miércoles, 18 de agosto de 2010

"San Martín es hijo ilegítimo y tiene sangre indígena"

El Argentino

El martes se cumplen 160 años de la muerte de José de San Martín, "El Héroe de la Independencia" para muchos latinoamericanos, "El Santo de la Espada" para el cine y para Alfredo Alcón, el "Libertador" para la coqueta avenida, "El padre de la Patria", según enseñan Billiken y los manuales de historia. La misma que nos hace repetir como loritos que nació en Yapeyú y que es hijo de Juan de San Martín y Gregoria Matorras. Stop. En este punto hay que hacer una parada obligada, porque hay una versión distinta sobre la filiación del prócer, una voz que causa polémica y que muchas veces intentó ser silenciada.

Una corriente histórica afirma que –en realidad– San Martín es hijo ilegítimo de don Diego de Alvear y de una indígena guaraní que trabajaba como doméstica en la casa de la familia San Martín, llamada Rosa Guarú o Juana Cristaldo, no está bien determinado. Es decir, que José Francisco de San Martín sería hijo bastardo y con sangre indígena.

"Las primeras pruebas que existen corresponden a las memorias de Joaquina de Alvear, nieta de don Diego –afirma el historiador Hugo Chumbita–. Allí, la mujer asegura que su abuelo era el padre de San Martín". Chumbita es autor de El secreto de Yapeyú: El origen mestizo de San Martín y un defensor acérrimo de esta teoría, tanto que hace 10 años (para conmemorar los 150 años de la muerte) solicitó un estudio de ADN al cadáver del prócer. "Sucede que no pudo hacerse porque no hay juez que se anime con un tema tan controversial", desafía, y promete no cejar en el intento de efectuar el análisis genético. "Tengo entendido que los restos están en un estado tal de conservación que permitirían tener una certeza del 99 por ciento en relación a la rama paterna", asegura Chumbita, y explica que hay descendientes de Alvear y de la señora Cristaldo (o Guarú) que ya se realizaron la extracción de sangre pertinente. Falta poder cotejarla con el ADN del Libertador. "El origen de San Martín es una discusión que no debería existir porque basta con que le hagan un estudio de ADN para saberlo y salir de esta discusión tan teórica. Así como se abrió el ataúd de Bolívar para conocer los motivos de su muerte, no habría inconveniente en abrir el ataúd de San Martín", adhiere el historiador Pacho O’Donnell.

Y aquí, en el genoma de un prócer muerto hace 160 años, entra en juego una leyenda, una más de las que sobrevuelan la historia argentina. El mito es que durante la década menemista se habría abierto el sarcófago de San Martín para corroborar el estado de conservación del cuerpo, que vino embalsamado desde Francia treinta años después de su muerte. La idea que se tenía en aquellos años de pizza y champagne era exponer el cadáver del prócer como muestra turística. Como muchas de las acciones emprendidas durante aquella época, no hay registros oficiales. Chumbita se lamenta, y asegura que hubo testigos presenciales, que pueden testificar que el cuerpo está en buen estado.

Nuevos aportes. Un elemento que Chumbita propone considerar como evidencia son las memorias de Guillermo D’Andrea Mohr, ex secretario de Marcelo T. de Alvear, quien fue presidente argentino y bisnieto de don Diego de Alvear. Este texto permanece inédito y es la primera vez que sale a la luz en una nota.

En ellas, el ex funcionario revela que su antiguo jefe reconocía en la intimidad de los suyos su relación parental con San Martín. A la vez, revela que fue el mismo ex presidente quien habría recomendado discreción a sus descendientes en épocas en que la ilegitimidad de un hijo era una vergüenza difícil de sobrellevar.

Otra confesión que –dice Chumbita– aparece en las memorias de D’Andrea Mohr es que en la casa de Marcelo T. de Alvear había tres retratos colgados en un sector preferencial de la casa. Uno correspondiente al abuelo (Carlos), otro al padre (Torcuato) y el tercero a José de San Martín, en un implícito homenaje familiar. "Entre las familias patricias era vox pópuli que San Martín era hijo de Alvear", revela el historiador, abriendo el universo del relato a dos dimensiones paralelas: por un lado los coquetos mítines aristocráticos, por otro la peonada y los criollos de Yapeyú, estrato social en el que también estaba extendido que San Martín era "hijo de la Rosita", quien vivió más de 100 años, nunca se casó, tuvo más hijos y sobrevivió a su hijo prócer.

"Siempre se pensó que era hijo del matrimonio San Martín –apunta O’Donnell–, luego aparecieron Chumbita y García Hamilton que dijeron que habría nacido por un desliz de Don Diego de Alvear con una india correntina, lo que provocó una estúpida reacción de supuestos señores sanmartinianos porque si fuera así, tendría sangre impura".

Otro elemento de aquellos que defienden la sangre indígena del Libertador es el archivo profesional de Juan de San Martín, a quien la historia adjudica la paternidad del prócer. Según los archivos, era "rubio y de ojos garzos", elegante manera de decir que tenía los ojos azules. De su madre, los archivos rescatan la blancura de su piel. San Martín era mestizo, medía 1.80 metros y tenía la misma nariz aguileña de su padre biológico, tal como se demuestra en los dibujos y el daguerrotipo de 1848 que el prócer se hizo en Francia. Chumbita acerca dibujos que permiten comparar fisonomías, y también la foto de la que sería la tumba de Rosa Guarú, que yace en un cementerio abandonado del pueblo correntino.

En el libro El general San Martín en 1843, Juan B. Alberdi escribió: "Yo lo creía un indio, como tantas veces me lo habían pintado; y no es más que un hombre de color moreno". En los mismos términos se expresaron los historiadores Mary Graham y Benjamín Vicuña Mackenna, contemporáneos a San Martín. Es decir, aquellos que lo conocieron no podían desconocer su color de piel.

Quien abonaba esta teoría del linaje indígena del "Padre de la Patria" era José Ignacio García Hamilton, fallecido hace poco más de un año. El historiador tucumano publicó en el año 2000 "Don José", causando gran polémica. "Quizás la discusión sobre si San Martín era hijo de una madre indígena o no muestra un temperamento racista y discriminador por parte de nuestra sociedad", explicaba en una entrevista de aquella época.

El Instituto Sanmartiniano se opone con ahínco al origen bastardo e indígena del prócer. En su página web (www.sanmartiniano.gov.ar) no hacen referencia alguna a esta versión de la historia. Sí describen de manera exhaustiva la historia de Yapeyú; también la de Juan de San Martín y Gregoria Matorras (ítem "Sus padres y sus hermanos") y la genealogía de los cuatro hermanos (María Elena, Manuel Tadeo, Juan Fermín y Justo Rufino).

Pacho O’Donnell prefiere no tomar posición al respecto, pero sí tiene una aspiración: "A mí me resultaría más interesante y simpático que fuera hijo de una india correntina. Eso explicaría algunas cosas, como por ejemplo su carácter: San Martín era reservado, observador, hablaba solamente cuando tenía algo para decir, tenía una gran sabiduría".

La historia argentina adscribió a la versión escrita por Bartolomé Mitre, la misma que es enseñada en escuelas y que se transmitió de generación en generación. Chumbita tiene una definición mordaz: "A San Martín lo fueron blanqueando con los años. Por poco no lo presentan rubio y de ojos celestes".?

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