miércoles, 30 de noviembre de 2011

MARCELO KOENIG: Victoria, disputa y profundización del rumbo


Por Marcelo Koenig*

En la figura de Cristina se condensa la síntesis del proyecto en clave de avance, a un ritmo que –como siempre– está condicionado por la correlación de fuerzas cada vez más internas que externas.

Muchas veces, al hablar de historia hablamos de la experiencia de un pueblo en su camino político. En este sentido, los años 2008 y 2009 configuraron un punto de inflexión en el proceso abierto en 2003, al asumir Néstor Kirchner. Hasta ese momento se trató de un gobierno en disputa que, saliendo de la crisis más profunda, recompuso la economía, la institucionalidad y la política, a partir de poner en paralelo intereses diversos. La gravedad de esa crisis requería de ese camino de reconstrucción, tejiendo acuerdos y concurrencias, con la menor cantidad posible de frentes abiertos. El único gran corrido de la escena fue el capital financiero, bajo cuya hegemonía se había producido la debacle de la economía nacional

La aparición de frentes enemigos llegó con el llamado “conflicto del campo”. A partir de la disputa con las patronales sojeras quedó en claro que el proceso de reconstrucción estaba hecho y que ahora venía una fuerte disputa de cómo debía distribuirse la torta. Y en esa pelea estamos.

Aquel punto de inflexión hizo, además, que el kirchnerismo se repensara a sí mismo como instancia de continuidad del peronismo en la defensa de los intereses nacionales y populares. Así, se fue pasando a afectar con medidas concretas intereses concretos en la configuración de un proyecto real de país. Quizás, los mayores ejemplos sean la nacionalización de los ahorros de los trabajadores, a través de la estatización de las AFJP, o la Ley de Medios, que implicó cuestionar la capacidad de producir sentido de los multimedios. Y esto produjo crispación. Nadie es tan hábil como para desplumar a la gallina sin que la gallina grite.

Dejó de ser un gobierno en disputa para ser un Estado en disputa. Dicho de otro modo, ya no se discute en función de quién se ejerce el poder ni la necesidad de sustentar la gobernabilidad, sino el sentido histórico del proceso, su ritmo de avance o retroceso. En la figura de Cristina se condensa la síntesis del proyecto en clave de avance, a un ritmo que –como siempre– está condicionado por la correlación de fuerzas cada vez más internas que externas. 

Este es el signo de la etapa y la transición de los próximos cuatro años y dirá si el proyecto nacional y popular tiene éxito en su consolidación, o bien el poder económico concentrado consigue atrincherarse en sus privilegios. 

La victoria de octubre pasado, además de la oportunidad de avance, determina el terreno donde se dará la disputa. Si el campo popular lee el triunfo electoral como una oportunidad de profundización, los sectores reaccionarios, cuyas expectativas de imponerse en las urnas se vieron nuevamente frustradas, empiezan a pensar que su estrategia debe restringirse a la acción por las líneas interiores del propio kirchnerismo. 

Este conglomerado político kirchnerista tiene una amplia base gregaria. Su sustentación organizada se expresa en tres niveles que no funcionan como compartimentos estancos pero sí son diferenciables conceptualmente: un poder político territorial conservador, un Ejecutivo nacional heterogéneo pero que responde a la iniciativa centralizada en un núcleo “pingüino”, y una militancia con gran fragmentación, de la cual ha elegido particularmente a La Cámpora y a la juventud en general como interlocución de fuerza propia. Dentro de esta tercera pata militante están también los llamados movimientos sociales, que si bien han perdido gran parte del protagonismo que supieron tener, conservan una considerable capacidad de movilización. A esto podemos agregarle una cuarta pata, que muchas veces el kirchnerismo cuenta más como fuerza aliada que como tropa propia, aunque es uno de los pilares de sustentabilidad del proceso: el movimiento obrero, en particular, el sector que conduce la CGT de Hugo Moyano. En los últimos tiempos se produjeron algunos cortocircuitos entre gobierno y CGT. Aun siendo componentes necesarios y complementarios en el despliegue del movimiento nacional y popular, ni el gobierno ni el moyanismo se reconocen a sí mismos ese carácter.

Está claro que el gran derrotado de las pasadas elecciones fue el multimedios Clarín y sus socios, que infructuosamente intentaron imponer a sus candidatos. Los medios masivos han perdido su capacidad de determinar el sentido común, esa es su peor derrota. Esto no significa que los sectores del poder económico estén dispuestos a entregarse y subordinarse al avance de la política popular. Por el contrario, siempre tienen un plan B. Por eso mantuvieron a ciertos personajes que les responden, más allá de contradicciones menores, jugando por dentro del peronismo. Y ahora empieza el tiempo en que van a empezar a mover esas fichas. Sin embargo, que la contradicción principal deje de estar afuera para pasar a estar adentro significa una gran victoria para los sectores que apoyamos este proceso. Que la vuelta a un modelo neoliberal crudo haya fracasado es para todos una gran noticia.

Así planteado, en el seno de la fuerza del gobierno van a convivir con mayor o menor nivel de tensión dos ejes. Por un lado, están aquellos que piensan que este proceso ha llegado a su techo, que no se puede seguir avanzando, que ya ha tocado demasiados intereses y que tiene que buscar su estabilidad en una condición de gobernabilidad. Son los sectores sobre los cuales el capital concentrado va a operar a efectos de hacerlos permeables, no sólo como dique de contención del avance popular sino como mecanismo de recuperación de algunos privilegios o bien de recomposición con actores con los cuales el kirchnerismo se ha enfrentado y puede ir por más.

Por otro lado, están las fuerzas de la consolidación y la profundización que, sin ser exactamente idénticas, van tener en esta etapa roles muy similares, hasta a veces difíciles de distinguir. Esto es así porque en todo proceso de ofensiva popular, aquellos que sólo defienden la iniciativa de los que detentan el poder y los que tienen un compromiso con un proyecto, apuntan para un mismo lado. Es decir, los sectores que están dispuestos a acompañar a este gobierno lo van a hacer en clave de avance, porque Cristina en su segundo mandato está claramente decidida a ir por el bronce, a ir por la historia. Un ejemplo es el lanzamiento del plan agroalimentario de industrialización. Cada vez más aparece como concurrente la patria que soñamos quienes venimos de la tradición política del peronismo revolucionario, con el rumbo que Cristina le impone a este proceso político.

En definitiva, se dará una disputa en cuatro planos. Por un lado, hay que terminar de enterrar las aspiraciones de las fuerzas reaccionarias que plantean un aborto rápido del proyecto nacional y religar el modelo económico, político y cultural con las nuevas condiciones de dependencia, volviéndonos a convertir en periferia. En otro plano, se debe dar una disputa no antagónica con los sectores más conservadores de este proceso político, para que no se conviertan en la fuerza de la restauración. Se trata de la mayoría de quienes tienen poder territorial y que en muchas provincias lo usan de modo cuasi feudal. Construir alternativas desde el propio kirchnerismo, entendiendo cómo y por qué el gobierno está obligado a seguir estableciendo diálogo con estas fuerzas, será todo un desafío de comprensión y acción de la línea estratégica. En un tercer plano, está la necesidad de constituir una alianza estratégica con las fuerzas que expresan a este proceso como fuerza propia del kirchnerismo. Hacer el esfuerzo por encontrar los puntos de unidad y no los de diferencia, es la clave. Y finalmente, la tarea particular de la militancia será hacer crecer la espalda, a través de la articulación y el desarrollo de las fuerzas de la profundización, logrando colocar agenda en el Estado. Siendo punto de apoyo para poner el Estado en una sintonía aun más fina con los intereses populares, en la materialización del proyecto nacional.

* Conducción Nacional Peronista.

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