


Una estafa sangrienta, como la llama Yofre, pretendiendo desvanecer la lucha (muchas veces hasta la muerte) de miles y miles de personas que podrían tener muchos defectos, pero el de dejarse engañar no estaba entre ellos.


Como para emparentar peras y manzanas, allá por la página 365, Yofre no decae y, con el fondo de una Plaza de Mayo que marcó un quiebre en la historia, mezcla, ironiza con nombres y apellidos coincidentes, planta el “dijo” como una duda artera y toma para sí aquel viejo refrán de “a río revuelto”: “Cuando el animador Antonio Carrizo anunció que la vicepresidente coronaría entre veinticuatro princesas provinciales a la Reina Nacional del Trabajo, María Cristina Fernández (cualquier semejanza en nombre y apellido con una futura presidenta que dijo haberse ido de la plaza con su pareja en aquel histórico día es pura coincidencia), la Tendencia reclamó: ‘No queremos carnaval. Asamblea popular!’”.


Por la vuelta

Reato, no conforme con presidir aquellas listas de best sellers, volvió dispuesto a superarse con otra operación. Esta vez, Operación Primicia, donde negando centenares de estudios sobre el golpe de marzo de 1976, adjudica al frustrado intento de copamiento del Regimiento de Infantería de Monte 29, en Formosa, la decisión de tomar el poder por parte de Videla/Massera/Agosti/Martínez de Hoz y sus esbirros. De paso, carga contra las indemnizaciones que el Estado otorga a las víctimas de la dictadura y, en un final absolutamente indigno, predica: “La defensa de los derechos humanos nunca debió haber sido usada como una continuación de la lucha política por otros medios”.


Antes, no se priva de usar a José Pablo Feinmann para llevar agua a su molino de confusiones: “Yo siempre estuve en contra de los Montoneros. Yo y todos los de la revista Envido. Lo de Rucci (que ellos asumieron) fue imperdonable. Y luego esa guerrita sucia que libraron con la Triple A fue el preludio del golpe. Ahí sí que podría hablarse de los dos demonios. Porque en el ’75 los montos no representan a nadie, ya hubo un reflujo de masas decisivo, la pobre militancia juvenil se había ido a su casa y elaboraba la terrible derrota de sus mejores sueños, y estos imbéciles al mando del canalla de Firmenich salen a matar policías, a guerrear con los fachos de la Triple A y el país se vuelve un infierno. (...) La imbecilidad de Firmenich y la de Santucho era, en efecto, el ‘cuanto peor, mejor’. No eran originales, eh. Fanon había dicho lo mismo. Y el intocable Che, en el Mensaje a la Tricontinental, también, más otras barbaridades”.


Pero quizás el título honorífico se lo lleve quien supo embanderar una década con los cien mil ejemplares vendidos de su Pizza con champán. Como reza la solapa de su Cristina. De legisladora combativa a presidenta fashion, la trayectoria y el estilo mordaz de Sylvina Walger son una marca registrada en el periodismo argentino. No dice esa solapa que, en su trayectoria, supo sentarse a la mesa de Gerardo Sofovich en el dudoso honor de ser la única dama en la historia de ese programa. Pero ataca, Walger, como si una vieja deuda no le permitiera descansar: “Gente proclive a ganar socios más que amigos, la yunta que conforman los K no resistiría un interrogatorio en serio sobre algunos temas de los que, hasta el momento y protegidos por sus cargos y la Justicia, han logrado escapar. (...) Su logro más admirable es haber logrado acallar, además de dividir, las voces de las organizaciones de derechos humanos que tan poco tolerantes fueron en otras épocas mucho menos indecentes que el kirchnerato que nos tocó en suerte. (...) Por ahora, lo que le espera a la señora Fernández de Kirchner es la dura realidad: seguir presidiendo un país en el que su único rol es obedecer lo que le ordena un marido con el que desde hace ya mucho tiempo no la une más que una fortuna para dividir”.


Operaciones: Traviata, Primicia, Perón, Cristina, Montoneros. Detalles cruzados, nombres adosados con cinta scotch, patchwork de una historia que pasó por varias aproximaciones al tema derechos humanos y que ahora, como profetizó en su “Desencuentro” Cátulo Castillo, “no sabés que trole hay que tomar para seguir”.

El Argentino.com

Si había unos 3.000 guerrilleros ¿Por qué hay 30.000 desaparecidos? 

El periodista Ceferino Reato escribió el libro "Operación Primicia" en el que relata el ataque de Montoneros al Regimiento de Formosa y fue entrevistado por La Gaceta Literaria. En el reportaje, se señala que el ataque guerrillero es la causa por la cual los militares dan el golpe del 24 de Marzo de 1976.

Un lector de
eldiario24.com mantuvo un intercambio de mails con un amigo en el que hace un análisis de los hechos y agrega anécdotas de su paso por el servicio militar obligatorio de aquellos años.

A continuación, el mail escrito por Jorge Dietrich:


Querido amigo, gracias por enviarme la entrevista a Ceferino Reato (editor del diario Perfil y redactor del diario Clarín) en La Gaceta. No bien ví la referencia al Regimiento de Monte 29 de Formosa (Reato no menciona la palabra Infantería, que es lo que corresponde: RIMte 29), me trajo como un flash a la memoria mis pasos como soldado por el RIMte 30 en Apóstoles, Misiones.


Perdona si me abuso de tu paciencia, pero ya casi no me acordaba de aquellas vivencias que disparaste en mi memoria y que te pido me hagas el honor y las comparta contigo y con algunos amigos. Al final volveré a Ceferino Reato, por lo que puedes saltear mi relato si así te parece.


La primera vez que escuché RIMte 29, fue en la primera noche que pasé en el RIMte 30 luego de un día completo de viajar desde el RI 19 de Tucumán. Los soldados estábamos preparándonos para ir a "dormir", cuando un Sargento 1º me llamó desde un extremo de la "cuadra" de la Compañía "B" del RIMte 30. Su rostro era lo mas parecido al Inodoro Pereyra que ví en mi vida (le decían el "Mataco", pero no recuerdo su nombre). Allí me preguntó por lo sucedido en el RIMte 29, de lo cual no tenía yo la menor idea, ni siquiera que existiera, y eso le molestó mucho. Me ordenó "Firmeee" y se paró y dió una vuelta a mi alrededor. Y me dijo: "yo te reconozco de los cerros tucumanos, a mi no me engañás. ¿no es así?", a lo que le respondí: "con todo respeto mi Sargento 1º (teníamos que decir "mi" antes del rango) pero creo que con el pelo rapado y sin bigotes, dudo siquiera que mi padre me reconozca". Me pegó con un llavero y me mandó a dormir.


Con el tiempo, mi situación en el Regimiento fue mejorando. En parte por hechos fortuitos y en parte por mis habilidades manuales y mis conocimientos que me permitieron sobrevivir adecuadamente. El hecho es que me llevaba muy bien con los tres estamentos: soldados, suboficiales y oficiales, salvo con el "Mataco" (con perdón a los pueblos originarios). En otra ocasión, en que se nos ordenó tomar las armas en una simulación de combate, este sujeto aprovechó que pasaba a su lado para golpearme nuevamente con su llavero. Esta vez, yo tenía mas familiaridad con la tropa y profesionales y le advertí: "Usted me puede ordenar lo que quiera, pero de pegar, no lo vuelva a hacer".


Dicen los que saben, que no hay dos sin tres (y tienen razón, al menos en mi caso).


Mi relación con el Jefe de la Compañia de Infantería "B" General Belgrano, el Teniente 1º "P" (confidencial) era exelente. Yo había resuelto fallas en los equipos de comunicación, creado un software en una TI57 para los morteros (reemplacé las tablas e indicaba el ángulo y la carga de explosivos con rapidez y precisión durante los ejercicios), dibujaba letras góticas, hice planos y escudos en yeso en relieve (¡qué todavía están!: "Oñangorecó tenondé ñandé reta": Centinela Adelantado de la Patria, en guaraní), puse en funcionamiento viejas calderas después de años sin uso (para bañarnos con agua caliente) y otras tantas cosas que me destacaron para bien y para mal... y además siempre tenía buen humor.


El hecho es que un día en que teníamos que partir de campaña, el Jefe me encomendó una tarea, pero le comenté que debía preparar el equipo junto con la tropa. Me dijo que no me preocupara y que luego lo podía hacer sin ninguna consecuencia... ¿Adivina quién estaba a cargo de proveernos el equipo? ¡Bingo! No bien me vió el "Mataco" me insultó por mi retraso y me ordenó salto rana y otras yerbas (que yo las hacía gustoso ya que me mantenían en buen estado físico) y luego me pegó. Me levanté y le dije simplemente: "se lo advertí" y me marché.


En el camino para ver al Teniente 1º "P", pensaba sobre la conveniencia de mi denuncia. Me preocupaba fundamentalmente resentir mi cómoda relación con los suboficiales (en particular con un Suboficial Principal y un Sargento 1º Veterinario a quienes quería). Sabía que había criminales entre ellos y que muchos otros eran buena gente. Pero lo denuncié. El Teniente 1º "P" lo puso en calabozo por 5 días. No solo que el "Mataco" no me jodió mas, sino que el resto de sus camaradas me felicitaron.


La segunda vez que me hablaron del RIMte 29 fue cuando me encomendaron (tal vez para chequearme) de transcribir en un nuevo libro, los partes diarios de ese Regimiento de la época en que sucedió el ataque de los Montoneros. Lo hacía en soledad, bajo un quincho durante las siestas del subtrópico amazónico, embriagado por el sopor selvático, por los cantos de los pájaros y por mi imaginación extrañando a mi novia (hoy mi mujer). No le presté mucha atención, lo hacía mecánicamente. Sólo recuerdo que cada parte comenzaba con códigos como 751005 y pregunté que significaban (en el ejemplo es el 5 de octubre del 75) y desde entonces lo uso para nombrar los archivos en mi computadora.


Son tantos los recuerdos y algunos tan presentes aún hoy que te abrumaría de historias (y tú ya tienes las tuyas). Tantos hermanos desaparecidos como Ricardo Somaini, Gustavo Santillán, Fiaca Gonzales, Ricardo Salinas y tantos otros, todos brillantes y solidarios con el prójimo y que llevo en mi corazón. Y recuerdos de colimba como el Teniente 1º "P" (que me envió una tarjeta de agradecimiento, ya de civil a mi casa, por mis trabajos para que nuestra Compañía de Infantería "B" fuera premiada como la mejor del II Cuerpo de Ejército), o el Teniente "S" tucumano que fue a combatir valientemente a Malvinas, o el Subteniente "A" que salió de la formación (en un día de gala por la visita del Obispo de Misiones) y vino a abrazarme porque me despedía de la colimba (nunca los olvidaré).


Bueno, tampoco me olvidé de la entrevista en La Gaceta. Ceferino Reato tiene, como todo el mundo (tú y yo entre otros), una posición asumida referente a esta administración democrática y referente al poder fáctico. Es lo normal y aceptable. Lo más valioso de la nota es el rescate de la necesidad de la Memoria, que contradice a aquellos "gorilas" y "progres" que proponen olvidar los 70's ya que pasó hace 34 años (¿?). Ceferino rescata la memoria como fuente de su relato. Pero los otros 2 componentes importantes para una sociedad sana y pujante son la Verdad y la Justicia. Sin estos tres componentes tus hijos y los míos están perdidos.


Los datos de la realidad (la Verdad), afortunadamente gran parte está documentada y se puede reconstruir. Por ejemplo los documentos desclasificados de la CIA, donde salió a luz el Plan Cóndor para nuestros paises "soberanos". Desde el cobarde asesinato al presidente democrático Salvador Allende, hasta la coordinación y el control de los fundamentalismos como herramienta de poder sobre la población.


Nunca te olvides que en los 70's se impuso el modelo dictatorial y en los 80-90's las "democracias" neo-conservadoras para toda latinoamérica. No es ni casual ni fruto de aventureros, y tú ya padeciste sus resultados. Ceferino Reato obvia en su relato todo este plan criminal coordinado (te recomiendo "El Poder de las Pesadillas" de la BBC de Londres) y reduce el origen del golpe cívico-militar del 76 a un ataque de los Montoneros. Su relato tiene una intencionalidad expuesta que te la dejo a tu consideración si relees la nota de La Gaceta.


Y el tercer gran pilar es la Justicia. A esta altura, si no te cansé te agradezco. Lo sintetizo basado en dos datos y sus respectivas preguntas.


1.- Aceptemos -para el caso- como sostienen los terroristas de estado, que el ERP y Montoneros eran terroristas criminales. La suma del total de sus miembros guerrilleros no superaban los 3.000 integrantes, entonces ¿por qué hay 30.000 desaparecidos? (¿por algo será...?).


2.- Supongamos que los 30.000 son culpables de "subversión" (así calificaba la corona española a San Martín), entonces ¿la pena a aplicarles estando ya indefensos y en los campos clandestinos, era torturarlos, tirarlos al mar y robarles sus hijos? ¿o someterlos a la Justicia? Entre ellos estaban nuestro amigo Miguel Ángel Estrella, incapaz de matar una mosca. Horrendo sólo justificable en la lógica perversa de un Capo Mafia como Magnetto y Cia. Nuevamente Ceferino lo obvia.


Ceferino Reato trabaja para el grupo monopólico cuyo CEO es Magnetto. Este representa unos intereses económicos espúreos y malhabidos durante el período de crimen organizado al que desgraciadamente se sometió a nuestra patria y a nuestros hermanos de continente. Es esperable de Ceferino que defienda a su empleador y recurre a la vanalización del origen del golpe cívico-militar del 76. Su óptica no es casual y es compartida por los mandos superiores para quien trabaja. Él minimiza el terrorismo de estado a una lógica y patriótica reacción de los "Salvadores de la Patria" (Videla-Magnetto-Ernestina-Massera) en defensa de las buenas costumbres y de nuestro estilo de vida (los extremos ideológicos, son herramientas del mismo demonio). Un abrazo.

Diario24

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