domingo, 10 de octubre de 2010

Cómo funciona la estructura legal y secreta para beneficiar a represores

 
El caso de los policías en actividad que encubrían a apropiadores de menores es la punta del ovillo de una vasta organización que opera entre la superficie y la clandestinidad. 
 
Con el anuncio del último nieto recuperado, Estela de Carlotto denunció al subcomisario Carlos Garaventa por haber entorpecido en su momento la investigación al alterar las muestras genéticas. Esa denuncia, efectuada el 23 de agosto ante el Ministerio de Justicia, puso al descubierto una red destinada a encubrir apropiadores de bebés, la cual involucra a efectivos de la División Operaciones de Seguridad Interior de la Policía Federal. Tal elenco también habría malogrado las pruebas genéticas de los hijos adoptivos de Ernestina Herrera de Noble y otros nueve casos más. Ello supone la existencia de una estructura aún mayor al servicio del desvío de pesquisas sobre delitos de lesa humanidad. Hechos tales como la desaparición de Julio López, el extraño suicidio del ex prefecto Héctor Febres en su lugar de detención, el asesinato de Silvia Suppo, quien fuera testigo del juicio contra el ex juez Víctor Brusa, junto a muchos otros testigos amenazados o secuestrados por horas, son los datos más extremos de semejante accionar. A ello se le suman operaciones psicológicas de diversa envergadura, además de un armado clandestino para financiar, alertar y proporcionar cobijo a los camaradas prófugos. Una fuente vinculada al mundillo de los militares retirados señaló a Miradas al Sur que la punta del ovillo estaría en algunas agencias de seguridad privadas vinculadas a viejos hacedores del terrorismo de Estado. Algunos hechos, personajes y circunstancias parecen darle la razón. 

A puerta blindada. “Con esos muchachos tengo una amistad de 20 años, doctor.” Esa frase acababa de salir de la boca del entonces intendente de Escobar y candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, Luis Abelardo Patti. El doctor era Claudio Bonadío, a cargo del Juzgado Federal Nº 11. Y “los muchachos”, dos represores del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército: Jorge Granada y Luis Jorge Aras Duval. Ambos pudieron permanecer prófugos durante más de un año gracias a la cobertura y el financiamiento del ex subcomisario. Ahora, en la tarde del 26 de agosto de 2003, el magistrado lo indagaba por el delito de encubrimiento. En su momento, el asunto pasó como un caso aislado de ayuda a compinches en desgracia. Pero ciertas circunstancias que recién en estos días empiezan a trascender indicarían que ello no fue así.

Al menos, eso puntualizó el hombre que dialoga con Miradas al Sur en una mesa al fondo del salón de Los 36 Billares. Y agregó:

–Patti, en esa época, iba seguido a la oficina de la calle Florida.

El tipo parece saber de lo que habla; se trata de un ex suboficial del Ejército que supo mitigar el ostracismo de su exoneración con changas en la agencia de seguridad Scanner SA., cuyas oficinas justamente están en el quinto y sexto piso del edificio de Florida 868. Esa empresa fue fundada en 1998 por el ex teniente coronel Héctor Schwab, hoy prófugo de la Justicia por crímenes de lesa humanidad cometidos en Tucumán bajo las órdenes de Antonio Bussi.

El suboficial no tiene empacho de nombrar a otros frecuentes contertulios de su antiguo empleador: los carapintadas Emilio Nani y Gustavo Breide Obeid; también se reunía con ellos el general retirado Juan Miguel Giuliano y el coronel (por entonces, en actividad) Andrés Fernández Cendoya, hijo de un militar muerto en un atentado cometido en 1976 por Montoneros.

Con todos ellos, Schwab organizó la denominada Unión de Promociones, una organización integrada por efectivos retirados de las Fuerzas Armadas para reivindicar el terrorismo de Estado y oponerse a las cúpulas castrenses actuales, las que –de acuerdo con su óptica– son cómplices de los juicios contra sus camaradas. La fundación de dicha cofradía coincidió con el arresto de 45 represores por orden del juez Rodolfo Canicoba Corral por pedido de su par español Baltasar Garzón.

Ya se sabe que el ex comisario Patti también tenía un estrecho vínculo con Schwab, junto a su suegra, la diputada Nélida Mansur, del Partido Unidad Federalista (Paufe). Poco después empezarían a dejarse ver en las oficinas de la calle Florida un joven militar en actividad y su simpática esposa: el mayor Rafael Mercado y Cecilia Pando. Lo cierto es que el dueño de casa tenía grandes planes para ellos.

Allí se planificó la instalación de ella en el star system de la ultraderecha procesista, a través de la ya famosa carta publicada en el correo de lectores del diario La Nación, en defensa del obispo castrense, Antonio Baseotto, quien había sugerido tirar al mar al ministro de Salud, Ginés González García. La repercusión de esa misiva –según el hombre que habló con este dominical– contemplaba la posible expulsión de Mercado del Ejército –lo cual, efectivamente, sucedió–, ante lo cual Schwab le había prometido de antemano un puesto ejecutivo en su agencia, además de un lugar de residencia para su familia.

En realidad, la actual líder de la autodenominada Asociación de Familiares y Amigos de los Presos Políticos de Argentina (Afyappa) fue una criatura minuciosamente diseñada por los represores y sus aliados para canalizar sus reclamos públicos. Pero, desde luego, también contarían con otros recursos menos visibles. 

Las patas de la serpiente. Ciertas agencias de seguridad privada suelen ser las bases desde las que los antiguos represores articulan sus operaciones, tanto legales como encubiertas, para enfrentar los embates del presente.

A modo de muestra el nombre de la agencia Bridees –que proveía protección a las empresas del Grupo Yabrán– era en realidad un apócope de “Brigadas de la Esma”. Lo cierto es que los ejemplos abundan. Por caso, el ex coronel Aldo Álvarez, prófugo de la Justicia por crímenes cometidos en Bahía Blanca, encabezó la agencia Alsina SRL, prestadora de servicios a bancos, countries y edificios. El ex capitán Hugo Espeche, preso por su participación en la Masacre de Las Palomitas, es socio mayoritario de Espe SRL, contratada por una petrolera en Chubut. El ex coronel del Batallón 601 Víctor Gallo regenteaba la agencia Lince, famosa por su publicidad en Radio Continental. Y el coronel retirado Rodolfo Solís, tambíen del Batallón 601, fue directivo de la consultora de seguridad Lyons SRL, una pyme en la que también se reciclaron otros ex represores como Alberto José Jaime y Ezequiel Causada. Entre sus mejores empleados, figuraba nada menos que el hoy afamado espía Ciro James.

Lo cierto es que Solís es una importante pieza del engranaje articulado desde la sombra por los represores, ya que es el principal asesor castrense del sindicalista Jerónimo Momo El Chino –tal como sus camaradas llaman a Solís– es además el nexo entre el ex presidente interino y familiares de presos por delitos de lesa humanidad. En resumidas cuentas, este frente tiene la ardua misión de cultivar en ciertos espacios de la política un freno a los juicios por delitos de lesa humanidad.

No es ajena a dicha tarea la pata eclesiástica de dicho club. Uno de sus referentes más activos es nada menos que Basseotto. Otro, el cura ultranacionalista Aníbal Fosbery, quien dirige la Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino (Fasta), la cual controla decenas de colegios en todo el país y, además una universidad que cuenta con sedes en Mar del Plata y Bariloche. Dicen que esa organización suele aportar financiamiento, consuelo espiritual y hasta techo a los ex uniformados en apuros. Lo cierto es que su titular posee una estrecha relación con algunos sectores castrenses. Tanto es así que mantiene un fluido nexo con el general retirado Daniel Reimundes, mano derecha del extinto jefe del Ejército Ricardo Brinzoni, autor intelectual de la repolitización de las Fuerzas Armadas.

No menor es el papel que juegan algunos estudios jurídicos. Sus cabezas visibles, además de proveer asesoramiento legal a militares y civiles acusados por haber ejercido la represión ilegal, también se encargan de gestionar todo tipo de beneficios para ellos en los escarpados pasillos del Poder Judicial.

Por caso, entre los abogados del estudio de Roberto Durrieu, quien fue nada menos que ministro de Justicia de Videla, figura el doctor Hernán Munilla Lacasa, que a la sazón es el hermano de Marcelo Munilla Lacasa, un fiscal que, casualmente, tramitó con tolerancia extrema y guantes de seda una causa por extorsión que tuvo como principal acusado nada menos que al ya mencionado Schwab.

Lo cierto es que los abogados vienen marchando. No todos, pero sí un grupo más o menos numeroso que se juntó hace seis meses para hacer algo por los “presos políticos”, ese eufemismo con el que llaman a los militares detenidos por crímenes cometidos durante la última dictadura.

La génesis de la red de leguleyos sucedió hace casi dos años, en el verano de 2009. Se juntaron primero 20, que pronto se multiplicaron por diez. En agosto último dijeron todos para uno, uno para todos, y parieron la asociación. De Abogados por la Concordia y la Justicia, la bautizaron. Concordia, una palabra de moda entre los seguidores de las dos pe: pandistas y procesistas. Cinco meses después, ya son 300. Con un férreo compromiso por la defensa y el apoyo a los reos de las fuerzas armadas y de seguridad.

El objetivo de la ONG es, dicen, “bregar por la vigencia irrestricta del estado de derecho, fomentar y difundir el conocimiento de las ciencias jurídicas y sociales y contribuir al perfeccionamiento de la legislación y de los procesos judiciales”. Y buscar la “pacificación nacional”, esas palabras que lo que en verdad buscan decir es: amnistía a los criminales de la dictadura. Diego Guelar, al menos, no dio tantas vueltas al pedir un perdón para los militares. La gacetilla que dio cuenta del nacimiento de la asociación asegura: “Con auspicio de la fuerte presión ideológica del Gobierno, se ha conseguido forjar en los tribunales una visión asimétrica, falsa y unilateral, de lo ocurrido en el país hace treinta años, inmolándose los principios jurídicos más básicos de las sociedades civilizadas”. Como consecuencia de ello –argumentan– cientos de sus camaradas son “sometidos a procesos viciados, en condiciones vejatorias, algunos con años de encierro y sin condena”. En este “momento oscuro que vive la Patria” se proponen levantar –sostienen– las banderas de la “concordia y la reconciliación”. Dos palabras que repiten mucho, en sus escritos y cuando hablan.

A comienzos del 2009, el teniente coronel Schwab tuvo que alejarse de los sitios que solía frecuentar en razón de un pequeño traspié: la citación por parte del tribunal tucumano que investiga la desaparición en 1977 del empleado municipal Carlos Rocha. Desde entonces es uno de los 17 militares prófugos que la Justicia busca denodadamente.

Sin embargo, su paradero no es un misterio. Se sabe que Schwab logró huir a Miami apenas supo que había una orden de detención en su contra. Schwab fue citado dos veces a declaración indagatoria y nunca se presentó. Desde las costas de La Florida, donde permanece prófugo, el Pigmalión de la lobbista castrense Cecilia Pando se desespera por departir con sus antiguos camaradas que lo visitan en su paso por la península.
Sus camaradas y los jueces lo añoran.
Venegas, y por ende, de su mandante, Eduardo Duhalde.

Miradas al Sur

Club de París, FMI y soberanía

 
No depender del fondo permite aplicar una política de desarrollo con inclusión social. 
 
En su reciente visita a Alemania, la Presidenta de la Nación consideró con la Jefa de gobierno alemán, Angela Merkel, la situación argentina frente a la deuda con el Club de París. En ese Club el único deporte que se practica es la renegociación de la deuda externa oficial multilateral, lo cual suele ser poco saludable para los deudores. Se trata de reestructurar los pagos de los servicios de los préstamos otorgados o garantizados por los gobiernos o las agencias oficiales de los países acreedores. El Club se inauguró en 1955, curiosamente con una negociación con Argentina.

Ahora la Argentina tiene una deuda con 19 países desarrollados acreedores, cuyo monto asciende a cerca de 6.700 millones de dólares (que puede variar en función de los intereses a computar). Por nuestra parte, pagarle al Club de París sirve para que los organismos de los países desarrollados que otorgan seguros a las inversiones en el extranjero, garanticen las inversiones en Argentina.

Pues bien: el Gobierno argentino expresó su voluntad de pagar en cuotas, pero el Club de París exige la conformidad del Fondo Monetario Internacional (FMI), que nada tiene que ver en estos préstamos. La Argentina no acepta la injerencia del FMI y entonces la negociación está paralizada.

¿Por qué si un país quiere pagar, el Club de acreedores no recibe el pago? Para entender esta aparente contradicción, hay que ubicar el problema en su verdadero lugar: es una cuestión política, más que técnico-económica. Existe un entretejido financiero internacional que tiene como eje al FMI y que pretende –hasta ahora con bastante éxito– manejar la política económica externa e interna de los países.

El FMI continúa con su peligrosidad comparable a la del mono con navaja. ¿Por qué actúa así? Ya lo explicó el Premio Nobel Joseph Stiglitz: aplica una teoría económica equivocada y sus objetivos consisten en favorecer al sistema financiero mundial. Además tiene la corpulencia necesaria como para hacer cumplir sus dogmas (el respaldo de los países poderosos y del sistema financiero internacional) y dispone de una navaja, con la que puede cortar el financiamiento institucional externo.

Hasta ahora había actuado sobre países que habían perdido su soberanía económica. La novedad es que acaban de ingresar en esta categoría varias naciones desarrolladas. Los casos típicos son los de Grecia y España, que son obligados a aplicar drásticos planes de ajuste. En el caso de España no existe un acuerdo stand-by con el FMI; pero sin embargo el FMI aprovechó el examen de rutina del art. IV, para esgrimir la navaja e imponer un fuerte plan de ajuste, “en la perspectiva del uso de recursos del FMI”. Ojo: este examen del art. 4 es el que quieren ahora realizar en la Argentina; por suerte no usamos recursos del FMI.

¿Cómo se remedia esto? Muy simple en la expresión pero difícil en la práctica: con la recuperación de la soberanía. Los argentinos tenemos en nuestra historia varias experiencias de pérdida y recuperación de la soberanía. Sabemos que no todo es achacable al FMI, ya que varios gobiernos y las oligarquías nacionales obraron activamente en ese sentido; además usaron al FMI para legitimar sus pretensiones.

La recuperación de la soberanía equivale a sacarle la navaja al mono. Para lograrlo, el primer requisito era independizarse del FMI, que dictaba nuestra política económica. Este objetivo se logró en diciembre de 2005, cuando el Presidente Kirchner anunció el pago inmediato de toda la deuda con el FMI, que llegaba a 9.810 millones de dólares; para eso se usaron reservas internacionales. De tal modo, finalizó medio siglo de dependencia del FMI, que condicionó y degradó la política económica argentina.

Para evaluar este acontecimiento es necesario distinguir, por una parte, el objetivo perseguido y, por la otra, los instrumentos utilizados. El objetivo que se ha logrado consiste en independizarse de la tutela del FMI, que sólo puede intervenir cuando los países solicitan préstamos y reciben desembolsos.

Para desligarse del FMI podían utilizarse varios instrumentos. Algunos privilegiaban el aspecto financiero y otros el político. Veamos.

La primera alternativa era el no pago de la deuda con el FMI o la aplicación de una quita (análoga, por ejemplo, a la aplicada a los bonistas privados). La segunda alternativa consistía en pagar toda la deuda. El Gobierno eligió esta última posibilidad. Tal decisión pudo adoptarse sobre la base de la buena posición de las reservas, que bastaban para hacer frente a cualquier eventualidad, y las favorables perspectivas del comercio exterior.

Para evaluar este acto no puede confundirse el objetivo con los instrumentos, ni subordinarse lo fundamental a lo accesorio. Se ha dicho, en tono de crítica, que una decisión política ha prevalecido sobre un tema económico. Sin embargo, es lógico que haya sido así. Ya Aristóteles decía que la economía es un arte ministerial de la política. En este caso, lo fundamental era recuperar un aspecto esencial de la soberanía, que es la facultad política de decidir el manejo de la economía; y lo accesorio, la forma de instrumentarlo.

En definitiva, para evaluar la conveniencia –o no– del pago al FMI es pertinente un relato medieval. Había ciudades que estaban sojuzgadas por un enemigo poderoso y que querían recuperar su libertad. Podían hacerlo de dos maneras: o peleando, o pagando por su libertad. La elección del método dependía de la fuerza de cada uno. Si lo más probable era el triunfo por las armas, ya sea por la mayor fuerza propia o porque el enemigo estaba debilitado, lo mejor era pelear. Se asumía un riesgo razonable. Pero se sabía que si se perdía, continuaría exacerbada la ocupación enemiga y aumentaría la exacción de riquezas. Por eso, si no se estaba seguro de ganar la guerra, si el tributo era por una sola vez y podía pagarse sin mayores inconvenientes, convenía pagar. No era una cuestión de valentía, de legalidad ni de justicia, sino el resultado de una cruda relación de fuerzas. Se pagaba el precio de la libertad si militarmente se era más débil.

En nuestro caso, el Gobierno optó por el pago. Como el resultado de la pelea era incierto, era más seguro comprar soberanía. Ahora la estamos utilizando. La continuación de la dependencia del FMI hubiera hecho imposible la política económica de desarrollo económico con inclusión social que se practica. Se obtuvieron muchas conquistas que hubieran sido vetadas por el FMI, tales como el sistema cambiario administrado, la renegociación de la deuda externa, la expansión del gasto público, las estatizaciones (de las jubilaciones, de la empresa de agua potable, de Aerolíneas Argentinas), el aumento de salarios y jubilaciones, la asignación universal por hijo.

La soberanía “es la capacidad real para autodeterminarse que tiene la unidad estatal” (Arturo E. Sampay). Su recuperación y afianzamiento es el requisito indispensable para poder aplicar un plan nacional y popular. El desligamiento del FMI fue una condición esencial para lograrlo. Ahora podemos decir “no”.

Miradas al Sur

sábado, 9 de octubre de 2010

¡SEREMOS COMO EL CHE! “En esos días me hice guevarista”

Por Enrique Vázquez *

En enero de 1999, durante los festejos por el 40º aniversario de la Revolución, conocí en La Habana a un personaje singular. Se llamaba Gonzalo Carnet, aunque no tengo certeza de si ése era su apellido o un apodo. Me fue presentado por la familia cubana que me dio alojamiento: “Hoy conocerás a un amigo nuestro y gran revolucionario que trabajó con el Che. Por favor, no le digas que nos das unos dólares por el alojamiento y no le regales nada de las tiendas para turistas que venden en dólares. Se ofendería. Es muy recto y no acepta nada que tenga que ver con los yanquis”.

Logré que, finalmente, aceptara compartir unas copas de ron añejo y ésta es la historia que me contó.

Conoció al Che en los primeros tiempos de la Revolución. Gonzalo era un jovencito entusiasta y el Comandante lo tuvo como su asistente personal durante los duros días de La Cabaña, cuando se realizaron los juicios y ejecuciones de los partidarios de Batista sindicados como asesinos y torturadores.

Cuando al poco tiempo el Che pasó a desempeñarse como ministro de Industria, Gonzalo fue comisionado para dirigir y administrar un ingenio azucarero, lejos de La Habana. Sus méritos para tal responsabilidad eran la lealtad, el entusiasmo revolucionario y unos pocos conocimientos de contabilidad. Pero en Cuba escaseaban los técnicos y el personal capacitado para dirigir los sectores estratégicos de la economía, la mayoría de ellos exiliados en Miami. Muchos jóvenes como Gonzalo fueron convocados para tareas que les quedaban grandes. El inexperto asistente del Che aceptó el desafío.

Luego de algunos meses de trabajar administrando el ingenio, Gonzalo fue informado de que el ministro Guevara llegaría de visita. Era su oportunidad para lucirse.

Cuando el Che bajó de su jeep, Gonzalo le dijo: “Comandante, debe estar muy cansado y con hambre. Hemos preparado un almuerzo para usted y para la compañera Aleida”. El Che respondió: “Deja eso para después. Ahora llévame a donde van a almorzar los trabajadores”.

En ese momento, Gonzalo se dio cuenta de que algo malo iba a suceder.

El Che compartió el almuerzo con los trabajadores, se mostró de excelente humor, conversó animadamente y se interesó por la marcha de la producción de azúcar. Luego dijo: “Vamos a ver ese almuerzo que me tenías preparado”. “Hermano, te aseguro que ahí comencé a sudar”, recordaba Carnet.

“¿Por qué iba yo a comer este almuerzo, diferente al de los demás compañeros? ¿En qué lugar dejaste asentada la partida de gastos para hacer esta comida?” Gonzalo enmudeció. “Quedas destituido de tu cargo. Te irás a vivir y a trabajar al campo, lejos, en el Oriente. Y te quedarás allí hasta que me vuelva a recordar de que existes.”

El destituido joven administrador del ingenio vivió largos meses con un par de familias de campesinos, arando la tierra con bueyes. Hizo una pausa en su relato y agregó: “En esos días me hice guevarista”.

Años más tarde, Carnet llegó a ocupar un cargo importante en el Ministerio de Cultura. Cuando lo conocí, sus acciones estaban en baja. Llevaba una vida sencilla y alejada de la burocracia del Estado.

Supe que, pocos años después, Carnet falleció. Habíamos llegado a intercambiar algunos correos electrónicos. En ellos me contaba que su vida estaba consagrada a defender la Revolución Cubana por Internet. “Les he declarado la guerra cibernética a los gusanos de Miami. Sigo siendo un guevarista.”

* Historiador y docente.

Pagina12

DERECHOS HUMANOS DEL PROGRESISMO: Las Furias.

Por Luis Bruschtein
 
Al mismo tiempo que Cristina Fernández invitaba a subir al estrado a Elsa Oesterheld, viuda del creador del Eternauta desaparecido durante la dictadura, y desde las primeras filas aplaudían sin ocultar su emoción Juan Gelman y Osvaldo Bayer, entre muchísimos otros intelectuales, en la inauguración de la Feria del Libro en Frankfurt, un diario centroizquierdista alemán publicó un artículo rimbombante de bigote atusado que se titulaba “La estafa de los derechos humanos en Argentina”, con la firma de un escritor indignado. En Europa “está bien visto” tener una mirada por izquierda, demoledora de Chávez o de cualquier experiencia “bananero-populista”. Ese enfoque, supuestamente desenfadado y provocativo, en realidad es el que rinde más beneficios con las ONG internacionales, porque se subordina sin ruido a una mirada eurocentrista descomprometida. Es lo que esperan ellos de sus intelectuales.

De esta manera, el escritor falsamente indignado cultiva sus relaciones públicas internacionales a costa de los derechos humanos en Argentina. Sin embargo, la figura de Elsa Oesterheld en el escenario de Frankfurt fue mucho más concreta y contundente que cualquier frivolidad que se pueda decir o escribir.

El anterior viaje presidencial a Nueva York era todo ganancia para Cristina Fernández. Intervendría en la Asamblea General de la ONU, sería designada al frente del G-77 más China, hablaría como integrante del G-20 y el ex presidente Néstor Kirchner tenía una agenda de actividades en su calidad de secretario general de la Unasur. Pero con el viaje a Alemania, que es uno de los principales acreedores de Argentina y donde los bonistas defaulteados tienen un fuerte lobby, se presumía que no iba a serle tan fácil y que habría presión mediática y política. Entonces, esta vez hubo una pequeña campañita mediática, desde el periodista que en el intento de aumentar un rating famélico aseguró que “en el exterior se cagan de risa de nosotros”, hasta un artículo de opinión publicado en el diario español El País, socio local de La Nación a través del grupo Prisa y uno de los posibles afectados por la aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. El País en general tiene una visión conservadora de los procesos democráticos y populares en América latina.

El artículo en este caso es tan despectivo que solamente le faltaba la palabra sudaca para completar. Lo firmaron el periodista británico John Carlin y Carlos Pierini, un psicoanalista argentino. Fue publicado durante la Feria del Libro en Frankfurt y reproducido acá por los grandes medios. La mirada eurocentrista parcializa tanto su visión que se pierde de vista a ella misma. Burlarse en un diario español porque Argentina es un país perdedor, cuando España está en medio de una catástrofe económica, con altísimos índices de desempleo, resulta desubicado. Y sobre todo porque aquí la crisis mundial apenas se sintió y nadie puede negar el momento de prosperidad que vive la economía argentina. Lo más loco de todo es que el psicoanalista Pierini es un argentino que toma el punto de vista de España sobre Argentina y lo difunde en España para que tenga relevancia en Argentina. Y en realidad no puede ver lo que está pasando en España ni en Argentina. El artículo muestra una personalidad poco integrada o mal psicoanalizada, lo cual habla pobremente de él como psicoanalista. Parece un chiste y si lo hubiera publicado en otra época, con tantos lugares comunes de señora gorda hasta sería gracioso, pero en este momento la sola comparación de lo que se está viviendo en Argentina y en España lo vuelve grotesco y poco inteligente. Eso sí, hay que reconocer que España ganó el Mundial.

Para la oposición, el problema sigue siendo dónde poner el énfasis en su discurso. Por una vez en tantísimos años, a este país le va bien. En todos los niveles, incluyendo los temas sociales, como desocupación, pobreza o mortandad infantil. Se puede decir que es poco lo que bajó la pobreza en relación con el aumento de las ganancias de los más ricos. Pero no se puede decir que la pobreza no bajó. Se puede decir que bajó la desocupación aunque en gran medida haya sido sobre la base de empleo en negro. Pero no se puede decir que la desocupación no bajó. Y para ser justos, desde hace muchísimos años que ni la pobreza ni el desempleo bajaban de cualquier manera buena o mala. Hay una parte del mérito que le tienen que reconocer al Gobierno para criticar lo demás y ser creíbles. Si el Indec no es creíble, tampoco lo son las estadísticas que se van al otro extremo para mostrar un país con más pobreza y exclusión, que no es real.

Esa mirada furiosa o tan despectiva tiene efectos contraproducentes porque es muy fácil de desarmar. El periodista que se mantiene impasible y manipula las entrevistas muestra la hilacha cuando se le suelta la cadena para gritar que este gobierno es de derecha o de izquierda chavista. Ha sucedido que la misma persona acuse al Gobierno de ambos pecados opuestos al mismo tiempo. O que se acuse al Gobierno de corrupción y se ponga como ejemplo al gobierno de Lula, que ha sido muchísimo más acusado de corrupción que el de los Kirchner.

Se dice que al pelearse con la Corte, el Gobierno está arruinando una de las pocas cosas buenas que hizo en el plano institucional cuando rechazó nombrar jueces afines en el alto tribunal. Es una crítica posible. Pero si se reconoce que este gobierno es el único en la historia reciente que promovió con decisiones concretas la independencia del Poder Judicial, no se lo puede acusar de ser, al mismo tiempo, el que menos ha respetado la institucionalidad. Puesto en la balanza, es mucho más democrático haber estimulado la conformación de la actual Corte que pelearse con ella. Los que antes no se peleaban era porque la tenían atada. No porque fueran más democráticos.

En esta visión de los furiosos cobra mucha importancia el tema de la democracia. Dicen: este gobierno no es democrático y por lo tanto no puede ser de centroizquierda, y lo comparan con Stalin por esa razón un poco distorsionada por la furia. No se entiende en qué este gobierno es esencialmente menos democrático que cualquiera de sus antecesores, desde Alfonsín hasta Duhalde.

Siempre hay un desfasaje entre lo que un gobierno dice que es y lo que es realmente. De la misma manera se produce ese corrimiento en lo que dice la oposición que es el gobierno y lo que éste es realmente. Son juegos de luces y sombras que se dan en la arena política pero estas imágenes pueden estar corridas si al mismo tiempo mantienen mucho en común. No pueden ser blanco y negro ni siquiera entre las versiones del oficialismo y la oposición. Ese contraste revela un peligro latente porque hay un factor que no se pone de manifiesto, que no se blanquea.

El escenario real no es el de una revolución en marcha, de izquierda ni de derecha. Lo que hay es un proceso de cambios moderados y en un marco democrático. Pero la furia de la oposición proyecta una escena diferente, como si se estuviera defendiendo de un ataque virulento y definitivo. Y en los pliegues de esa furia se puede esconder lo indeseable. Como también podría suceder entre los pliegues de un discurso brutal de descalificación de la crítica y la oposición si ese fuera el eje del discurso oficialista. La reestatización de las jubilaciones, la Resolución 125 y la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual afectaron intereses poderosos y concretos. Allí se entiende la reacción y la furia, porque el factor que los mueve es ese interés afectado, no hay un factor oculto. La oposición política se hace cargo de esa furia como si también lo hiciera de los intereses que la originan y no está tan claro que toda la oposición defienda esos intereses. Y lo más llamativo es que esa furia se siente también, aunque ahora mucho menos, entre un sector de las clases medias que ha sido favorecido por esas medidas. La furia de ese sector –muy atenuada últimamente– es más inquietante aún porque sugiere disparadores más oscuros del comportamiento humano.

Pero el acto de ceguera más evidente es el de no poder reconocer la importancia que las Madres de Plaza de Mayo, las Abuelas y los Hijos, así como la mayoría de los organismos de derechos humanos, les dan a los juicios que se están realizando contra los represores de la dictadura. Cuanto más les reclaman que se sumen a sus ataques furiosos contra el Gobierno, más los empujan en sentido contrario. Los organismos van a defender la política de derechos humanos. Pueden mantener distancia con el Gobierno pero nunca se sumarán a ningún cuestionamiento que pueda debilitar esa política. Y la confrontación furiosa achica esos espacios. Las Madres, las Abuelas y los organismos en general han defendido esos principios contra la dictadura y contra gobiernos que hubieran querido comprarlos con mucho dinero. No se atrevan a darles clase de derechos humanos.

Pagina12

viernes, 8 de octubre de 2010

FMI: El truco del artículo IV

Por David Cufré

La última misión técnica del FMI a España fue en el marco del artículo IV del organismo, el mismo que la Argentina rechaza y por el cual ayer presionó el vicejefe John Lipsky. El informe posterior a la evaluación a aquel país no se limitó a una descripción del estado de situación de la economía, como se supone que establece el mismo artículo IV, sino que eso fue sólo la introducción para un despliegue de “recomendaciones” de política económica, con el reclamo de una aplicación “urgente” para evitar que la crisis se siguiera agravando. Las medidas a instrumentar eran las siguientes: flexibilización del mercado de trabajo y reducción de las indemnizaciones por despido, aumento de la edad jubilatoria de 65 a 67 años, un agresivo recorte del gasto público para llevar el déficit fiscal de 13 a 3 puntos del PIB en cuatro años y fortalecimiento de la banca. “Hace falta el esfuerzo de todos para ayudar a combatir los fuertes efectos que la crisis tiene en el país”, exhortó el documento del Fondo. El gobierno español ha avanzando a paso firme en esa línea, lo que provocó un agravamiento de la conflictividad social, pero también un aumento del desempleo, que esta semana marcó un nuevo record de más de cuatro millones de personas.

El artículo IV del estatuto del FMI dispone que los países miembro deben aceptar una vez al año una revisión de su economía por parte de un equipo técnico del organismo. De allí debería surgir un paper con una presentación prolija de las cuentas macroeconómicas de las naciones y una reseña de su desempeño y proyecciones generales. Esa recopilación de información y análisis técnico debería servir a los especialistas del Fondo para tener una visión amplia del desenvolvimiento de la economía internacional y anticiparse a eventuales crisis. Sin embargo, esa fórmula resultó en los hechos en algo distinto. Por empezar, al Fondo se le pasaron la crisis mexicana de 1994, la del sudeste asiático, la rusa, la de Brasil, la del este europeo y la de las hipotecas subprime de Estados Unidos, la más grande desde 1930 y en su propia cara, sin estar ni siquiera cerca de alertar nada de antemano.

Pero las misiones del artículo IV fueron también un camino para imponer lineamientos de política económica, como lo advierten ahora los europeos España, Grecia, Portugal y Rumania, entre otros. Argentina, Brasil y los latinoamericanos en general lo padecieron durante décadas, aunque en este punto hay que advertir que los delegados del Fondo no lograban tanta influencia por sí solos, sino gracias a que actuaban en tándem con los sectores del establishment local, incluidos los mediáticos. Lo usual era que las conclusiones de las visitas por el artículo IV reprodujeran las visiones de economistas, empresarios y políticos conservadores, que utilizaban al FMI como amplificador de sus discursos.

En lo esencial, ese mecanismo no ha variado desde 2006 a la fecha. En aquel año la Argentina le pagó por anticipado toda la deuda al FMI y se libró de sus misiones técnicas. Cámaras patronales y sectores financieros perdieron de ese modo un protector de sus intereses. También resignaron el instrumento que utilizaban para vetar iniciativas del poder político. La simple presentación de un proyecto de ley de distribución de ganancias empresarias entre trabajadores hubiera sido imposible bajo la dinámica de las visitas del Fondo. Mucho menos, medidas como la eliminación de las AFJP, la Asignación Universal por Hijo o la utilización de reservas del Banco Central para la cancelación de deuda.

Argentina no fue el único país que tomó esa vía. Antes lo había hecho Brasil y después lo aplicaron varias naciones de América latina a través de la acumulación de reservas en sus bancos centrales. La posibilidad de disponer de esas divisas surgió a partir de la aplicación de políticas heterodoxas que rompieron con la lógica de enviarles señales a los mercados para esperar su aprobación. Ya no fue necesario depender del financiamiento externo, incluida la figura del FMI como prestamista de última instancia. Los pasos fundamentales que dio la región en ese sentido pueden llegar más lejos, en caso de que se retomen proyectos como el olvidado Banco del Sur.

Cuando Barack Obama asumió la presidencia en Estados Unidos el establishment local se apuró a anunciar que el FMI cambiaría. “El Fondo tiene más plata que nunca y está liderado por un socialista francés que está a la izquierda de Kirchner, porque exige a los gobiernos que bajen impuestos y aumenten el gasto”, llegó a interpretar el 24 de mayo de 2009 el economista Alfonso Prat Gay en una entrevista con Página/12. El ahora diputado de la Coalición Cívica usaba ese argumento para recomendar al Gobierno que volviera a tener relaciones activas con el Fondo, pedido en el que coinciden sectores políticos y empresarios hasta el día de hoy. Esa descripción quedó desmentida con la actuación posterior del organismo frente a la crisis europea. En Grecia impuso una rebaja de salarios y jubilaciones del 15 por ciento, eliminó el pago de aguinaldos, forzó el aumento de la edad de retiro, presionó por un aumento del IVA y consiguió una rebaja sustancial del gasto social. En España se anuló el “cheque bebé”, de 2500 euros ante un nacimiento. Italia, Irlanda, Ucrania, Portugal, Rumania y muchos otros están pasando por lo mismo.

“No tendría ningún problema en que vuelvan las evaluaciones del artículo IV si hacemos las cosas bien. En la Argentina agrandamos giles y, entre ellos, a los burócratas del Fondo. Uno se sienta, les explica las cosas y los puede convencer. Hoy están dispuestos a prestar casi sin exigencias. Ahora, si vamos a ser tan estúpidos de pagarle todo cuando no había que pagarle y después dejar pasar la oportunidad de que nos presten...”, insistía Prat Gay en aquella ocasión.

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El FMI aprieta y se queja porque Argentina lo deja afuera

Por Cristian Carrillo
 
El Fondo Monetario Internacional (FMI) volvió a presionar a la Argentina para que acepte revisiones de sus cuentas públicas. El vicejefe del FMI, John Lipsky, amenazó ayer con sanciones al país si no adhiere al artículo cuarto, el cual plantea ese tipo de monitoreos. El Gobierno no permite intervenciones en la política económica doméstica desde que canceló anticipadamente y en efectivo el total de su deuda con el organismo. Pero el Fondo, que tras el desplome financiero internacional quedó en una situación de evidente debilidad y descrédito por su incapacidad de adaptarse a un nuevo contexto post-crisis, intenta ahora recuperar protagonismo. En los países que quedaron más vulnerables por la crisis logró imponer sus viejas recetas de ajuste. Con la Argentina no puede hacer lo mismo, debido a que el país logró sobrepasar el vendaval sin demasiadas dificultades y siguiendo una política exactamente contraria a la recomendada por el Fondo. Este, sin embargo, volvió a la carga exigiendo las revisiones obligatorias del artículo cuarto. El cruce reaparece horas antes de que comience la reunión anual del Fondo y el Banco Mundial, que se realizará a partir de hoy en Washington.

El equipo económico viajó a Washington para participar de la asamblea de ambos organismos. Los funcionarios arriban en un clima hostil para la Argentina, sobre todo teniendo en cuenta que la discusión de este año volverá a ser la representatividad de los emergentes en el FMI. Primero el Fondo difunde un informe en el que pone en duda las estadísticas oficiales. Luego el número dos de la entidad alertó sobre posibles sanciones si no acepta las revisiones que establece el artículo cuarto del FMI. Fuentes oficiales descartaron la posibilidad de reprimendas. “La membresía del Fondo implica obligaciones entre las cuales están las consultas. Esta es una obligación hacia los otros miembros, no hacia el staff. Por lo tanto, éste es un tema que deberá ser abordado por los miembros en sus discusiones”, dijo Lipsky.

La última auditoría del organismo fue en septiembre de 2006. Luego el país canceló toda su deuda con el Fondo utilizando su excedente de reservas internacionales. La operación no buscó una ventaja financiera sino un claro gesto político, tal como hiciese meses después la administración Lula da Silva. Esa cancelación anticipada permitió al país librarse de las recetas de ajuste a las que se obligaba con cada acuerdo de refinanciación de la deuda con el FMI. Desde 2007 a la fecha, el Gobierno se resiste sistemáticamente a que el Fondo audite las cuentas del país. Desde el Palacio de Hacienda incluso reconocían que hay lugar para un acercamiento si el organismo da señales de cambio, algo con lo que se especuló a partir del arribo de Dominique Strauss-Kahn al frente del FMI.

“Todos estamos esperando que la Argentina se sume al grupo de países que tienen relaciones normales y consultas regulares con el Fondo. Además, como miembro del G-20, también aceptó la obligación implícita de revisiones financieras cada cinco años”, dijo Lipsky. Los dichos del ex vicepresidente del JP Morgan Investment Bank surgen en respuesta a la negativa del Gobierno de aceptar injerencia del Fondo en la negociación de la deuda con los acreedores del Club de París. El requisito de un acuerdo previo de ajuste estructural con el Fondo tiene que ver con las necesidades financieras de los países deudores, no obstante la Argentina no tiene previsto tomar un préstamo del FMI para esta operación.

Como miembro del Fondo, el país tiene obligación de permitir auditorías de sus cuentas. “No está en discusión si se aceptan o no las revisiones, sino cómo se realizan. Los representantes del FMI no necesitan venir en las habituales misiones en las que se reúnen con economistas de la city y montan un show en torno de eso”, explicó el titular de la Comisión Nacional de Valores (CNV), Alejandro Vanoli. El funcionario sostuvo que la obligación pasa porque el país remita los datos que se le solicitan en materia de sector externo. “Pero el Fondo tiene una segunda intencionalidad: mostrar a la Argentina como el mal alumno de la clase por no acatar sus reglas”, agregó Vanoli. Sin embargo, el país obtuvo mejores notas que los alumnos más aplicados. Esto es lo que más molesta al FMI, porque ya no puede tener injerencia en la política interna argentina.

La aplicación del artículo cuarto no es el problema; el hecho de que el propio Fondo no cumpla con él, sí. “Los principios respetarán el ordenamiento sociopolítico de los países miembro y en la aplicación de los mismos el Fondo tendrá debidamente en cuenta las circunstancias de los socios”, señala el texto de ese artículo. El FMI, en cambio, continúa con sus recetas únicas para cualquier país que muestre dificultades.

Fuentes gubernamentales desestimaron las amenazas de Lipsky. “No creemos que haya sanciones, son sólo presiones”, manifestó a Página/12 un colaborador de la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, quien también integra el equipo económico que se encuentra en la capital estadounidense. De todos modos, admite que existe el riesgo de que el país pierda un lugar en el directorio del Fondo. Este año, los emergentes reflotarán el pedido de tener el 50 por ciento de representatividad dentro del organismo. El directorio tiene veinte lugares. Estados Unidos sólo está dispuesto a ceder uno y Europa, nada.

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domingo, 3 de octubre de 2010

Fallido golpe de estado contra Rafael Correa: Trama de un rescate bajo fuego

 
Ésta es la historia secreta de las once horas en que la vida del presidente Correa y la democracia ecuatoriana corrieron riesgo de muerte. Ayer fue descabezada la cupula policial y el mandatario juro que “ no habrá olvido ni perdón para los culpables”.
Una ráfaga de ametralladora ahogó la voz firme de alguien que gritaba: “Al suelo, todos al suelo”. El estallido de vidrios se confundía con los sollozos de las enfermeras y los pacientes del hospital. Con aquella balacera se iniciaba el momento más dramático de las once horas que se había prolongado el encierro del presidente Rafael Correa en el tercer piso del Hospital de la Policía Nacional.

El presidente cautivo había intentado por todos los medios impedir un baño de sangre, pero con el caer de la noche se dio cuenta de que todas las medidas de disuasión habían fracasado. Antes de las 21.00, media docena de camiones militares ocuparon la avenida Mariana de Jesús. Como si se tratara de una guerra regular, los soldados bajaron disparando para intimidar a la turba policial. La improvisada operación de rescate a sangre y fuego podía ser más peligrosa que el encierro, porque podía ser utilizada para asesinar a Correa en medio de la confusión. Los millones de televidentes que seguían las alternativas del drama en vivo y en directo, contuvieron el aliento.

Eran alrededor de las 20.40 y efectivos que llevaban uniformes del Grupo de Operaciones Especiales (GOE) aprovecharon el momento para abrir paso por la ruta de escape que utilizaría el primer mandatario.

Respirando a ras del suelo, los cautivos aguardaron cerca de diez minutos. De pronto, un grupo de uniformados sacó velozmente al jefe de Estado en una silla de ruedas. Algunos periodistas intentaron seguirlos pero el estallido de una bomba lacrimógena hizo retroceder a todos.

El incesante tableteo de las ametralladoras y los gases obligaron al presidente y su escolta a replegarse a una sala del tercer piso. El pánico se instaló en el lugar, donde reinaba la oscuridad. El fracaso de este primer intento de rescate era parte de una cadena de errores que había colocado al temperamental Rafael Correa en la encerrona en la que ahora se encontraba y que estaba a punto de costarle la vida.

Esa mañana, contingentes de la policía ecuatoriana se habían sublevado, supuestamente en protesta por la Ley Orgánica del Servicio Público, que un día antes había aprobado el Congreso, dominado por el oficialismo. Los uniformados afirmaban que dicha ley elimina bonos y condecoraciones que les benefician.

Antes de las 10 de la mañana, Correa –acompañado por el ministro del Interior, Gustavo Jalkh, y miembros de su escolta– arribó a las instalaciones del Regimiento de Policía Quito 1, para dialogar con los sublevados. Iba rengueando y apoyado en muletas debido a una reciente operación en la rodilla.

El presidente subió al balcón del cuartel y confrontó a los policías amotinados. Les recordó que su gobierno había cuadruplicado los sueldos de la tropa.

Abajo, cientos de policías lo abucheaban. Correa continuó: “¡Si quieren destruir a la patria, destrúyanla, pero este presidente hará lo que tiene que hacer (…) Ni un paso atrás!”.

El presidente bajó del balcón. Cientos de uniformados lo asediaron con gritos de protesta. Pese a que su seguridad estaba desbordada, Correa se envalentonó: “Si quieren matar al presidente, aquí estoy, mátenme si les da la gana, si tienen el valor (…) Si quieren tomar los cuarteles, traiciónenme; este presidente y este gobierno seguirán haciendo lo que tienen que hacer”.

Cuando se encontraba rodeado de policías amotinados una lluvia de gases lacrimógenos inundó el lugar. Al presidente le alcanzaron una máscara antigás. Se la colocó y de rato en rato se la quitaba. Al verse rodeados, los miembros de su cuerpo de seguridad lo arrastraron al hospital de la Policía, contiguo a las instalaciones del regimiento. A las 10.38 y con ayuda de su escolta, el presidente saltó por el muro de tres metros de altura que separa el Regimiento Quito 1 del hospital, y al caer se lastimó la rodilla recién operada.

“No podía respirar y los miembros de mi escolta me cargaron en hombros para ingresar al hospital”, relató más tarde.

El jefe de Estado había ingresado a la Sala de Emergencias a las 10.50 de ese día con el rostro algo ennegrecido por las bombas lacrimógenas. Luego, acostado en una camilla y con un suero en el brazo, fue llevado hasta el piso 3H.

Por la tarde, repentinamente, el canciller Ricardo Patiño y el asambleísta César Rodríguez abandonaron el hospital por el sector de Emergencias. Con chaleco antibalas, cubierto por una guayabera amarilla y ojos inflamados, Patiño no temió caminar 40 metros.

Todos esperaban que pediría a la muchedumbre que se retirara para permitir la salida pacífica del mandatario. Pero emitió un fogoso discurso, arengó a la gente y terminó con la frase: “No nos vamos sin Correa”. El colectivo estalló de cólera. En pocos minutos miles de personas cubrían las cuatro vías de la avenida frente al hospital. Desde el tercer piso, el presidente saludaba a una muchedumbre que no dejaba de corear su nombre. Los policías entraron en pánico y lanzaron una lluvia de gases.

“Maten al presidente.” Correa no tardó en darse cuenta de que todo estaba perfectamente orquestado para acabar con su vida. Su custodia interceptó llamadas en las que pedían que lo asesinaran. Pese a que estaba en grave peligro, nunca cedió ante los sublevados. “Salgo como presidente o salgo como un cadáver”, les gritó a los rebeldes.

El presidente estaba convencido de que los sublevados querían provocar un levantamiento general de la policía y los militares, lo que hubiese llevado al país a un caos social.

Sin embargo, “con el correr de las horas los golpistas se dieron cuenta de que su estratégia estaba fracasando y entonces pusieron en marcha el ‘plan B’, que era matar al presidente”, confió Correa, que dijo haber escuchado en varias ocasiones esas amenazas durante su cautiverio.

En un mommento en que los sublevados, aparentemente, habían accedido a liberarlo, él se resistió al ver que los agresores habían montado una emboscada para asesinarlo en un fuego cruzado.

Los sublevados tomaron el control del perímetro y lo ampliaron a punta de gas en cuatro cuadras a la redonda. No había forma de moverlos. El auto destinado al mandatario seguía en la puerta de la Sala de Emergencias.

“Me tienen prácticamente secuestrado”, declaró a las 13 horas al canal TV Público; más tarde –a las 18 horas– le quitó la palabra “prácticamente” y afirmó que estaba secuestrado.
“Agreden al presidente, intentan asesinarlo, toman aeropuertos, intentan ocupar el canal público de televisión para tratar de sacarlo del aire... esto sólo puede denominarse golpe de Estado”, definió Francisco Torres, un asesor que acompañó a Correa durante los momentos más dramáticos del cautiverio. “Si nos atacaban estábamos dispuestos a morir, y ésa fue también la posición de las fuerzas de elite que resguardaban al presidente”, remató el asesor.
Bajo una lluvia de balas. En el momento en que fracasó el primer intento de rescate, y arreciaba la balacera, el ministro de Relaciones Laborales, Richard Espinosa, estaba parapetado en una sala del hospital junto a tres miembros de la seguridad presidencial.
“¿Quién está aquí?”, preguntó el funcionario y al recibir como respuesta “Periodistas”, volvió a interrogar: “¿Hay alguien armado?”. En efecto, alguien tenía una nueve milímetros. Vía celular, Espinosa confirmó que el presidente todavía estaba en una habitación cercana y salió a reunirse con él.
A las 21.20, los efectivos iniciaron el segundo intento por sacar a Correa del infierno en el que estaba convertido el Hospital de la Policía.
El grupo de asalto estaba formado por unos 550 militares, miembros de la Primera División, de la Brigada de Fuerzas Especiales y del Grupo Especial de Operaciones Ecuador, que son fuerzas de elite para la lucha en la selva pero que ahora estaban improvisando un rescate presidencial sin las armas adecuadas para el combate a corta distancia, sin el apoyo de francotiradores y –lo que es más grave– sin un plan de fuga ni vehículos de apoyo.
“Cuando decidimos salir (del hospital) primero nos refugiamos en la sala de Neonatología, en una oscuridad total. Después salimos hasta un auto blindado, en el que acostamos al presidente y yo entré atrás de milagro por un hueco de la puerta entreabierta”, contó el asesor Francisco Torres. El vehículo que transportaba al presidente, precisó, salió solo del hospital y recién más adelante se le sumó otra camioneta de la seguridad.
Minutos después, la caravana presidencial lograba salir del recinto en medio del combate. El vehículo en que se trasladaba Correa recibió cuatro impactos de bala, y sólo el blindaje especial evitó que Correa resultara herido, porque los cuatro impactos de fusil quedaron en el capot y en el parabrisas, justo del lado donde viajaba Correa. En un tiroteo ocurrido en la avenida Mariana de Jesús, caía abatido el agente del Grupo de Operaciones Especiales Edwin Calderón.
Correa fue recibido entre vítores y cantos patrióticos por militantes de Alianza País, el partido que lo llevó al poder en 2006 y que respalda la “revolución ciudadana”.
“Jamás cedimos, jamás aceptamos negociar nada, bajo presión nada, con el diálogo todo”, afirmó Correa al relatar ante miles de ciudadanos los momentos más críticos de las once horas que duró su secuestro.
Más allá de los grupos de elite, los verdaderos protagonistas del rescate fueron la masiva movilización popular, la celeridad de la solidaridad continental y la valentía personal de Correa, que logró conjurar un golpe sobre el que aún no está dicha la última palabra.
 
Miradas al Sur.

Hay vida en la región

Por Mario Wainfeld

Hace pocos años, cuando triunfaba un golpe de Estado contra un mandatario surgido de las urnas en este Sur los demás gobiernos, con algún amago o variante, dejaban pasar un tiempo prudencial. Sopesaban la viabilidad de los usurpadores y, en tal caso, los reconocían. En general, los Estados Unidos reconocían primero, a menudo eran mentores o socios mayoritarios de los golpistas. En el siglo XXI, los reflejos y las conductas son otros.
Los presidentes reaccionan con presteza y nitidez, condenando de volea la ruptura del orden constitucional. Se convocan y se reúnen a velocidad asombrosa, que comprueba la importancia que asigna su agenda a la paz y la estabilidad institucional. Ocurrió en esta semana: todos volaron hacia Buenos Aires salvo Lula da Silva (por las inminentes elecciones) y el paraguayo Fernando Lugo (enfermo) para probar su solidaridad activa con la democracia ecuatoriana.
Aterrizaron ya de noche, todos se pararon frente al micrófono en el Aeroparque. Más allá del color local, el discurso fue unívoco, contundente, como lo serían el pronunciamiento conocido de madrugada y el traslado de los cancilleres a Quito. No hubo fisuras derivadas de diferencias ideológicas: Colombia, Chile y Perú afinaron con el resto. El presidente Alan García sorprendió al cronista apostrofando (como lo haría también, más previsiblemente, el bolivariano Hugo Chávez) a los “gorilas” sediciosos.
Mucho queda por construir en la institucionalidad regional, incluida la propia Unasur. Pero el activismo presidencial, expresado con el propio cuerpo en reuniones cara a cara, hace lo suyo.
A veces es central para suturar situaciones difíciles. Los buenos oficios de Brasil y Argentina, bajo los mandatos de Lula y Néstor Kirchner, primaron para llegar a las elecciones que llevaron a Evo Morales a la presidencia de Bolivia. Kirchner y Lula convencieron al presidente Chávez para que se expusiera al referéndum revocatorio que ganó, distendiendo una crisis que parecía escalar sin límite. El ataque armado de Colombia a Ecuador y el golpe de la “rosca” oligárquica contra Evo habilitaron otras acciones fructíferas y sistémicas.
En Honduras no bastó la respuesta conjunta, en la que Lula se jugó a fondo asilando al presidente Manuel Zelaya en la embajada de su país en Managua. En Ecuador, el cónclave de Unasur fue simultáneo a la liberación y reasunción plena del presidente Rafael Correa. Los repudios se habían difundido no bien se conoció el levantamiento.
El vecindario es vigil y presente, un actor protagónico. Los últimos dos ejemplos (uno aciago, otro saludable) comprueban que la refrescante novedad tiene su gravitación pero también reconoce límites, fronteras que siguen existiendo. “Es ostensible la primacía de lo nacional”, explica bien Carlos “Chacho” Alvarez en un artículo reciente, publicado en la revista-libro Desafíos.
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Límites: La Patria grande, la Nación sudamericana fueron anhelo de próceres, bandera de movimientos, propuesta de estadistas o militantes. La división política, en muchos casos inducida por grupos dominantes locales o por el imperialismo foráneo, cimenta.
Las fronteras son, en principio, artificiales, el discurrir histórico constituye identidades. El mapa federal argentino es un ejemplo sencillo, hay muchísimas provincias demarcadas parcialmente por líneas rectas: Chubut, La Pampa, Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba entre tantas. Las trazas son artificios humanos, no demarcan separaciones geográficas. La continuidad constituye las tradiciones locales, su diferente devenir. Algo similar pasa en el terreno internacional. La narrativa emancipatoria fulmina la fundación de Panamá como un artilugio de los yanquis o al Uruguay como un estado tapón entre los grandes vecinos, “un algodón entre dos cristales”. Uruguay y Panamá son tan estado nación como cualquier otro, a esta altura, desde hace mucho.
Ecuador es parte de la Gran Colombia fragmentada, le sobran factores comunes con sus vecinos-hermanos. Pero es, ante todo, un Estado con trayectoria particular. Su presidente, como varios contemporáneos, es un crítico de las políticas noventistas, tanto como del sistema político decadente que vino a convulsionar. Correa, Morales y Chávez (la tríada más radical de la etapa) construyen su liderazgo apelando a la movilización social y a la permanente reválida a través del voto.
Correa tiene a su cargo un país sin moneda: la dolarización plena limita la política monetaria aún más que nuestra nefasta convertibilidad. Habla cuatro idiomas, estudió en Europa y Estados Unidos. Tuvo militancia católica de base. Es un orador formidable, en registro de estadista, de líder de masas o académico.
El país, el presidente, son únicos en varios sentidos. Pero, en esencia, comparten mucho con sus contemporáneos, empezando por los objetivos más vastos y por quienes son sus principales adversarios democráticos y enemigos destituyentes.
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Un brazo armado: Correa marca su impronta, encara a los policías golpistas, los enfrenta, es agredido. Lo lastiman, lo afrentan, lo detienen. El hombre jamás ceja ni deja de comunicar, al mundo, a sus aliados en la región, al mundo.
Con una tendencial disminución (de alcance muy variado, según las realidades domésticas) del poderío de las Fuerzas Armadas el protagonismo policial es una señal de alerta. Concuerdan en resaltar su significación el colega Martín Granovsky en este diario, el juez Eugenio Raúl Zaffaroni en declaraciones a Radio Nacional, la politóloga María Esperanza Casullo en el blog La Barbarie. Contingentes con armas, diseminados en todo el territorio nacional, de baja formación cultural y democrática, pueden ser caldo de cultivo y brazo ejecutor de sectores más lúcidos, con ideología precisa y objetivos desestabilizadores.
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La tele y el Twitter: El día fragoroso fue notablemente cubierto por el canal Telesur. Como destacó el periodista Emanuel Respighi en una columna publicada ayer en este diario, era la única opción seria. Sus imágenes, indubitables, probaban la existencia del golpe. Otros medios divulgaban versiones sesgadas, se inclinaban a describir algo así como un reclamo sindical un poquito exagerado. La CNN daba voz al ex presidente ecuatoriano Lucio Gutiérrez quien, tras una forzada y lábil reverencia a la continuidad democrática, defenestraba a Correa, mientras pedía concesiones absolutas a los insurrectos y elecciones presidenciales inmediatas. Analistas internacionales corroboraban ese relato golpista. Dicen que la cadena Fox es más de derecha que la CNN. Ha de ser difícil esa tarea, imagina el cronista que no tiene a Fox en su menú.
En Argentina, muchos bloggers nacionales y populares exaltan el peso y la eficacia de la comunicación vía Twitter durante ese día, al punto de imaginar el final más o menos cercano de los medios informativos tradicionales. Sin adentrarse en una discusión futurista, el cronista cree que, a la fecha, es abrumadora la mayoría ciudadana que sólo se informa vía radio y televisión. La defección de muchos de esos medios, la imposibilidad de muchos usuarios de cable a acceder a Telesur resta comunicación, data, acceso al conocimiento a multitudes. Otro argumento, salido del horno de la coyuntura, a favor de la ley de medios antitrust.
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SIP lo sabe, cante: Correa nunca estuvo incomunicado pero sí detenido, fue agredido físicamente y herido. Hubo edificios públicos tomados, varios muertos y una suerte de parcial acefalía fáctica. Se declaró el símil ecuatoriano de nuestro estado de sitio, una movida de manual. Se puso en cadena a los medios audiovisuales, otra acción lógica. Ni las versiones opositoras denuncian ataques o limitaciones a la libertad de nadie que no fuera un sedicioso. La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) puso el grito en el cielo por la cadena nacional. Parece un título de la revista Barcelona o un delirio de Capusotto, pero nada tiene de ficción.
La SIP muestra, impúdica, la hilacha. Los grandes medios son vanguardia de la oposición en Ecuador, también en países cercanos y hermanos.
Lula es exaltado por el periodismo canónico en la Argentina, a través de un relato falaz y desangelado. El estadista los refutó en el cierre de campaña: apostrofó a los grandes medios, les pidió que sinceraran su alineamiento con sus adversarios. Tiene un container lleno de motivos para señalarlos: lo trataron de ignorante, de ebrio, de corrupto. Inventaron, años ha, la imagen de una valija llena de plata: era un montaje que disfrazaron de información. Lula no polemiza a diario como sí lo hace la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. En cada comarca hay modos, estilos, tácticas sobre un trasfondo muy similar.
Evo Morales es otro de los más denostados. Los dos líderes de extracción humilde acicatean los tics clasistas y hasta racistas.
Los medios ecuatorianos son también puntales de un arco político opositor diezmado y desacreditado tras años de hegemonía y tremenda inestabilidad.
Los que braman contra la cadena durante una emergencia feroz deberían observar, sin prejuicios, cómo actúan los medios en países centrales cuando hay interés nacional en juego. En Estados Unidos hubo guerras enteras en las que sustrajo información sobre las bajas, escenas de las batallas, muertos o heridos. En la transmisión de los atentados a las Torres Gemelas se evitó mostrar víctimas, sangre, despojos.
El País de España (un diario de izquierdas) difundió sin filtro e hizo propia la versión del presidente de derechas José María Aznar sobre el atentado de Atocha. Fue la ETA, tituló sin ambages ni establecer distancia con la fuente.
Tal vez lo de las Torres Gemelas sea razonable o admisible, no así las demás sustracciones. En todo caso, a la hora de la hora, los medios privados se encolumnan tras los gobiernos, poniendo entre paréntesis el mito del periodismo independiente.
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Premisas: La defensa de la democracia regional es pura racionalidad instrumental, que compensa parcialmente las dificultades de una integración compleja y en germen, obstruida en el pasado, ardua en el presente.
Los gobiernos nacionales, populares, progresistas, radicalizados o reformistas dan el tono de la época. La caída de la Concertación en Chile, la posibilidad de alternancia en otros lares, la fragilidad del Paraguay son puntos débiles. De cualquier forma, la nave va. Con propósitos parecidos, con poderes fácticos enardecidos contra las reformas, en muchos casos bastante moderadas.
Es una época novedosa, estimulante, plena de innovaciones y emociones. Conmovió ver a Correa exponiéndose, jugándose como no lo hiciera, por caso, Mel Zelaya.
Desde tribunas adversarias se levanta el dedito admonitor. Emilio Cárdenas, un prócer de la derecha autóctona, explica por radio que liderazgos tan centralizados fuerzan: las reivindicaciones deben sustanciarse con el presidente, sin mediaciones. Eso hicieron los policías, agrega. La “crispación”, cuando no, es la coartada de los golpistas.
Otros intérpretes locales adhieren: está mal dar golpes de Estado (se apuran a admitir), pero es una consecuencia insalvable de la división social generada por los regímenes populares. Una lectura trastrocada y mendaz que supone que la división se parió en esta coyuntura. No hay tal: tiene raíces lejanas. Ocurre que ha cambiado el paradigma de los gobiernos, se ha atenuado el predominio de las clases y corporaciones dominantes. La paz añorada en el fecundo Sur era la de décadas o siglos anteriores, con disciplinamiento social, exclusiones masivas y una agenda marcada por los poderosos de siempre.
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Subjetividades: El cronista no cree en un periodismo aséptico, desprendido de valoraciones, creencias, valores e ideología. La honestidad profesional consiste en exponerlos, antes que solaparlos, sin renegar de la información corroborable. Cada cual piensa, y por ende edita, como le parece.
El cronista, entonces, puede decir que le hubiera gustado estar en la plaza cuando Correa salió al balcón de la casa de gobierno para saludar a su pueblo. Cubrir el acto, conocer los rostros, cánticos y consignas de los manifestantes. O, aunque más no fuera, estar ahí aplaudiendo.
También estaría contento de poder votar a Dilma Rousseff en Brasil, uno entre la millonada. Sería una bonita manera de saludar a Lula da Silva al final de su segundo mandato. Estadista impar de la época, merece largamente ese homenaje virtual o el saludo admirativo que le dedica esta columna.


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sábado, 2 de octubre de 2010

Ecuador: Golpe a golpe

Por Luis Bruschtein
 
La furia de los policías ecuatorianos contra el presidente Rafael Correa hizo recordar la furia de algunos de los llamados ruralistas contra la presidenta Cristina Fernández durante el conflicto de la 125. Es probable que los parentescos no vayan más allá, pero tanto los ecuatorianos como los argentinos furiosos rechazaban la calificación de golpistas. Es que el golpismo ya no tiene prestigio ni siquiera entre los mismos golpistas. Ese “sí pero no” que plantean ahora los golpistas dio origen al concepto de “destituyente”. Al finalizar la década de los ’70, el golpismo estaba visto como negativo para los negocios y los generales se habían mostrado poco eficientes para Wa-shington, en consecuencia el golpe se había vuelto anacrónico. Aunque todo puede volver, como lo demostraron el golpe fracasado contra Hugo Chávez en Venezuela en el 2002 o el de Honduras del año pasado, que logró derrocar a un presidente democrático.

Pero, en general, los golpistas se han vuelto heterodoxos y a ninguno le gusta mostrar al yéneral Videla que lleva adentro. Como no hay espacio para gobiernos militares, ahora el objetivo es el chantaje o el debilitamiento de un gobierno democrático. En Argentina se puede dar cátedra sobre esta nueva performance, porque aquí fueron pioneros los carapintadas y al primero que le tocó sufrirlos fue al presidente Raúl Alfonsín.

No en todos los casos son militares. El origen de una actitud destituyente está en un sector que, por su inserción en el sistema, acumula una fuerza determinada y dispara un conflicto violento que toma de rehén a la sociedad y que no busca la resolución de las reivindicaciones que lo impulsan sino debilitar al Gobierno para sustituirlo por otro. Entiende que sus verdaderas necesidades sólo serán satisfechas con otro gobierno, pero no lo reconoce. Los policías ecuatorianos vieron que con la nueva ley, que suprimía algunos de sus privilegios, el proyecto de país de Correa los cambiaba de lugar. Y es un lugar que consiguieron tras años de gobiernos que trataron de congraciarse con las Fuerzas Armadas y de seguridad, en un país con tradición golpista.

En el caso de los ruralistas argentinos, lo que reclamaron, en el fondo, no fue una rebaja de las retenciones, sino el cambio del modelo de acumulación propuesto por los Kirchner por otro que los ubicara en un lugar aún más favorecido y que expresara el nuevo y gran poder que les otorgaron la soja y los precios de los commodities. Ese cambio de modelo no lo iban a conseguir con el mismo gobierno y, además, habían encontrado un aliado invalorable en la corporación mediática que les amplificó su fuerza y naturalizó la violencia que desplegaban. Entonces la beligerancia del conflicto se prolongó más allá de todas las vías de negociación que se quisieron abrir, porque la intención ya era debilitar al Gobierno. Ese fue el objetivo destituyente de esos ruralistas y del cual surge su parentesco con los policías ecuatorianos.

En el caso de Ecuador, más allá de los desbordes, los policías eran conscientes de que no les alcanzaba para desplazar a Correa. Hubo grupos de la Fuerza Aérea que se les plegaron así como grupos de civiles del partido del ex presidente Lucio Gutiérrez. Mantuvieron de rehén en el hospital policial al presidente Correa para presionarlo y con la esperanza de lograr en ese tiempo otras adhesiones que seguramente tenían ya arregladas pero que a último momento no se sumaron. Si Correa hubiera negociado como hizo Alfonsín con los carapintada, hubiera empezado el desgaste y hubiera habido nuevos levantamientos en el futuro. Por supuesto, son realidades muy diferentes, pero eso fue lo que, bien o mal, pasó en Argentina, y lo que le hubiera pasado a Correa si accedía a las presiones. Hay una frase que se atribuye a Néstor Kirchner durante el conflicto de la 125: “A mí no me van a torcer el brazo como hicieron los carapintada con Alfonsín”. El paralelismo entre los ruralistas y los carapintada estaba latente en aquel momento. Y había muchos ex carapintada y simpatizantes de la dictadura mezclados entre los ruralistas, como quedó en evidencia más allá de la misma acción destituyente.

La reunión urgente de mandatarios de la Unasur convocada en Buenos Aires, a pocas horas de conocerse el amotinamiento en Ecuador, demostró también el momento democrático de la región, a la que algunos “democráticos” europeos y locales cuestionan por sus gobiernos “populistas” o “autoritarios”, como califican incluso al de Rafael Correa en Ecuador. Tantos gobiernos “populistas” y “autoritarios” y nunca en los últimos cien años, por lo menos, hubo una vocación concreta tan democrática en los gobiernos de la región. La reacción instantánea, sin dudas ni condiciones, reafirmó la cristalización de una nueva realidad política asentada en los gobiernos que surgieron tras la crisis del neoliberalismo de los ’90. También es cierto que este tipo de acciones destituyentes se da solamente contra estos gobiernos que han puesto de manifiesto más vocación democrática que los otros. Es una discusión que se da también hacia adentro de cada uno de los países de la región. El Chávez tan denostado por estas conciencias “democráticas” aceptó como un caballero un resultado electoral donde no alcanzó las metas que se había propuesto. La oposición y todo un contexto internacional condenan a Chávez por mesiánico y autoritario, pero en Venezuela, y bajo su gobierno, se realizan las elecciones menos cuestionadas y más limpias de su historia. Y si no le va bien, lo acepta. Lo paradójico es que la llamada oposición “democrática”, en cambio, no acepta los resultados cuando pierde y denuncia fraudes que no existieron. Estas elecciones legislativas en Venezuela, donde Chávez no obtuvo los resultados que esperaba, sirvieron para demostrar que la oposición no es tan democrática como dice y que Chávez es más democrático de lo que lo acusan.

En Venezuela se da el momento más candente de esa discusión, que se repite también aquí en Argentina, que tuvo un papel tan protagónico en la crisis ecuatoriana. De hecho, la convocatoria de presidentes en Buenos Aires no fue solamente porque Néstor Kirchner fuera el secretario general de la Unasur sino también por el peso y la iniciativa de la presidenta Cristina Fernández que se mantuvo en comunicación permanente con los demás mandatarios y con el mismo Correa. Fue Correa el que le pidió al canciller Héctor Timerman que se organice la reunión de cancilleres en Quito. La Presidenta apenas había llegado de su viaje de Nueva York, donde asumió al frente del G-77, lo que pone a la Argentina en un momento iné-dito en su historia en cuanto a la inserción internacional. El ex presidente Néstor Kirchner es secretario general de la Unasur, la presidenta Cristina Fernández es titular del G-77 y además el país es miembro del G-20. Ese protagonismo implica reconocimiento tanto en el plano de la economía como en el político.

En toda la crisis ecuatoriana se sintió la ausencia de Lula, que está en los últimos días de su presidencia y al fin de la campaña de su candidata Dilma Roussef. Lula está soportando un fuerte ataque de los grandes medios de comunicación. Durante los primeros cuatro años de su gobierno, los grandes medios publicaron decenas de denuncias de corrupción, lo acusaron de borracho y de incapaz y voltearon a algunos de sus colaboradores más cercanos. En el segundo período, Lula anunció que no buscaría la re-reelección y entonces lo dejaron tranquilo. Total Dilma Roussef apenas medía alrededor de siete puntos. Cuando las encuestas empezaron a dar cuenta del crecimiento de la candidata del PT, los grandes medios reaccionaron y salieron a destrozarla. En ese momento Roussef ganaba en primera vuelta. Entonces hubo una catarata de denuncias de corrupción y ataques por el cáncer que superó y por su “carácter autoritario”, y la hicieron bajar tres o cuatro puntos en las encuestas. Ya no da como ganadora segura en primera vuelta y podría haber ballottage. En ese contexto, Lula salió en defensa de su candidata y acusó a la corporación mediática de ser la verdadera oposición no declarada. “Si son honestos, tienen que decir que ustedes son la oposición”, les dijo Lula. Ahora le llueven editoriales donde lo acusan de ser la gran bestia parda del Brasil, una especie de Chávez luso-parlante, enemigo de la libertad de prensa.

Esta situación planteó en Brasil un debate que en la Argentina ya ha generado gran revuelo con la ley de servicios audiovisuales. “No puede ser que en nuestro país seis o siete familias controlen la gran mayoría de los grandes medios”, denunció Lula. Y, vaya la coincidencia, también se está dando en Ecuador ese debate a partir del proyecto de Ley Orgánica de Comunicación impulsado por el gobierno de Rafael Correa, que ya provocó por supuesto el ataque de los grandes medios. En ese sentido, en Ecuador se acusa a esos medios de haber instaurado el clima de agitación que llevó al amotinamiento policial.

Pagina12

viernes, 1 de octubre de 2010

Apablaza, con asilo político

La Comisión Nacional de Refugiados (Conare) le otorgó asilo político a Galvarino Sergio Apablaza Guerra, como lo solicitaron los organismos de derechos humanos. Su extradición era reclamada por el gobierno chileno de Sebastián Piñera por ser el presunto autor intelectual del secuestro de un empresario y del asesinato de un senador chileno. Ayer, tanto el titular de la Corte Suprema chilena como el gobierno se habían pronunciado en contra de que le dieran la condición de refugiado político. El presidente del Senado chileno se reunió con el vicepresidente Julio Cobos y dijo que esa decisión iba a “atentar contra las relaciones” entre Chile y la Argentina.

Apablaza está acusado en Chile de ser el supuesto autor intelectual de del asesinato del ex senador derechista Jaime Guzmán Errázuriz, colaborador de la dictadura de Augusto Pinochet, y de haber participado del secuestro del empresario de medios Cristian Edwards. Los dos hechos ocurrieron en 1991. Apablaza fue arrestado en 2004 y luego dejado en libertad. Negó todos los cargos en su contra y señaló que no existían pruebas. El juez Claudio Bonadío negó en primera instancia la extradición y su fallo fue apelado.

El pedido de extradición fue revitalizado por la llegada de la derecha al poder en Chile y escaló hasta la Corte Suprema argentina, que concedió la extradición, pero aclaró que esa resolución quedaría anulada si se le concedía a Apablaza el status de refugiado político. El ex guerrillero del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) había solicitado asilo político en la Argentina hacía más de seis años. Las Abuelas de Plaza de Mayo, el Serpaj, Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora, HIJOS, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, el Instituto de Relaciones Ecuménicas, Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, el CELS, el MEDH y la Liga por los Derechos del Hombre pidieron que se le concediera el status de refugiado político por ser “un luchador contra la dictadura de Pinochet”. También abogó por Apablaza el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel.

Ante una inminente decisión de la Conare, todas las instancias del Estado chileno ejercieron presión ayer sobre el gobierno argentino. Desde la cabeza del Poder Judicial, el presidente de la Corte Suprema chilena, Milton Juica, sostuvo que “sería lamentable que, por razones solamente políticas, se negara una extradición para que una persona se presente al país y explique, justifique o demuestre si ha tenido participación en un hecho punible”. El titular de la Corte –que pareció pasarse por alto el principio de presunción de inocencia– aseguró que Apablaza tendría allí “un debido proceso”, que estaban dadas las condiciones “de sobra”. “Los tribunales competentes y las más altas autoridades jurisdiccionales de Chile y la Argentina han declarado que procede la extradición”, insistió.

El titular del Senado, Jorge Pizarro, sostuvo que “una respuesta negativa a la extradición va a atentar contra las relaciones que tenemos con la Argentina por cuanto significaría un desconocimiento del funcionamiento pleno del Estado de Derecho en Chile”.

Pizarro se reunió ayer con el vicepresidente Julio Cobos, a quien le entregó un proyecto de acuerdo aprobado por unanimidad en la Cámara alta chilena en respaldo a la extradición.

El Ejecutivo chileno también envió ayer mismo un escrito a la Conare en el que solicitó que se le negase el asilo político y advirtió que lo consideraba un “asunto de Estado” y que no encontraba “explicación razonable alguna” para el asilo. Advirtió “que en caso de que se conceda el asilo, se afectarían los derechos legítimos de Chile”.

La Conare es un órgano interministerial del gobierno nacional del que participan el Ministerio del Interior, el de Justicia, el de Desarrollo Social, la Cancillería, el Inadi y un representante del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), este último con voz pero sin voto. Sus miembros definieron por unanimidad darle el asilo político a Apablaza en una reunión que estaba prevista hace semanas, según informó la agencia oficial Télam. El acta del encuentro es confidencial. Luego informaron a la Justicia y al abogado de Apablaza, Rodolfo Yanzón.

Pagina12

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