martes, 17 de julio de 2012

NORMA GIARRACCA: ¿Por qué protestan los estudiantes?

17/07/2012


Por Norma Giarracca *


Las “tomas” y protestas de los estudiantes de los colegios secundarios de la UBA realizadas la semana pasada se convirtieron en un tema de los medios de comunicación y las redes sociales. Los jóvenes enunciaron como demandas principales lograr un comedor estudiantil no privatizado, contar con buena alimentación y, en el Nacional de Buenos Aires, agregaron la solidaridad con un no docente de 78 años. La cantidad de críticas, burlas e interpretaciones irónicas de periodistas en ciertos medios y de otras personas que se expresan en las redes sociales motivaron esta breve reflexión.

No hay dudas de que vivimos momentos de pasajes, de transiciones societales así como epistémicas (modos de ver el mundo), tal como hace años nos advirtió Boaventura de Sousa Santos. En esas transiciones conviven dos o más paradigmas sin que alguno tenga necesariamente la hegemonía de la visión de lo que nos ocurre. Vivimos momentos de bisagras.

Los jóvenes ponen en acto algo que el “sentido común” vigente en cuanto a protestas (de izquierdas o derechas) no contempla y que irrita a quienes no pueden percibir o adaptarse a los aportes interculturales en relación con las transformaciones que el mundo expresa con una intensidad inusitada. Los jóvenes tienen mayores posibilidades de hacerlas suyas y oponerse al statu quo porque aún mantienen mucho de “rebeldía” (y poco de resignación) en sus subjetividades. Esto puede observarse en todo el mundo y no hacen falta mayores explicaciones. Los estudiantes secundarios de la UBA se atreven a pedir que la institución no privatice con fines de lucro sus espacios y que recupere la idea de “bien público”, es decir servicios que no buscan la ganancia sino satisfacer necesidades. Pero además se atreven a pedir que les otorguen alimentos sanos, lo cual supone cuestionar la comida denominada “chatarra” de la mayoría de los bares que se manejan con bajos costos y altos precios, como el manual neoliberal ordena. Y, como si esto fuera poco, demuestran solidaridad y “respeto” por un anciano.

Quienes los critican no pueden comprender estas demandas, es evidente que no están –permítasenos la metáfora– “formateados” para hacerlo: pedir bienes públicos, autogestión, comida sana (muy ligada al tema de los agroquímicos), solidaridad con una persona mayor; todo esto está fuera del sentido común que dejó instalado la cultura neoliberal. Algunos dijeron “está bien que pidan gas si tienen frío en invierno, pero un bar no privado y nutricionista...”. Otra crítica más interna dice “cómo pedir la permanencia de ese anciano no docente cuando a los profesores de más de 65 años los están obligando a jubilarse”. Dejamos de lado los comentarios que muestran rasgos autoritarios de nuestra sociedad que tanto preocupan, porque en algunos casos cuando hablan con los jóvenes se asemejan a ficciones de personajes separados no por una simple generación sino por varios siglos. De lo que se trata es de pedir por gas y todo lo que necesiten las escuelas secundarias y también las interesantes demandas de estos colegios; se trata de hacer entender que la jubilación es un derecho y no una obligación y, que como lo indica una ley de la Nación y fallos judiciales, los profesores pueden optar por quedarse hasta los 70 años y si alguno –docente o no docente– no tiene los aportes completos, pueden realizarse excepciones por solidaridad y respeto. Una cosa no debe sacar espacio a la otra. Las apuestas por los “bienes públicos” tanto como por los “bienes comunes”, la autogestión, la solidaridad, el respeto, los alimentos sin tóxicos y accesibles para todos, la educación pública en autorreflexión permanente, la “democracia sin fin” que supone “igualdad sin fin”, forman parte de esas bisagras que se van construyendo en estos tiempos de pasajes y que algunos se obstinan en negar.

* Profesora e investigadora de la UBA.

Fuente: Pagina12

lunes, 16 de julio de 2012

DEBATES: Una nueva izquierda

16/07/2012


Por Ezequiel Adamovsky *



La izquierda anticapitalista llegó a ser un movimiento político de masas, hace más de un siglo, porque combinaba tres elementos cruciales. Por un lado, la lectura de la realidad que aportó echaba luz sobre las relaciones sociales opresivas, hasta entonces oscurecidas bajo el manto de la ideología. Por otro lado, ofrecía un proyecto de reconstrucción de la vida social enormemente atractivo: la idea de eliminar las divisiones de clase y planificar racionalmente la producción parecía no sólo mejor, sino perfectamente posible. Por último, la izquierda tenía un abanico de estrategias de organización y de lucha que parecían viables y apropiadas para llevarnos desde ese presente de sufrimientos hacia el futuro soñado. Diagnóstico, visión de futuro y estrategia se combinaron, dándole al movimiento anticapitalista una fuerza imparable.

Desde mediados del siglo XX, sin embargo, su vitalidad se fue apagando. Este desenlace tuvo que ver con el fracaso de las experiencias que, como la de la URSS, no condujeron al futuro deseado sino, por el contrario, a sociedades incluso más opresivas que el capitalismo. Pero también, fuera de los países “socialistas”, con el desempeño de las organizaciones anticapitalistas, que con mucha frecuencia adquirieron una lógica sectaria, que apuntaba más a la conservación de sus pequeños aparatos y sus élites, que a cambiar el mundo. Más aún, la vida interna de muchas de esas organizaciones reproducía, en pequeña escala, las pautas de funcionamiento de las sociedades soviéticas: eran pequeñas dictaduras personales, con una burocracia dirigencial vitalicia que mantenía a sus militantes bajo un estricto control disciplinario. Desde esta lógica eran incapaces de vincularse con luchas concretas y, cuando lo hacían, era sólo para llevarlas a derrotas. Así, las perspectivas anticapitalistas siguieron (y siguen) siendo atrayentes como diagnóstico de los males sociales. Pero tanto la visión de futuro como las estrategias que proponían cayeron en un justo descrédito: nadie que fuera sensato podía confiar en ellas.

A partir de esta crisis de paradigmas, en las últimas décadas el movimiento anticapitalista viene explorando caminos para recuperar la vitalidad. Por supuesto, persisten las organizaciones más tradicionales, pero junto a ellas fueron surgiendo numerosas iniciativas de una nueva izquierda. Inicialmente un puñado de colectivos u organizaciones pequeñas y de alcance local, con escasas posibilidades de articulación más amplia y de incidencia en la vida política, en los últimos 15 años vienen desarrollándose y planteando sus propias búsquedas. Los debates que animó el movimiento (mal llamado) “antiglobalización”, desde el alzamiento zapatista de 1994 hasta los movimientos de “Indignados” y “Ocupantes” de la actualidad, pasando por el Foro Social Mundial, han planteado interesantes aportes en las dos zonas de carencia: la visión de futuro y la estrategia para alcanzarlo. Uno de los grupos más interesantes es el que gira en torno de la red de Znet. Con Michael Albert, Lidia Sargent y Noam Chomsky a la cabeza (puentes entre la nueva izquierda norteamericana de los años ’60 y la generación actual), este grupo viene planteando modelos concretos de organización de una sociedad no-capitalista que se alejan, al mismo tiempo, del ethos productivista y autoritario del socialismo tradicional. Tras años de discusiones, acaban de lanzarse al armado de una organización política de alcance global, la Organización Internacional para una Sociedad Participativa, que ya tiene más de 1500 miembros en 76 países (www.iopsociety.org/sp). Por ahora funciona como una red social de activistas horizontal y de libre asociación, pero pronto pondrá online herramientas para la deliberación y toma de decisiones, para favorecer la organización local “cara a cara” pero también la capacidad de llevar a cabo acciones de alcance global. Otras organizaciones forjadas en ese clima también comienzan a dar pasos, incluso en el terreno electoral, con la intención de salir del papel testimonial. La Coalición de la Izquierda Radical que obtuvo el segundo lugar en las elecciones griegas –con su fuerte impronta ecologista, feminista y “alterglobalizadora”– es un buen ejemplo. En nuestro país, varias agrupaciones participan de este tipo de búsquedas (el Frente Popular Darío Santillán y la Coordinadora de Organizaciones y Movimientos Populares de Argentina, Compa, son las de mayor alcance). A paso lento pero seguro, la izquierda anticapitalista va saliendo de su impasse.

* Historiador (UBA-Conicet).

Fuente: Pagina12

EDUARDO ALIVERTI: Desafíos falsos y verdaderos

16/07/2012


Por Eduardo Aliverti


Los dos diarios de circulación nacional más importantes dedicaron su relevancia de portada, el viernes pasado, al “desafío” lanzado por Moyano. Destacaron que habló de la “inseguridad”, su convocatoria a los trabajadores para repensar el voto del año próximo y el respaldo a Scioli, con el obvio subtexto de que el Gobierno se enfrenta a un problema mayúsculo o, por lo menos, a barullos de consideración. Pues vaya: ¿cuál es el tamaño del reto lanzado por un dirigente sindical que apenas cubrió la mitad del estadio de Ferro y que además ya venía de amontonar voluntades en Plaza de Mayo gracias al exclusivo aporte de camioneros y el cotillón de algunas agrupaciones de izquierda? El segundo puesto de la prensa lo ocuparon las idas y vueltas del primer mandatario bonaerense para hacer frente al pago del aguinaldo. Fueron alternándose ley de emergencia económica propia, adhesión a la nacional, recurrir a los bingos. Eso sí que es objetivo, pero con el pequeño problema de que los medios opositores afrontan una contradicción complicada. Deben proteger a su ¿todavía? gran esperanza blanca, contra Cristina, a costa de minimizar los errores político-administrativos del gobernador. Esas falencias –fuere que se interpreten de tal forma o, centralmente, como producto de decidir no cobrarles más impuestos a los que más tienen– acaban de pegar por debajo de la línea de flotación: jodieron el ingreso de cientos de miles de laburantes. Como dijo en reciente columna una colega del periodismo militante opositor, nadie llega a presidente dando lástima. ¿Cómo hacer que el kirchnerismo implote, si no hay una sola figurita que lo impulse? Magnetto ya probó con la cena en su casa, antes de las elecciones del año pasado. Le fue muy mal. Todo tiene el único sentido de los manotazos. Brasil liberó el ingreso de autos, papas y otros productos, después de que el intrépido Guillermo Moreno flexibilizara importar máquinas agrícolas, autopartes y carne de chancho. No fue noticia, como sí acontece cada vez que los choques comerciales con Brasil son presentados cual si se tratara de peligrosísimos entuertos en la relación bilateral. ¿Y acaso el mercado inmobiliario no se caía a pedazos, para enterarnos de que los empresarios del rubro asumieron que no habrá marcha atrás y que deben pesificar las operaciones?

Lo concreto es que la ausencia de novedades profundas no significa dejar de inquietarse por la eventual acentuación de los movimientos opositores. Inquietud, vale subrayar. No preocupación. Ni Moyano ni Scioli –si ya quiere verse al segundo como definitivamente enfrentado al gobierno nacional– representan una acechanza grave sobre el liderazgo de Cristina. Tampoco Macri, quien no se cansa de demostrar que es un inútil, por ahora, a toda prueba. Sea por acción propia u omisión ajena, o ambas cosas, está claro que la Presidenta continúa siendo apreciada como la única figura capaz de ejercer el comando del país. Es diferente si hablamos acerca del Frente para la Victoria, en cuanto a su potencia como fuerza nutriente y movilizadora que asegure el rumbo parido a comienzos de siglo e iniciado por Kirchner en 2003. Según el ojímetro de este mero comentarista, no da para obsesionarse con la sucesión ni para hacer la plancha. Lo primero, porque todavía falta mucho rato hasta determinar quién expresaría mejor, como referencia personal, la continuidad del modelo. Eso depende de ver andar los pingos, mientras no se pierda de vista que andarán según vaya a ser el sustento entusiasmante que provea el oficialismo. Alguien similar a Cristina es bien difícil de conseguir, de modo que el desafío –en esto sí que cabe la palabra– es francamente complejo. Pero hay tiempo. Ni mucho ni poco. Lo segundo, el evitar echarse panza arriba por el solo hecho de que los contendientes no alcanzan para juntar un equipo de fútbol de salón, estaría descartado porque no forma parte del ADN oficialista. El kirchnerismo siempre avanza mejor, más poderosamente que el resto. A veces con eficacia, otras a los tumbos y, quizás en la mayoría de las oportunidades, por su capacidad de contragolpe y la hibridez opositora alrededor de quejas y denuncias que son tan convulsivas como intermitentes. No las militan. Se suceden unas a otras eliminándose entre sí. ¿Dónde quedó que el país se iba al diablo por las restricciones al dólar o por las presuntas andanzas de Boudou? ¿Dónde está que Moyano tiene atributos para conmover al país por vía del vigor de su gremio, de dejar a la Capital llena de basura sin recoger, de taponar el surtimiento de productos esenciales y, gracias a todo eso y más, mucho más, desestabilizar al Gobierno? ¿A quién le mueve un pelo la fractura formal de la CGT, sin perjuicio de que el astillamiento representativo jamás puede ser beneficioso para los trabajadores? En todo caso, aunque no sea sorpresa, sí cobran dimensión los sucesos de la provincia de Buenos Aires, porque es una trama enroscada cuyas consecuencias son dificultosas de acertar. Hay afectación en el bolsillo de franjas populares y clase media, y el gobernador no quiere defenderse de las acusaciones por mala gestión. Sus funcionarios se atrincheran en el argumento de que el problema es estructural, debido a cómo se reparte la coparticipación impositiva. Los números demuestran lo contrario, porque hablan de una portentosa asistencia nacional; pero bajo cualquier explicación es insólito que no se haya previsto, o anunciado, el cuello de botella que atravesarían las finanzas provinciales. El clima social se espesó. Y el punto es cómo hará el kirchnerismo para remarcar diferencias con Scioli, o con lo que Scioli escenifica ideológicamente, sin que eso signifique dispararse a los pies habiendo de por medio nada menos que el territorio bonaerense.

A esta altura, carece de importancia si el chispazo lo provocó la boqueada del gobernador cuando anunció sus intenciones presidencialistas. Para la Casa Rosada, es indesmentible que el cometido sciolista va a contramano del modelo oficial. Que simboliza una alianza con los sectores más concentrados y conservadores, valga el pleonasmo. Y que no tiene retorno. Hasta ahora, la popularidad de Scioli, cimentada en su imagen de buen tipo, voluntarioso, no conflictivo, claro que bajo el amparo de las políticas distributivas de la Nación, indujo a que el kirchnerismo se cuidara de salirle con los tapones de punta. Lo hicieron algunos mastines con los que siempre debe contarse, pero nada más. Por las causas que fueren, se adelantó la exposición pública de un choque ideológico inevitable. La comprensible táctica de Néstor de juntar a (casi) todos porque era la única manera de articular poder... quedó allá, lejos, en los comienzos y mediados de la administración. Lo que resta apreciar, para ser justificadamente reiterativos, es cómo se las arreglará Cristina a los fines de marcar una cancha donde tiene que tirar los centros y, al mismo tiempo, rechazarlos. No es un duelo menudo. Requiere de firmeza inquebrantable, en la convicción de que no hay otro camino que éste si se pretende enfatizar cierta reparación de las mayorías populares. Parecería que esa seguridad de la Presidenta no debe ponerse en cuestión, pero habrá que ver cómo la implementa. De acuerdo con el gusto que este cronista manifestó varias veces, el Gobierno, tan sin prisa como sin pausa, debería abrir juego de un modo en que la comunicación y acciones oficiales no pasen, exclusivamente, por la figura presidencial. Una cosa es que los líderes sean imprescindibles. Y otra, que el único recurso consista en ellos.

Fuente: Pagina12

Para evitar más fugas de represores

Eduargo Alfonso, prófugo.
16/07/2012


Representantes de organismos de derechos humanos le solicitaron al Estado nacional que tome medidas para evitar fugas entre los represores sospechados de cometer delitos de lesa humanidad. En un documento conjunto, representantes del Centro de Estudios Legales y Sociales, Abuelas y Madres de Plaza de Mayo (Línea Fundadora), H.I.J.O.S. y de la agrupación Kaos le pidieron a la Comisión Interpoderes –integrada por los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, además de la Procuración General– “la adopción de las medidas pertinentes, en el ámbito de su competencia, para reducir las posibilidades de que estas situaciones se repitan”.


En el informe que presentaron, los organismos consideraron la existencia de algunos inconvenientes en los procesos de juzgamiento de miembros retirados y ex miembros de las Fuerzas Armadas sospechados de haber participado en violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura que se tradujeron en “repetidas evasiones de la Justicia”. Según la Unidad Fiscal de Coordinación y Seguimiento de la Causas por violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura, son 71 los represores que se encuentran prófugos. Las exigencias que conlleva el documento tienen que ver con “decisiones que involucran a dos de los tres poderes: el Ejecutivo y Judicial”, dijo a este diario el abogado de Abuelas de Plaza de Mayo, Alan Iud: aplicación de justicia y decisión política.

Los casos del represor Eduardo Alfonso, acusado de participar en el asesinato de Antonio García y en el secuestro de su mujer embarazada, en 1977, y que salió del país dos días antes de que la Sala II de la Cámara Federal de Casación Penal anulara su sobreseimiento; o del ex policía Juan Miguel Wolk, quien se fugó mientras se encontraba bajo arresto domiciliario, fueron algunos de los que los organismos consideraron útiles para ejemplificar, ante la Comisión Interpoderes, su aseveración de que “ciertos aspectos relevantes que entrañan el juzgamiento de estos crímenes fueron desatendidos, o bien con el propio avance de los procesos se fueron detectando nuevos problemas”.

Son dos, básicamente, las “graves deficiencias” que exigen atender: los regímenes de arresto domiciliario con que la Justicia benefició a algunos imputados por delitos de lesa humanidad, y las decisiones judiciales que revierten la libertad de otros. En cuanto al primero, los organismos reclamaron “la adopción de las medidas pertinentes para establecer mecanismos de control regulares” sobre tal herramienta de la Justicia y destacaron como “experiencias positivas” la verificación del cumplimiento del arresto domiciliario por medio de “visitas sorpresivas” y periódicas de secretarios y personal de los tribunales o por el Patronato de Liberados “hasta tanto se adopten mecanismos estables y consistentes de control”.

El segundo inconveniente apunta a “la revocación de decisiones jurisdiccionales sobre el fondo de los hechos sometidos a proceso, como la falta de mérito, el sobreseimiento o la absolución, o bien la revocación de decisiones que versan específicamente sobre medidas cautelares, como la revisión de excarcelaciones o arresto domiciliario”. Según apuntaron los organismos, “las reglas procesales (...) otorgan certeza a los imputados acerca de en qué momento puede dictarse una medida restrictiva de su libertad personal, restándole la cuota de ‘sorpresa’ necesaria que toda medida de ese tipo requiere para no perder eficacia”.

Además de incentivar a los miembros de la comisión creada por la Corte Suprema a posar su atención en aquellos dos puntos, los representantes de los organismos que firmaron el documento (la presidenta de Abuelas, Estela de Carlotto; Marta Vázquez, de Madres Línea Fundadora; el director ejecutivo del CELS, Gastón Chillier; Enrique Pastor, en representación de H.I.J.O.S.; y Rodolfo Yanzón, de Kaos) propusieron algunas posibles soluciones, como la comunicación de las decisiones revocatorias de la libertad, sobreseimientos o absoluciones al juzgado de instrucción o tribunal oral a cargo del imputado “antes de que las partes sepan de qué se va a tratar, como para que la Justicia tenga más tiempo de actuar”, mencionó Iud. También deslizaron, como otra de las posibilidades, la prohibición de la salida del país a los imputados mientras las causas a decisión desvinculatoria no se encuentren firmes.

Por su parte, la Procuración General elaboró un instructivo para que los fiscales profundicen su comunicación con autoridades migratorias con el objetivo de reducir las posibilidades de que los imputados bajo detención domiciliaria –no sólo aquellos condenados por delitos de lesa humanidad– se fuguen del país. El documento se basó en el informe de la Unidad Fiscal sobre la cantidad de condenados por violar los derechos humanos que están prófugos, el mismo que utilizaron los organismos de derechos humanos en el documento que enviaron a la Comisión Interpoderes.

Fuente: Pagina12

domingo, 15 de julio de 2012

HORACIO VERBITSKY: Para hacer juSSticia

La renovación de la justicia federal ha seguido avanzando, pero entre las nuevas propuestas también hay casos injustificables: un coleccionista de parafernalia nazi, un heredero de Romero Victorica, el autor de un tratado en colaboración con un acusado por crímenes de lesa humanidad. El Senado puede corregir esas aberraciones. Los proyectos de Moyano y Scioli y las expresiones de deseos del cardenal Bergoglio.


Por Horacio Verbitsky

Las propuestas oficiales para ocupar altos cargos en el decisivo fuero federal constituyen un preciso mosaico del estado de situación en la Justicia, donde los saludables aires de renovación coexisten con las aguas estancadas de la manipulación, las ideologías reaccionarias y las operaciones de inteligencia. Luego del fallido intento por designar al Procurador General Daniel Penoso, el Poder Ejecutivo escogió a la fiscal general Alejandra Gils Carbó, quien concitó el apoyo de un centenar de organizaciones de importancia y apenas cinco presentaciones de rechazo. Una por parte de la agrupación de abogados de la calle Montevideo, un pequeño pero poderoso grupo de lobby que reúne a ex funcionarios judiciales de la dictadura militar con letrados que litigan contra el país en el CIADI, representando a empresas trasnacionales. Otra, firmada por la diputada Elisa Carrió, en uno de sus esporádicos intentos por regresar con algún estrépito de su ostracismo político. Todo parece indicar que su pliego obtendrá con holgura los dos tercios del Senado que se requieren para acceder al cargo que durante los años pasados prestigió Esteban Righi. Esta designación es coherente con el proceso iniciado en 2003 desde la renovación de la Corte Suprema de Justicia, que sigue siendo el punto institucional más alto que puede ostentar la Argentina. La alocución con que Ricardo Lorenzetti abrió el año judicial el 6 de marzo de 2012, expuso un modelo de justicia coherente y progresista como los tribunales argentinos no habían conocido antes.


Seis años después



Entre los pliegos que la semana pasada ingresaron al Senado están también los de cuatro jueces federales de la Capital, seleccionados luego del concurso 140 que se extendió durante nada menos que seis años. Fue convocado para sustituir al destituido juez Juan José Galeano pero en 2005 ninguno de la treintena de postulantes rindió el examen en forma satisfactoria. Cuando volvió a convocarse, en 2008, se habían sumado otras tres vacantes en el mismo fuero. El concurso también estuvo paralizado a raíz de una denuncia del juez federal Daniel Rafecas y de una nota del diario La Nación, que dieron lugar a una causa judicial en la que se investigó si los jurados habían adelantado los temas a dos de los candidatos. Uno de ellos, Carlos Ferrari, incluyó de memoria en su escrito 43 citas de sentencias de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, lo cual fue considerado imposible por el experto en esa jurisprudencia Alejandro Carrió. El otro, Luis Osvaldo Rodríguez, había pedido días antes del examen el fallo del juzgado de Rafecas en un caso similar al que le tomaron en la prueba, sobre un robo de monedas. No obstante, la jueza federal María Servini absolvió a ambos: a Ferrari porque había hecho todos sus estudios desde el primario en Estados Unidos y era un lector habitual de jurisprudencia de la Corte; a Rodríguez porque no había pedido sólo ese fallo, sino muchos otros, estudiando para el examen. Por último, el Consejo de la Magistratura elevó una terna que incluyó en primer lugar a Marcelo Martínez de Giorgi, quien tuvo una destacada labor en juicios por crímenes de lesa humanidad como secretario de la Sala II de la Cámara Federal, y que en los últimos años ha sido titular interino de dos de los juzgados vacantes; seguido por el secretario Juan Pablo Salas, juez interino en Morón y el juez de Quilmes Marcelo Goldberg. También agregó una nómina complementaria integrada por Rodríguez; el secretario del juzgado de Rafecas, Sebastián Ramos, y el de la Sala I de la Cámara, Sebastián Casanello. El Poder Ejecutivo envió al Senado los nombres de Martínez de Giorgi, Ramos, Casanello y Rodríguez.


El hombre de la svástica



Los tres primeros son inatacables. En cambio, Rodríguez fue impugnado por el CELS y no sólo por las sospechas de que consiguió información sobre el concurso en forma anticipada. Ex secretario del ministro de la Corte menemista Rodolfo Barra y de estrecho vínculo con los trillizos Fernández que desde la SI realizan una política judicial paralela, también fue objetado su desempeño como juez de la causa por el asesinato de Mariano Ferreyra: no admitió como querellante a la madre de la víctima, dilató cuanto pudo las indagatorias y detenciones de los acusados y no mostró diligencia para investigar posibles sobornos o tráfico de influencias entre imputados del caso Ferreyra, intermediarios y jueces de la Cámara Nacional de Casación Penal. Sus demoras pese a la insistencia del fiscal hicieron que se perdieran los mensajes de texto de los imputados, ya que la empresa telefónica sólo los conserva durante noventa días. Con las pruebas ya disponibles, el fiscal Sandro Abraldes pidió la detención del vicepresidente del ferrocarril Belgrano Cargas, Angel Stafforini, quien habría puesto el dinero para comprar la libertad del secretario general de la Unión Ferroviaria José Pedraza, del agente de la SI Juan José Riquelme, quien habría negociado el monto a pagar, del ex juez interino Octavio Aráoz de Lamadrid, quien hizo el contacto con la Cámara de Casación, del prosecretario de ese tribunal Luis Ameghino Escobar, quien habría adulterado el sorteo para que cayera en la sala de los jueces Eduardo Riggi, Wagner Gustavo Mitchell y Mariano González Palazzo. Según el fiscal no es posible descartar que también esos camaristas “hayan tenido participación en los hechos, sea a través de la recepción de dádivas o de la aceptación de promesas de esa naturaleza”. Los dos últimos ya renunciaron. Si esto no bastara para descalificar a Rodríguez, colegas suyos en tribunales e incluso miembros de su familia que pidieron reserva de su nombre, dijeron que recién al presentarse al concurso, Rodríguez sacó de su casa una colección de objetos nazis, que guardaba en un cuarto acondicionado al efecto, con una vitrina de grandes dimensiones. Incluía medallas de condecoraciones, dagas, cuchillos y libros. El juez ofreció esas posesiones comprometedoras a dos casas especializadas: Militaria Martínez, de la Galería Larreta, en Florida al 900 y la armería Miranda, de Bartolomé Mitre y Paraná. Rodríguez dejó sus tesoros en consignación y ambas casas los ofrecieron a otros conocidos coleccionistas, uno de los cuales es un arquitecto que lo confirmó para esta nota. Ante una pregunta acerca de si Rodríguez no podría ser un coleccionista interesado en todo tipo de objetos de la Segunda Guerra Mundial, las fuentes próximas al juez lo negaron: “Sólo del nazismo”.


Las amapolas de San Martín



Otra situación de equivalente gravedad se produjo en el Juzgado Federal Civil, Comercial y Contencioso Administrativo número 1, de San Martín. En forma interina está a cargo el secretario de la Cámara de Apelaciones, Oscar Alberto Papávero, quien ha realizado las sobreactuaciones necesarias para ser postulado, pese a su poco recomendable trayectoria. En los últimos meses, rechazó un amparo para comprar dólares con un crédito hipotecario y negó el aumento del abono de Cablevisión. El currículum que Papávero presentó al Concurso 203 del Consejo de la Magistratura, indica que fue designado secretario de la fiscalía de San Martín por Juan Martín Romero Victorica, quien trabajaba junto con el entonces funcionario de la Procuración General Alfredo Bisordi en la causa Born. De allí pasó a actuar como secretario del juez Carlos Enrique Luft, cuyo nombre figura en la lista del Personal Civil de Inteligencia del Estado que el Ejército hizo pública. Por último, fue designado secretario de la Cámara Federal de San Martín. Romero Victorica y Luft llevaron a cabo una maniobra que el montonero arrepentido Rodolfo Galimberti le ofreció al ex secretario de Justicia César Arias, para apoderarse de parte del dinero que el Estado había pagado como indemnización a la familia Graiver. Aduciendo que los bienes de la familia Graiver incautados durante el gobierno militar habían sido adquiridos con fondos del rescate de los hermanos Born, el fiscal solicitó, y Luft concedió, primero un embargo y luego el secuestro de la última cuota que el Estado Nacional se había comprometido a pagar a la familia. Arias congeló los pagos y los Graiver acordaron repartir la suma pendiente, como única forma de cobrar algo. Entonces juez y fiscal tramitaron ante el Poder Ejecutivo el desbloqueo de los fondos. Pero no fueron al Tesoro Nacional, como le habían hecho creer al ingenuo Arias sino a Jorge Born, quien con los 16 millones de dólares que recibió, formó una sociedad con Galimberti. Arias denunció a Luft y dijo que se habían pagado comisiones con dineros públicos. Un grupo de organismos defensores de los derechos humanos están haciendo circular una nota consignando su preocupación. Mencionan “la falta de antecedentes académicos y jurídicos, la ausencia de publicaciones periodísticas, obras literarias o conferencias sobre temas jurídicos” de Papávero. Luego de valorar “los avances logrados para elevar jurídica, moral y humanamente el nivel de nuestra judicatura” señalan que “personajes como Papávero se mimetizan en el sistema democrático y desde las sombras resisten los cambios que la sociedad reclama para avanzar en la construcción de un país con dignidad para todos”. Agregan que del currículum de Papávero “no surge vinculación alguna y mucho menos compromiso con causas relacionadas con los derechos humanos” y que los antecedentes que consignó al concursar no pasan de una página, “referidos a tareas relativas a su cargo de Secretario y en la Superintendencia Administrativa y de capacitación del personal judicial, sin concurso”. En cambio “no hizo postgrados ni cursos universitarios o terciarios y en los que participó obtuvo un pobrísimo orden de mérito: 23 y 19”. Tampoco registra “trabajos escritos ni artículos ni obra jurídica alguna y ni se le conoce haber participado en alguna disertación jurídica”. Como juez subrogante, designado sin concurso en 2010 “demostró reticencia o ha puesto obstáculos en causas de ciudadanos extranjeros que tramitan la naturalización argentina poniendo en práctica criterios propios de la derogada ‘Ley Videla’, contradiciendo de esa manera la letra y el espíritu de la política migratoria amplia” vigente. La preocupación de los organismos se centra en los archivos de ese juzgado, donde hay “numerosas causas relacionadas con la dictadura militar”, esenciales “para las investigaciones en los juicios por delitos de lesa humanidad”. Ante una solicitud del Archivo de la Memoria, Papávero “no ha propuesto ninguna acción conservatoria de esos expedientes ni ha tomado contacto alguno con los organismos de derechos humanos”. Papávero designó como auxiliar a su hijo Sebastián y a Federico Fernández, sobrino de Javier Fernández, el hombre de Barra en la AGN, devenido en poderoso operador judicial para cualquier gobierno. Papávero se llevó como custodia personal a la novia de Federico, una mujer policía bonaerense que atiende tras de rejas, una imagen sugestiva de las contrariedades que sufre en San Martín la posibilidad de democratizar la justicia.


Bahía gris



La misma ilógica preside la propuesta como fiscal general de la Cámara Federal de Bahía Blanca de Alejandro Salvador Cantaro, en detrimento de Gabriel Darío Jarque, quien fue secretario de esa fiscalía durante la titularidad de Hugo Cañón y en la actualidad es defensor oficial. Cantaro escribió Lecciones de Derecho Penal en colaboración con Hugo Mario Sierra, detenido y suspendido como docente en la Universidad Nacional del Sur por 39 hechos considerados crímenes de lesa humanidad mientras fue secretario del destituido y prófugo juez Guillermo Federico Madueño, quien murió en la cárcel. Durante la noche Madueño planificaba con el general Adel Vilas los operativos de la represión. Sierra tomó declaración a detenidos que denunciaron torturas pero no inició acciones al respecto y en cambio dio por buenas las declaraciones autoincriminatorias que habían prestado en esas condiciones. En cambio Jarque contaba con el apoyo de Cañón y de Adolfo Pérez Esquivel, quienes destacaron su “empeñoso trabajo buscando el avance y desarrollo de los juicios por delitos de lesa humanidad y su comprometida actuación en la prevención y denuncia de la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos y degradantes”. También aportó “antecedentes, fundamentaciones y argumentos” para que Cañón pudiera impugnar la constitucionalidad de la ley de obediencia debida y de los indultos, en 1988 y 1990. Con el apartamiento de Jarque, el gobernador Scioli y su ministro de Justicia y Seguridad, alcaide mayor penitenciario Ricardo Casal, se sacan de encima a un molesto investigador de los abusos contra personas privadas de su libertad en las cárceles bonaerenses y el gobierno nacional muestra una ligereza incongruente en su política en defensa de los derechos humanos.


Fuente: Pagina12

viernes, 13 de julio de 2012

TERRITORIOS INDIGENAS: La ONU exigió al Estado argentino el reconocimiento de territorios indígenas

El Relator Especial sobre los derechos de los pueblos indígenas de Naciones Unidas, James Anaya, solicitó al Estado argentino la suspensión de todos los procesos de desalojo de comunidades indígenas y la implementación de mecanismos efectivos para la demarcación y el reconocimiento legal de sus territorios.

De acuerdo a un informe, el Estado “ha realizado pasos importantes para reconocer los derechos de los pueblos indígenas en el país”, como las reformas constitucionales de 1994 en materia de pueblos indígenas, la aprobación de la ley 26.160, la ratificación del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo y la aprobación de la Declaración sobre los derechos de los pueblos indígenas de la ONU. Sin embargo, Anaya destacó en su evaluación que “persiste una brecha entre el marco normativo establecido en materia indígena y su implementación real”.

El documento, que releva la información reunida por Anaya durante su última visita oficial a nuestro país entre el 27 de noviembre y el 7 de diciembre de 2011, sostiene también que la Argentina “debe adoptar medidas para prevenir, investigar y sancionar los actos de violencia, las amenazas e intimidaciones contra los miembros de pueblos indígenas, tanto por parte de funcionarios públicos como de particulares”.
En referencia a los emprendimientos agropecuarios y de desarrollo de industrias extractivas en territorios ancestrales, el Relator afirma que “se deben llevar a cabo consultas con las comunidades que puedan verse afectadas” con el objetivo de obtener “su consentimiento libre, previo e informado sobre los aspectos de estos proyectos que afecten sus derechos humanos”.

Para el director del área de Derechos Económicos Sociales y Culturales del CELS, Diego Morales, “el informe del Relator cobra especial relevancia en un contexto en el que distintas comunidades indígenas de nuestro país son sometidas a continuos desalojos de sus tierras, como la comunidad diaguita de Indio Colalao la semana pasada en Tucumán. Además, el informe de Anaya contempla aristas comunes que presentan los diversos conflictos por las tierras indígenas; como la cesión de tierras tradicionales a particulares por parte del Estado, la ocupación de territorios por familias criollas que desarrollan actividades económicas que afectan el modo de vida de las comunidades que sucede en provincias como Formosa y Salta, y la ausencia de delimitación y titulación completa del territorio”.


Fuente: Diario El Comercial

jueves, 12 de julio de 2012

LOS MENORES SIEMPRE SE MERECEN UNA NUEVA OPORTUNIDAD EN LA VIDA

12/0/2012

(MDT). La inseguridad ciudadana ha ingresado a los hogares de los argentinos y formoseños. Lo hizo masivamente a través de los medios de comunicación que ametrallan sin descanso cuanto episodio de sangre ocurre, en particular si supuestamente participaron menores en el hecho.

A toda hora los canales de televisión y radios opositoras al gobierno nacional muestran imágenes de supuestos vecinos auto organizados para suplantar a un estado pretendidamente ausente. A su vez, fogonean protestas de “ciudadanos” en conflictos harto dudosos como el de Cañuelas, donde sectores políticos afines al peronismo “federal” intentaron sin éxito destituir a la Intendente de la ciudad, quien ganó el cargo con el 60% por ciento de los votos, ante un hecho de venganza personal. El colmo ocurrió cuando un móvil de Todo Noticias cubría una presunta protesta ciudadana por ausencia de los estado cuando al mismo tiempo en las imágenes que transmitían se veían patrulleros por todo el barrio y, ante esas imágenes, el productor de TN ordenaba cambiar la toma.

Desde las movilizaciones impulsadas por el falso ingeniero Blumberg, esta avanzada mediática pretende hacernos creer a los argentinos que vivimos en el peor de los mundos. En esta apocalíptica versión de la realidad, la condición de joven es sinónimo de peligro social. Un menor es sindicado como drogadicto por el solo hecho de ser joven. Demás está decir que tal señalización es realizada por personas, políticos, sacerdotes y funcionarios, sin la mas mínima preparación científica para determinar quien “está drogado”.

La Convención sobre los Derechos del Niño, establece que ostentan esa condición todos los menores de 18 años. Por lo tanto, y en buen romance, quienes proponen como única e invariable solución a los problemas sociales, económicos y psicológicos la “mano dura” y la cárcel para los menores, deben admitir que quieren encarcelar niños. Por supuesto, las primeras víctimas serán los niños pobres, portadores de rostro oscuro y de una cultura diversa a la de los dueños de los medios dominantes. La ignorancia sobre las causas de los problemas sociales es, en la historia de la humanidad, la base del racismo. 

Por otra parte, se presentan proyectos legislativos a nivel nacional tendientes a bajar la edad de imputabilidad penal de niños en conflicto con la ley a 14 años. Más allá de la enorme restricción que existe a raíz de la vigencia de la Convención de los Derechos del Niño, incorporada en 1994 a la Constitución Nacional en el artículo 75 inciso 22, los autores de esos proyectos, al compas de “vecinos indignados” queriendo linchar al sospechoso, propondrán nuevamente bajar la edad al primer hecho cometido por otro menor de 14 años.

En 1976, cuando la noche oscura de la dictadura se abatió sobre los argentinos, la opinión de los medios y de los mismos sectores que hoy piden mano dura, determinó que si un joven, menor o no, era detenido, torturado y desaparecido era porque “algo habrá hecho”. Es una constante histórica: la saga “violencia”, “mano dura” y lesión al estado de derecho. Un principio es evidente:  los jóvenes siempre tienen derecho a una nueva oportunidad en el vida, y a otra mas también. Los cultores de la cárcel y el exterminio ya nos han hecho mucho daño a los argentinos. 

Los problemas de seguridad por supuesto existen. Lo que aquí se cuestiona es su magnitud. En un país en el que mueren ocho mil personas por año en accidentes de transito,  plantear el tema de los menores en conflicto con la ley penal como un tema único y excluyente, es errar el diagnostico. En especial porque las propuestas de mano dura vienen invariablemente asociadas a episodios individuales. Nadie duda que para los familiares de una víctima, su caso es el 100%, pero la política del estado en la materia no puede estar asociada a planteos caso por caso.

En el costado norte de la Patria.

En Formosa estos debates se han puesto en vigencia, en particular por casos ocurridos en la Capital provincial. El diputado del FPV Adrian Bogado presentó un proyecto legislativo tendiente a reformular los procesos penales que, conforme las crónicas periodísticas, propone dictar sin mas la prisión preventiva de un menor si este se niega a declarar. El artículo 18 de la Constitución Nacional parece haberse convertido en una pieza de museo.

Por su parte el Vicario de la Diócesis, Miguel Pezzuto propone combatir el flagelo  de la delincuencia y de la droga llevando compulsivamente a misa a los menores. ¿Qué palabras tendrán los numerosos padres y hogares de culto evangélico, judío e inclusive agnósticos y ateos que existen en la provincia, ante este evidente ataque a la libertad de culto?.

Por su parte, el Presidente del Superior Tribunal de Justicia, con buen tino, no habló de cárcel sino de “contención”, señalando la necesidad de mas infraestructura y cambios legislativos para encarar el problema. Pero ello tampoco alcanzará si los jueces, en particular del Juzgado de Menores, no se deciden a aplicar la ley, no solo a los menores justiciables y conforme a la legislación hoy vigente, sino a los propios responsables de hogares, familias sustitutas y demás efectores que perciben fondos del estado sin garantizar absolutamente el mínomo interés superior de los niños a su cuidado y guarda.

Los derechos humanos de los menores, en particular aquellos en conflicto con la ley penal, no se solucionan con cárcel, madre de todas la imposibilidades de reinserción social. Se solucionan con pleno empleo, igualdad real de oportunidades, erradicación de la pobreza y la exclusión, mas y mejores derechos. Para encarar estos problemas y debatirlos hace falta un elemento que está ausente en estos momentos: estadísticas que muestren cual es la gravedad real del problema. 

El ruido mediático destinado a “lijar” a los gobiernos no soluciona ni la vida de los menores  ni la seguridad de los vecinos.

miércoles, 11 de julio de 2012

MARIO RAPOPORT: Reviviendo una polémica sobre el Día de la Independencia

Por Mario Rapoport

Pocos meses antes de la crisis de 2001, más precisamente el 18 de julio, participé en una polémica sobre el Día de la Independencia que me gustaría rememorar, mencionando sólo las ideas expresadas en ella sin nombrar a sus interlocutores, porque las creo en plena vigencia y lo que vale es la discusión y no quién las dijo. En primer lugar, los participantes buscaban comparar el 25 de mayo con el 9 de julio y algunos afirmaban que el primero había sido un fenómeno revolucionario y el segundo un hecho más conservador. Lo que se discutía era que el 25 de mayo no significaba sólo la caída del rey de España sino también cubrir un vacío político poniendo en vigencia la soberanía popular como base de poder, mientras que el 9 de julio constituía un intento de control frente a la existencia de varias fuerzas provinciales centrípetas que planteaban sus propios proyectos, en especial Artigas en la Banda Oriental. Pero este tipo de análisis disminuye el valor de la guerra de la independencia, así como también el hecho de que la exigencia de declarar la desvinculación total de España vino del propio San Martín. De modo de sustentar que el país proclamara finalmente su autonomía política no tenía que ver con la sangre que entonces se estaba derramando para lograrla sino de un cálculo político interno.

Por otra parte, se afirmaba que San Martín no tenía un pensamiento progresista y por eso defendía como forma de gobierno la monarquía, cuando lo progresista en él era la idea misma de la independencia, que no estaba resuelta todavía en los campos de batalla y era boicoteada por muchos en Buenos Aires que le negaban su ayuda. Del mismo modo, cuando se comparaban los propósitos de San Martín con los de Alvear, bien llamado “carrerista de la revolución”, se señaló que la opción de aquellos que en aquel momento planteaban como fundamental no tanto la independencia sino la alianza con Inglaterra –algo que Belgrano llamaba “cambiar amo viejo por amo nuevo”– era progresista. Recordé entonces que el empréstito Baring, de 1824, con los ingleses, constituyó el comienzo de una relación subordinada que nació muy temprano en Argentina y llegó para quedarse. Y hubo quien me respondió (hoy parecería una afirmación sorprendente) que era un desarrollo progresista vincularse con el mercado financiero internacional. En el caso de aquel empréstito, y de la mayoría de los que vinieron después, eso no resultó cierto sino que significó, como lo reconoce la casi totalidad de los historiadores argentinos y extranjeros, una verdadera estafa para el país, porque no dejó beneficio alguno y dio comienzo a un largo proceso de endeudamiento externo.

Keynes, que del imperio al que pertenecía conocía mucho, señaló en un brillante artículo que la fortuna de Inglaterra se había basado en un fabuloso botín que Sir Francis Drake le robó a España apoderándose de una flota de la corona rival que transportaba oro y metales preciosos de América al Viejo Mundo: habría sido ese hecho el que permitió salvar al reino de Isabel I, entonces en bancarrota. Calculando el monto resultante, invertido a una tasa de interés compuesta razonable desde aquella época hasta comienzos del siglo XX, pudo ser también el inicio de la transformación de su país en un imperio económico y colonial (Ensayos de Persuasión). Creo que Keynes simplificaba con cierta ironía una realidad que se produjo y por una multiplicidad de medios, no sólo el saqueo de una flota, y entre esos medios estaba el empréstito Baring.

En la polémica se sostuvo también una idea peregrina: que la Argentina se enriqueció a pesar del endeudamiento y las relaciones desiguales. Y yo señalaba, por el contrario, cuánto más habríamos progresado si se adoptaban, al igual que otros países de desarrollo similar (Canadá, Australia), caminos distintos, como el de la industrialización y el de un mejor reparto de las tierras (incluyendo a numerosos inmigrantes), que no se hizo, quedando éstas en manos de una pequeña elite que se apropió del poder político y sostuvo por mucho tiempo un modelo exclusivamente agroexportador.

La polémica terminaba con la misma crisis que ya acechaba al país y allí planteamos una crítica al proceso de privatizaciones, sobre todo de Aerolíneas Argentinas, ya en bancarrota, y de YPF, que representaba un recurso estratégico fundamental, como lo notamos hoy. Pero aquellas ideas en torno de la independencia del país que se discutieron entonces, premonitorias de la crisis que unos meses después vivimos, formaban parte de una cultura histórica donde lo que prevaleció fue la subestimación de todo interés nacional o, más directamente, la cultura de vivir dependiendo de otros o sometiéndose a factores o condiciones externas.

Un documento secreto del Foreign Office de los años cuarenta decía sin tapujos que “las clases dirigentes argentinas se creían una parte integral de la economía europea” (F.O. 6-2-1942). Hecho que se reflejaba en aquella época en la famosa frase del vicepresidente Julio A. Roca (h), quien llegó a sostener durante la firma del Pacto Roca-Runciman que “la Argentina desde un punto de vista económico debía considerarse parte del imperio británico”. Pero fue en la década del ’90 que los planteos de subordinación monetaria alcanzaron su máxima expresión con la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y, más tarde, durante la crisis de 2001 con las propuestas de dolarización de la economía y de su manejo por parte de expertos “externos”. En el 2002, un historiador argentino desarrolló, en un congreso internacional de historia económica que se hizo en el país, una idea pergeñada por dos economistas del MIT, institución académica estadounidense: para salir de la crisis, la Argentina debía abandonar su soberanía financiera y económica por unos años. Aquellos economistas afirmaban “que no se renunciaba a la identidad y el orgullo nacional al aceptar que unos cuantos extranjeros” conduzcan la política económica. Para tal fin inventaron la variante de la “credibilidad importada”. Si Argentina quería tener acceso al crédito internacional y a una política monetaria sólida –decían– hay que traer un banquero central internacional reconocido para que conduzca la economía con un juego de normas estrictas. No es extraño que con esa larga historia que padecimos, y de la que ahora procuramos recobrarnos, exista todavía la cultura de una moneda extranjera que por supuesto no emitimos y constituye un elemento de presunto ahorro o fuga de capitales que deteriora nuestra economía externa.

Debemos recordar, finalmente, que los que impusieron por primera vez el control de cambios en la Argentina, que duró más de diez años, fueron los gobiernos conservadores de los años ’30 para hacer frente a la crisis mundial de entonces, aunque con una salvedad. Como decía en mayo de 1939, en una carta al editor del Times de Londres, J. A. Dodero, presidente de la Cámara de Comercio Argentino en Gran Bretaña, “en una época en que se reducen drásticamente los permisos de cambio para importaciones provenientes de muchos países, las mercaderías inglesas entran con un tipo preferencial de cambio”. Lo que estaba justificado –a su juicio– para que las firmas británicas pudieran aprovechar en su totalidad las oportunidades excepcionales que por razones tanto “sentimentales como económicas, los esperan en el mercado sudamericano más importante para Gran Bretaña, la Argentina”. Y Dodero finalizaba afirmando: “Las palabras made in England... son algo que todos los argentinos aprecian en su verdadero valor”.

Creo que ahora entendemos mejor las resistencias que tuvieron en su época, donde estas concepciones ya existían, San Martín y otros próceres para lograr el 9 de julio de 1816 la proclamación de la independencia del país.

Fuente: Pagina12

viernes, 6 de julio de 2012

MAXIMO KIRCHNER "DROGADICTO": Un macrista capaz de decir cualquier barbaridad

Si alguna vez Mauricio Macri llamó a “tirar por la ventana a Kirchner porque no lo aguantamos más”, por qué Pablo Tonelli –uno de sus fieles escuderos PRO– se iba a privar de decir que el hijo del ex presidente es “un drogadicto, medio tonto”. Eso fue lo que dijo el diputado macrista sobre Máximo durante una charla en un local del partido del jefe de Gobierno porteño, y aunque después trató de negar que había hecho semejante afirmación, cuando sus palabras salieron a la luz pública no le quedó otra alternativa que pedir disculpas. “Claramente los opositores vienen en una escalada contra la investidura presidencial”, reaccionaron en la Casa Rosada y advirtieron que “pretenden instalar la violencia en la discusión política”.

“Pido disculpas por mi exabrupto respecto de Máximo durante una charla en un local partidario”, escribió ayer Tonelli a modo de descargo en Twitter tras la difusión de sus expresiones. El diputado PRO dijo lo que dijo de Máximo Kirchner en una exposición ante militantes macristas en Quilmes, donde se quejó del estilo de gestión de Cristina Fernández.

“Este es un gobierno, como lo fue el de Néstor Kirchner, ultra, ultra presidencialista, en el cual todas las decisiones de mediana importancia para arriba son tomadas exclusivamente por la Presidenta”, expuso Tonelli y luego sorprendió al auditorio: “Supuestamente una de las pocas personas con las que habla es el hijo, Máximo, que es un drogadicto, medio tonto, que no abre la boca más que para festejar un gol en la PlayStation”.

Además de disculparse por Twitter, Tonelli habló con Radio Mitre. En esa emisora afirmó estar “muy mal con esto que ha pasado” y “arrepentido”, aunque también explicó: “Estábamos en una conversación informal entre partidarios, en la exaltación de un rol opositor dije una cosa que era un disparate, lo único que puedo decir es que esta conversación se dio en un ámbito privado y no estaba destinada a ser difundida”.

La inauguración del local de Quilmes no fue tan informal. Allí concurrieron más de doscientas personas y un grupo de periodistas que registraron lo dicho por Tonelli.

“Nunca vamos a responder en los términos en que ellos nos atacan”, se diferenciaron en la Rosada y señalaron que “los opositores están cada día más exaltados”, a quienes definieron como “difamadores seriales”. También manifestaron que “lo que necesitamos es discusión política, no ataques personales” y marcaron la contradicción “de que los que atacan son los mismos que piden diálogo”. Tampoco dejaron de remarcar un hecho revelado en su momento por Página/12: que mientras Tonelli estuvo a cargo de la Procuración General porteña allí fue asesor el capitán de navío retirado Pedro Florido, un oficial de inteligencia y abogado que fue alma mater del “grupo de contención” de la Armada que asesoraba a los represores de la Marina, acusados por crímenes de lesa humanidad.

Fuente: Pagina12

jueves, 5 de julio de 2012

JUEZ LORENZETI: Ganancias: “Por qué sacarles sólo a los jueces”

05/07/2012


Por David Cufré


El presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, justificó ayer la negativa de la corporación judicial a perder el beneficio de la exención al pago del Impuesto a las Ganancias. “Quieren sacar las exenciones de los jueces que son insignificantes en términos económicos y mantienen otras muchísimo más relevantes. Esto genera un poco de reacción dentro del Poder Judicial”, describió, sin ponderar el efecto que produce el privilegio que se arrogan los magistrados –no pagan Ganancias por una acordada de la Corte Suprema durante el menemismo– sobre el resto de los sectores que sí tributan.

En declaraciones radiales, Lorenzetti aclaró que su posición personal es favorable a que los jueces paguen Ganancias, pero al mismo tiempo se hizo eco de las inquietudes de muchos de sus pares: “¿Por qué quieren sacar (las exenciones) de los jueces y no sacan las otras, de la actividad económica, que son más importantes?”, preguntó. Esa postura es la que viene sosteniendo el Poder Judicial en su conjunto, que por distintos canales hace saber a legisladores y al Gobierno su resistencia a perder el beneficio.

Los jueces se ahorrarán de tributar este año 350 millones de pesos, según la estimación del Presupuesto 2012. En 1996 el Congreso eliminó por ley la exención al pago de Ganancias para los magistrados, pero una acordada de la Corte Suprema resolvió que esa norma no era aplicable porque las remuneraciones de los jueces no se pueden disminuir mientras están en funciones. Así, consagraron un privilegio que defienden hasta hoy, como reconoció Lorenzetti. Si bien el presidente del máximo tribunal no se refirió a otro beneficio de los magistrados, Página/12 pudo saber que también están ejerciendo una fuerte presión para no perder las jubilaciones de privilegio, en respuesta a un proyecto del Gobierno que pretendía ponerles tope.

Fuente: Pagina12

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