martes, 9 de noviembre de 2010

RUBEN DRI: La tercera pueblada

 Por Rubén Dri
 
El 27 de octubre me encontraba en México, cuando mi sobrina Vanesa me anuncia la terrible noticia que acaba de recibir, vía telefónica: “Murió Kirchner”. No, no puede ser. Sentimiento terrible y profundo de bronca, de injusticia. Dolor por la pérdida irreparable, por estar lejos y no junto al pueblo, con el pueblo, que sin duda habrá de mostrar todo su agradecimiento y el juramento de estar junto a Cristina para continuar y profundizar el proyecto de transformación en marcha.

Acudo a Internet y allí no sólo constato lo presentido, sino que la realidad lo supera por default. La Argentina profunda, el pueblo-pueblo, la multitud, no la que piensa Negri, sino la que se construye como “pueblo” se hizo presente, desbordó los espacios para agradecer a Néstor que había sacado al país del infierno, que había reconstruido el Estado, que había revalorizado la política, en una palabra, que había retomado la senda del proyecto nacional, popular, latinoamericano que, después de la gesta del primer peronismo, había naufragado bajo las balas de la Marina y el Ejército.

Del 2001 al 2010 se producen tres puebladas mediante las cuales el pueblo trazó el camino de recuperación de la patria. La primera se produjo el 19-20 de diciembre de 2001 bajo el lema “¡Que se vayan todos!”. Era el hartazgo del pueblo frente a las políticas neoliberales de los ’90. Pueblada condenatoria del neoliberalismo depredador que había dejado al país en la más terrible desolación. Fue una pueblada sin propuesta, se dijo en mil tonos diferentes, es decir, fue algo negativo. ¿Sin propuesta? Hubo alguien que interpretó el acontecimiento de manera diferente y ése fue Kirchner, el pingüino que vino del Sur, entró por la ventana, el único hueco que encontró para “colarse”. No sé qué lecturas de Hegel tenía Néstor en su haber, pero sin duda que Cristina le habría comentado algo al respecto. Pero con lecturas hegelianas o sin ellas, supo ver que dicha pueblada era la primera negación a la que le seguiría la segunda, la cual él se sentía llamado a producir.

La negación de la negación que el pueblo reclamaba mientras inundaba las calles en jornadas intensas significaba terminar con la impunidad, renovar la Corte de la “vergüenza”, limpiar el Ejército, impulsar la política de los derechos humanos, recuperar el trabajo, impulsar el mercado interno, en una palabra, retomar el proyecto nacional, popular y latinoamericano por el que habían luchado los fundadores de nuestra nacionalidad y que el primer peronismo había recuperado en la década del ’40. Ello no podía hacerse sin confrontación, porque un proyecto popular necesariamente choca con los intereses de los grandes centros de poder, que recurrirán a todos los medios para hacerlo naufragar. Una vez que el proyecto nacional mostró cierta consistencia, comenzaron los enfrentamientos más serios, porque el proyecto nacional sólo podía avanzar cercenando intereses de los poderosos.

Vino así el enfrentamiento con las corporaciones agrarias, autodenominadas “campo”. Ese momento fue crucial en la definición del proyecto que divide netamente a la sociedad en dos campos, el nacional y popular y el antinacional y antipopular, el autocentrado en el mercado interno, que mira a América latina como horizonte, y el heterocentrado en el mercado externo que mira al Imperio como horizonte y añora las “relaciones carnales”. La 125, traición de Cobos y restricción mental de “almas bellas” que fingieron votar por un proyecto inexistente mediante, no pasó, pero marcó a fuego la existencia de dos campos antagónicos sobre los cuales había que decidirse. No eran Néstor ni Cristina quienes dividían esos campos. Eran los proyectos de país que ahora se hacían explícitos y ya no valía la “buena voluntad” para dispensarse de participar.

¿Derrota del pueblo? ¿Derrota del Gobierno? Sí, en parte, pero el gobierno de Cristina, en lugar de ceder y entregar las banderas, profundiza el proyecto con las mejores medidas, la supresión de las AFJP, la estatización de Aerolíneas, la Asignación Universal por Hijo y jubilación para 2.500.000 personas. ¿Estaba el pueblo conforme? Según lo que transmitían la televisión, Clarín y La Nación, había un descontento generalizado y una inseguridad que hacía que volver a casa fuera poco menos que un milagro. Llegaron entonces los festejos del Bicentenario y allí se produjo la segunda pueblada. Millones de argentinos llenaron el centro de Buenos Aires, dando el mensaje explícito de que estaban conformes con la marcha del proyecto.

Y llega el momento inesperado, la muerte del líder, autor principal del proyecto nacional, popular y latinoamericano. Era el momento en que el pueblo debía hacerse presente en el espacio público para agradecer, pero sobre todo para mostrar que estaba dispuesto a sostener con su presencia y movilización el proyecto transformador que hasta ese momento era compartido por el liderazgo de Néstor y Cristina y que ahora queda en manos de la Presidenta. En ese momento angustioso, con olor a tragedia, el pueblo no falló, como nunca lo hizo en esos momentos en que las circunstancias exigieron su presencia y participación. Masivamente dijo que el movimiento popular había salido definitivamente de las sombras en que la dictadura militar y las depredatorias políticas neoliberales lo habían sumergido, para ser nuevamente protagonista bajo el liderazgo de una mujer que ha dado muestras de la entereza, el valor y la preparación intelectual más que suficiente para ejercerlo.

La participación masiva de los jóvenes nos dice que hemos recuperado la tradición movimientista que ha sido protagonista de los mejores logros tanto de la política interna como de la externa. Los desafíos son grandes y nada está asegurado de antemano, pero las perspectivas son esperanzadoras en la medida en que el pueblo se pone como protagonista.
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OSVALDO BAYER: El almirante que mostró la hilacha

Por Osvaldo Bayer
 
Un personaje tan completo como el muerto no vamos a encontrar en toda la historia argentina. Completo en su total decadencia moral, crueldad, ambición fuera de toda medida. Almirante de la Marina de Guerra de la Nación. Massera, a secas.

Traicionó, como otros tantos uniformados en nuestra historia desde 1930, a su juramento pronunciado al recibirse de guardiamarina de ser fiel a la Constitución Nacional. Pero, claro, ante tantos otros ejemplos desde Uriburu, en ese ’30, ya casi sólo sería un delito argentino. No, lo feroz de su conducta se puede sintetizar en una sola palabra: la ESMA. Para qué más. Basta ver la celda mínima donde estuvieron tiradas en el piso durante seis meses las tres primeras Madres de Plaza de Mayo. Arrojadas luego desde un avión, vivas, al río. Almirante Massera, esa fue su máxima acción de guerra como almirante. Almirante argentino.

La ESMA: una fábrica del máximo horror a lo Massera. Sí, esa expresión va a quedar para siempre en la historia: Torturar a lo Massera, hacer desaparecer a lo Massera, robar niños a lo Massera.

Y su ambición, sus negocios, su afán de figuración, su ansia de poder: quería ser presidente, millonario, estanciero, empresario, propietario de todo lo que tenía a su alcance. Y llegó sólo a ser un infame y corrupto traidor a todo principio de ética, de humanismo, de grandeza. Eso sí, cuando entraba en una iglesia era el primero que se arrodillaba y santiguaba. Completo. ¿Dónde aprendió todo eso? ¿De sus padres, en la Escuela Naval, en los cursos de oficiales, en su conocido fervor católico?

Massera. Un vocablo que quedará para siempre entre los próceres de la picana eléctrica, invento argentino. Una galería interminable que empieza con el comisario Polo Lugones, el coronel Falcón, el teniente coronel Varela... y la lista sería interminable en esta historia argentina que comenzó con aquellos increíbles hombres de Mayo. Los nombro: Belgrano, Moreno, Castelli, Monteagudo. Y nace la pregunta desesperada: ¿qué nos pasó a los argentinos? Desde aquel Mayo a ese marzo del ’76 en que iba a empezar la marcha hacia la desaparición del respeto a la vida. Comienza la “desaparición” llamada ya la “muerte argentina” en los diccionarios de ideas afines. Para siempre. Videla, Massera, Agosti, Viola, Galtieri, y cien, mil más, todos los que obedecieron, y sus civiles: Martínez de Hoz y los ministros que juraron por “Dios y por la Patria” y sus embajadores y sus soplones y rufianes.
¿Qué más podemos escribir de este ser que acaba de morir: de sus negociados, sus veleidades, sus calenturas, su sonrisa siempre cínica? ¿Para qué? Si basta con nombrar lo que ya nombramos: la ESMA. Está todo dicho. El templo de la infamia más perversa de la historia humana. Un sinónimo de Auschwitz. Los argentinos, sí, tenemos nuestro Auschwitz. Y nuestro Himmler. Uno, silencioso, de mirada con el dejo de desprecio a la vida; el nuestro, ruidoso, de carcajada sonora, de darte el golpecito amigo en la espalda, del abrazo. Aquel, sombrío como un cuervo sin sotana; el nuestro siempre sonriente, amistoso, un galán con espada al cinto y gorra cargada de perversidades.

Sí, ya sé, me van a decir que me están faltando los adjetivos. No, me sobra el dolor, pensando en los últimos minutos de Rodolfo Walsh en la ESMA, y en todos los Rodolfo Walsh y las Azucena Villaflor que cayeron en las manos de ese verdugo sucio y voraz.

Permítaseme este escrito donde trato de hacer un resumen de los sentimientos que me provoca esa figura y la de todos los serviles que le hicieron la venia y le dijeron: “Ordene, mi almirante”.

Nos quedará para siempre el dolor. Rodolfo, Azucena. En nombre de los miles.

Ojalá exista el infierno para el almirante de la muerte, los negociados y la corrupción.

Lo merece. Allí con Roca, Falcón, el Polo... y tantos otros. Una galería argentina. En contraposición con la otra galería argentina. La de los Héroes del Pueblo, los Hijos del Pueblo, como les cantaba la gente humilde de principios del siglo pasado a quienes daban todo por una vida mejor. Los que creían en un mundo de la mano abierta contra los que siempre propiciaron la ESMA.

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lunes, 8 de noviembre de 2010

BIGNONE: LA JUBILACION DEL ABUELITO

La jueza federal de Primera Instancia de la Seguridad Social, Alicia Braghini, ordenó a la Anses que le pague la jubilación como ex presidente a Reynaldo Benito Antonio Bignone, genocida de la dictadura. Llos fiscales Guillermo Marijuan y Guillermo Montenegro denunciaron que no correspondía que Bignone se llevara al bolsillo los 15 mil pesos que cobraba en 2006 (hoy muchísimo mas) ya que no fue presidente elegido democráticamente, sino de facto. Y el régimen de esas pensiones constituía un reconocimiento, algo incompatible con quien llegó a la Casa Rosada a la cabeza de una dictadura y, además, terminó condenado en abril de 2010 a 25 años de prisión por privación ilegal de la libertad y torturas cometidas en Campo de Mayo. La trama del expediente 34391/2009 es asombrosa e incluye al camarista Bernabé Lino Chirinos, con quien la jueza compartió cátedra en la Universidad de Morón y, además, fue prosecretaria en su sala de la Cámara. Chirinos fue ratificado durante el gobierno de Isabel Perón, ejerció su cargo durante la dictadura y hoy sigue en su puesto en la Cámara de la Seguridad Social.

¿Es así? Veamos.

Bignone cobra jubilación de privilegio como "ex Presidente". Pero durante la vigencia de la dictadura no existió Presidente de la Nación en su acpeción constitucional, aún aplicando la "doctrina de facto" que aplicara la Corte con el caso "Uriburu". ¿Porqué? Porque esa doctrina decía que en una "revolución triunfante", el "Presidente" debía tener todas y cada una de las atribuciones que tenía el Presidente de la Nación. Así ocurrió en todas las dictaduras. SALVO EN EL PROCESO. El 24 de marzo de 1976, la JUNTA MILITAR se autoerigió en ORGANO SUPREMO DE LA NACION, y nombró un "Presidente" (oficial militar en actividad). Se reservó numerosas  facultades del Presidente. La "Presidencia" fue considerada un destino militar, y el "Presidente" no cobraba sueldo.

Por ello, durante la dictadura, independientemente del nombre del cargo, no existió el cargo de "Presidente de la Nación" con las facultades de la constitución. POR LO TANTO BIGNONE NO PUEDE PRETENDER UNA JUBILACION (que es de interpretación restrictiva), por un cargo que no desempèñó.

Así lo entendió el Poder Judicial al negarle idéntico beneficio al dictador Galtieri, y a la "viuda" de Videla... exactamente con estos argumentos, que son los sostenidos por el Cuerpo de Abogados del Estado, aún en el gobierno de la Rata de Anillaco.

Es realmente una cachetada al pueblo argentino tener que pagarle jubilaciones de privilegio a los asesinos.

La Jueza Braghini en que pais vive? ¿Los antecedentes de los otros dictadores del Proceso no existen?

HAY OTRA NIÑEZ, QUE NO SALE EN LOS DIARIOS

Cuando los muestran, es para descalificar a alguien, y los muestran atontados. Son niños que tienen esperanza, y que lloran... que ven el mundo sin querer cambiarlo... solo tratando de que los dejen volver a entrar. Son niños indígenas.

EDUARDO ALIVERTI: La decisión.

Por Eduardo Aliverti

En cierto aspecto, la semana después ha sido aun más significativa que la de la muerte.

Impacto, emoción, sorpresa e incertidumbre fueron los cuatro términos que dominaron la escena hasta que el duelo concluyó formalmente. Los dos primeros se definen por sí solos. El tercero remitió a la multitud congregada; en particular, a su impresionante componente juvenil e inorgánico. Y el cuarto consistía en algunas pocas, concretas y categóricas preguntas que, aunque íntimamente puedan haberse formulado ya al poco rato de conocida la noticia, fueron expuestas recién con el correr de los días (excepto por algunos salvajes, que se permitieron obviar el dolor y arreciaron con formulaciones intimidantes). ¿Cuáles serían, puestas en acción política, las consecuencias del impacto emocional en la Presidenta? ¿Qué pasaría hacia la interna del peronismo y de la oposición? ¿Qué, sobre todo, ante la ausencia de Kirchner al comando de su hiperquinético sinfín de relaciones y decisiones cotidianas? ¿Y qué con la actitud de alguna gente del palo propio, de imagen viscosa e inmersa en movidas o gestos sospechosos de querer abrirse o molestar? Sería irresponsable, por supuesto, pretender respondida esta serie de interrogantes –a los que se suman los del asombro por la multitud autoconvocada– cuando el muerto permanece fresco. Sin embargo, y para pesar de la derecha que festejó o abrigó expectativas inequívocamente favorables en su primera impresión inconfesada, la semana después arroja signos que son los que esa derecha no quería encontrar. ¿O sí?

Según todas las fuentes obrantes y confiables, Cristina dijo “dos días de duelo y el lunes a trabajar”. En traducción libre: el lunes ya van a ver. Y fue así. Salió en cadena nacional siendo que una probable mayoría esperaba pausa de “recato”; no actuó un falso vivo; arrancó diciendo que eran las 17.40, para dejar clarita su decisión de no mentir(se) ni siquiera en la hora exacta que en que diría lo que dijo. En un discurso en el que le bastaron cinco minutos totales para transmitir un corazón tan partido como arremetedor, avisó que lejos de ser su momento más difícil era, apenas sencillamente, el más doloroso. En traducción obvia: estoy hecha mierda, pero no me impide gobernar. Y eligió el cierre, además de detenerse en el agradecimiento especial a los jóvenes, para anunciar que gobernaría más que nunca, y hacia igual itinerario, en homenaje a su marido. Esta cronología de su primera aparición verbalizada no es una adhesión ideológica. La incluye, pero antes que eso es una constatación objetiva de que marcó la cancha a cuatro días de que su compañero de toda la vida se muriera de golpe y a su lado. Tan objetivo como que al día siguiente estaba en Córdoba, bajando línea con la integración de autopartes argentinas en el nuevo modelo de Renault. Y como que horas más tarde hacía lo mismo en el análisis de los 600 mil millones de dólares que los yanquis derramaron sobre el universo económico dominante, munidos de su maquinita de emitir billetes y sin que nadie les pregunte por su déficit fiscal. Si querían saber sobre el estado depresivo de la Presidenta, ahí la tuvieron. Actuada, sincera, mentirosa, natural, como cada quien quiera. Pero lo objetivo es eso: Presidenta al mando.

Más luego, Scioli señala que estará donde la jefa de Estado lo necesite. Moyano aclara que la conductora del “Movimiento” es nada más que ella. Cobos quiere que se lo trague la tierra. En ese engendro que se denomina “peronismo federal”, sin dirección ni teléfono, aparece la fisura de un Solá –para empezar– capaz de decir que si hay tanto pueblo en la calle, llorando al muerto, por algo debe ser. Carrió prefirió seguir con su dieta, aunque parece que el Apocalipsis ya pasó porque ahora adujo que hay un buen futuro para el país. Stolbizer volcó en reemplazo de Carrió, convocando a un gobierno de “concertación nacional” (???). Duhalde confesó estar más fuerte que nunca, pero nadie le cree, empezando por él mismo. Reutemann, bien que con él nunca termina de saberse, anotició que se abre definitivamente de la precandidatura presidencial que nunca existió, salvo en la cabeza de un establishment que solamente confiaba en él o en Scioli. Y el hijo de Alfonsín, que en líneas generales mantuvo el posicionamiento más noble de todo ese mamarracho, por homenaje al apellido y porque juega a la izquierda del traidor que vicepreside no se sabe qué, quedó en situación de no se sabe qué tampoco. Para peor, visto desde el adefesio contrera; o para mejor, contemplado desde cálculos electoralistas, la perspectiva económica mundial entrega signos optimistas hacia estos lares: dólares circulantes a rabiar, baja de las tasas de interés, subida de los precios de las materias primas agropecuarias, en Brasil ganaron Lula/Dilma y los chinos no paran de demandar lo que se produce en estas pampas. Enfrente de eso, solamente queda la inflación real y en específico lo que aumenta la carne. Nada más. Pero ninguno de los confrontantes garantiza que la inflación auténtica no sería la que es si gobernaran ellos, y menos que menos ofrecerían opción a la necesidad de recomponer stock de vacas parturientas. Por último, afrontan lo que reconoció el mismísimo Jaime Durán Barba, jefe marquetinero de un Mauricio Macri que después de ver lo que pasó se habrá dado cuenta de que nunca tendrá calor popular: una viuda reciente con la personalidad de Cristina, mujer atractiva, con la oratoria que tiene, con ese retrato de sola contra todos, es imbatible en las urnas. Lo dijo el publicista de Macri.

Hasta acá, las buenas noticias. Porque lo son o porque uno las interpreta como tales. Sea como fuere, esto que se llama “kirchnerismo”, a falta de mejor definición rápida que reemplace a “las necesidades e intereses populares van para ahí”, también tiene sus problemas. Bueno sería que no los tuviera, porque en ese caso significaría que se acabó la historia, local, pero por izquierda. Y la Historia no se acaba nunca. Siempre está en movimiento por mucho que no se lo perciba, como ocurrió en los ‘90 de la rata. El mejor significante de eso, pero hay que ver si significado, son los pibes. Esos pibes que demostraron volver a creer en algo colectivo. Esos pibes entusiasmados con la política son la noticia más fascinante de la Argentina de los últimos tiempos. Pero a no hacerse los tontos, nosotros, los grandulones, deduciendo que ahora les toca a ellos. Nos sigue tocando a nosotros conducir la energía de los pibes. No hay partido militar para cubrirle el flanco a la derecha, porque en el pestañeo histórico que va de Alfonsín a Kirchner la derecha se quedó desarmada. Los pibes no están en peligro, y las condiciones objetivas son mejores que en los ’70 para seguir cambiando las cosas. Pero hay el desafío de que no se decepcionen, ahora que volvieron a creer después de tanto adulto vencido.

Y la par, en lo macro, es eso que señaló el escritor Vicente Battista en su perfecta contratapa de Página/12, el jueves pasado, al citar a Scalabrini Ortiz en 1943: “No debemos olvidar en ninguna circunstancia –cualesquiera sean las diferencias de apreciación– que las opciones que nos ofrece la vida política argentina son limitadas. No se trata de optar entre (el general) Perón y el Arcángel San Gabriel. Se trata de optar entre (...) Perón y Federico Pinedo”. Casi setenta años después, es lo mismo. O se está con esto, se llame como se llame, o se está con Macri, Cobos, Duhalde & Cía.

Elijan.

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domingo, 7 de noviembre de 2010

EDUARDO BLAUSTEIN: La deshumanización del kirchnerismo, un fracaso

 
La empatía social con los Kirchner refuta la leyenda de los “manejos tiránicos” del poder. Cuando la emoción es política.
 
De toda la infinita, compleja, conmovedora marea de imágenes que circularon hasta el domingo pasado en la televisión repasando la historia personal y política de Néstor Kirchner, unas pocas líneas sobre algo que repasó 6,7,8. Fue cuando desde el programa reprodujeron la charla con el ex presidente de enero pasado. Un tema central a tratar era la cuestión Redrado. Kirchner dijo, con absoluta naturalidad, que si en su momento había optado por el antiguo Golden Boy para presidir el Banco Central, era para negociar la deuda externa. “¿Qué querés, que pusiera al Flaco Kunkel?”, fue más o menos la respuesta. A lo que aludía era a una cuestión eminentemente política y técnica. Pero por debajo de la respuesta, opinable, se puede hablar también de una cuestión de empatía a la hora de relacionarse, dialogar o negociar con los otros. La empatía con Néstor Kirchner y Cristina es el asunto central de lo que sucede estos días, en felicísimo contraste y desmentida de la más exitosa operación cultural que primó hasta el último verano: la deshumanización del kirchnerismo.

Recordemos cómo comenzó todo esto porque en el principio fue la novedosa emergencia de un presidente humano. El discurso de asunción nos pegó fuerte a los que veníamos del palo. Pero en la escala social tuvo más alcance emocional el jueguito desmañado con el bastón presidencial, el zambullirse en la multitud (esa sed a saciar, esa necesidad de contención para ganar fuerzas), la herida en la frente por el golpe de la cámara, la urgente salida de raje a Entre Ríos con Daniel Filmus para ponerle fin a un largo conflicto docente. Añado una imagen que apenas retengo de los primerísimos días: la visita creo que a un geriátrico de San Martín, donde los viejos recibieron a Kirchner entre sorprendidos y lagrimeantes.

Aunque desde el periodismo o las ciencias sociales pretendemos apelar a la pura racionalidad a la hora de informar y explicar cuanto pueda suceder, se sabe desde los orígenes de los tiempos que lo emocional juega un rol crucial en los fenómenos políticos. Los sociólogos dedicados al estudio de la opinión pública y los que hacen comunicación política lo saben muy bien. La revalorización social del kirchnerismo y de lo hecho por Néstor y Cristina tienen que ver y mucho con los hechos concretos de sus gobiernos. Pero el dolor por la muerte del ex presidente supuso también un viaje en el tiempo no sólo a aquellos primeros días del flaco desestructurado, llano y entrador, sino hacia más atrás, muchos años más atrás, a una historia de amor militante. Humanidad pura.

Es fascinante: fue también en los primerísimos días que la derecha inició su operación deshumanizadora desde la pura, estúpida, vaciada solemnidad. Ellos veían con sospecha que el “estilo K” no respetara los protocolos de la etiqueta y el ceremonial. Inmediatamente, sí, el cuestionamiento fue más político. Hacia el 2004 ya se hablaba de los “riesgos” del estilo confrontador. Comenzaba a amasarse el falso imaginario de la crispación, el tirano, la puta montonera, “la gente en la calle los quiere matar”.

Cristina danzante. A juicio de quien escribe una de las iniciativas más brillantes y la más exitosa operación cultural y comunicacional que produjo el kirchnerismo en los últimos tiempos fue la de los festejos del Bicentenario. Puede que hayan sido una bisagra en un año de recuperación económica. Están los otros hechos políticos, las “realidades efectivas” producidas por los gobiernos de Néstor y Cristina. Pero fue el Bicentenario el primer gran refutador de leyendas y falacias. Unos cuantos meses antes, antes incluso de la campaña electoral, habíamos expresado nuestra opinión, o conjetura, o deseo, de que Néstor saliese a los medios hostiles justamente para rehumanizarse, rebatir y refutar (“Si Néstor Kirchner decidiera presentarse en las próximas elecciones podrá ocurrir algo asombroso: que allí donde sembró sal y dijo vade retro Satanás, los estudios de televisión y radio, se lo vuelva a ver como Pancho por su casa y riente”). Cuando el Bicentenario anotamos aquí lo bien que le hacía a Cristina en términos de comunicación aparecer humana, emocionada, sonriente y a la vez eficiente hacedora, bailando al ritmo de una murga. Eduardo Anguita, con buen criterio, me pidió entonces que retocara lo necesario un párrafo, como para que no quedara la idea de que le dábamos instrucciones de buen comportamiento a la Presidenta o consejos de marketing político.

Es la empatía lo que vivimos estos días. Nos quebramos con Cristina cuando se quebró en su discurso en la planta Santa Isabel, como se quebraron obreros y obreras de la fábrica (la cámara apuntando hacia sus rostros), como se quebraron los mozos de la Rosada en el velatorio, como se quebraron tantísimos miles. Habrá que recordar una vez más de dónde veníamos, habrá que recuperar imágenes olvidadas. Marcelo Tinelli estuvo en el velatorio y es posible que lo haya hecho desde una legítima necesidad o convicción. Pero fue desde su programa, durante la campaña electoral, donde se recreó la más espantosa síntesis de las Cristinas posibles: una pura y gruesa máscara de maquillaje, ausencia y frialdad; de autoritarismo rayano en la crueldad pura y dura. Es extraño, porque el Néstor de ese mismo programa era relativamente un tipo campechano y riente. Pero por esos días fue una Cristina horrible, más el alica-alicate, “ocurrencia” imbecilizadora, vaciadora y despolitizadora por excelencia.

Lo inaudito. Emerge ahora la multitud de los “yo no lo voté, pero…”. Maravilloso proceso social que más allá de lo que vaya a durar en el tiempo (hay vastas razones para ser optimista en esa materia) habla del más extraordinario éxito que haya tenido el ciclo kirchnerista desde sus inicios: ganar una batalla comunicacional y cultural que venía complicadísima. La remontada de la cuesta es muy anterior a la muerte de Kirchner, fueron importantísimos los hechos concretos del acumulado, igualmente todas y cada una de las iniciativas que se repasaron estos días (Afjp, ley de Medios, matrimonio igualitario, AUH, las netbooks), así como la emergencia de una pluralidad de espacios de contracomunicación entre los que sobresalen 6, 7, 8, Miradas y tantos otros. Pero, de nuevo, hoy, ahora, lo central en esta historia es empatía pura, una empatía donde la dimensión de lo emocional no se opone a la política, es una empatía esencialmente política.

Vuelvo a lo de la marea de imágenes que todos repasamos en estos días. Y hago foco en un repaso que se hizo en Telefé, no recuerdo en cuál programa de archivo y chismes. Buena parte del material provenía de los diversos registros grabados del programa CQC. De nuevo: Néstor y Cristina humanos. Néstor rapidísimo de reflejos a la hora de retrucar chistes (el tipo era muy gracioso). Néstor pegándole manotazos de grandulón tosco a Gonzalito. Cristina y Néstor contándole a Daniel Tognetti historias de pareja, ambos haciéndose los malitos. Qué celosos y suspicaces se ponían los periodistas de otros medios por el hecho de que los Kirchner aparecieran en CQC y no en sus espacios. Me pregunto –cuando tantos descubren tarde la emergencia de la nueva relación entre jóvenes y política– si no convendría analizar como un capítulo que contiene sus especificidades esa otra construcción hecha acerca de Néstor/Cristina desde CQC o ciertos espacios de la Rock & Pop y la Metro.
Son fenómenos a atender para lo que sigue. En la nota mencionada más arriba habíamos anotado algún asombro ante el hecho de que todos termináramos naturalizando cierto autoexilio de Kirchner en su relación con los medios. Hablando de los primerísimos días, nos preguntábamos que había sido de ese viejo Kirchner. “¿Por qué se resignó a que lo construyeran otros? ¿Por qué se recluyó en un mundo chico y paralelo que la resta capacidad de interpelación social?”.
Mirá qué grande Néstor ahora, qué manera de interpelarnos, de qué doloroso modo lo tenemos enchamigado con el mundo, o con una buena porción de ese mundo nuestro que venía tan estragado, hostil y estallado.
“No lo voté, pero”... Permanecemos en días de recogimiento, atravesados por esas andanadas tumultuosas de dolor y alegría ante tanto enchamigamiento colectivo. Lo anotó entre tantos Eduardo Aliverti: “Muchos testimonios, mucho oyente, mucho correo, muchas sensaciones… La angustia auténtica de la gente común que llamaba a la radio; la cantidad de llamados del tipo ‘no soy peronista, no soy kirchnerista, no quiero a este gobierno, pero...’. Ese pero. Ay, ese pero. Cuánto que hay en ese pero de ‘me parece que me di cuenta ahora, con la muerte, de que no hay nada real mejor que esto, por más que no me guste’”.
La pelea continúa. Parte de lo ganado significa que lo peor de los medios ya no tendrá el poder corrosivo que tuvo hasta ahora, con un acumulado que hizo muchísimo daño. Hay reconfiguraciones políticas a diestra y siniestra. Ya bastante se habló sobre las primeras operaciones de los medios. Para las que vienen, Mariano Grondona, miliquito fiel, siempre con algo de pusilánime, se anotó en vanguardia: a falta de Néstor los inminentes satanizados serán los jóvenes (de juventudes hitleristas, de puñados de fanáticos contra el resto de la Argentina, habló el escritor de las últimas dos dictaduras).

Será prudente que todos, la muchachada en particular a la que le darán pa’ que tenga, tengan en cuenta la metáfora kunkeliana a la que aludió Kirchner en enero pasado. “No por el Flaco Kunkel”, aclaramos, como agregó Kirchner, en su tono jodón y muchachero. Lo que está sucediendo en estos días es pura humanidad, abrazo fraterno y política. No es siempre a lo duro-duro-duro a lo que se tiene que apelar, también a las empatías. No hay nada que contagie tanto a la hora de recrear sentidos de pertenencia como la identificación con el otro, sea en el dolor, en la mística, en las alegrías colectivamente conquistadas o en los mejores valores. Los que anduvieron irradiando todo esto fueron los comunes del velatorio, maravillosamente diversos. La empatía se produce a través de anillos concéntricos –el llanto de los anónimos, el respeto de los afligidos, la identificación de los artistas– y produce efectos distintos al discurso en blanco y negro que pueda repetir un oficialista en combate. Es a los comunes, a su diversidad y a lo nuevo a lo que hay que seguir interpelando, abriendo, involucrando. A los que respetaron, a los que lloraron, a los que volvieron sobre sus pasos para pensárselo de nuevo.

• “Nunca imaginé que alguien pudiera avanzar contra los poderosos”
Analía Porto (28)

Es el primer Gobierno que tocó estructuras de poder como la Corte Suprema, el Grupo Clarín, y las grandes cerealeras, por poner algunos ejemplos. También rescato la política de derechos humanos y el sometimiento de la economía a la política. El rol fuerte que se le dio al Estado como regulador del mercado. Nunca imaginé que un gobierno peronista pudiese avanzar contra los poderosos. Evidentemente sus enemigos son los de la mayoría. Fue un gobierno que se puso del lado de los que menos tienen. No voté a Kirchner, pero sí a Cristina y lo volvería a hacer porque no me defraudó. En un país donde se bastardeó tanto a la política volver a creer en alguien parece imposible.Hice la cola. Estuve siete horas para ingresar al Salón de los Patriotas. Jamás imaginé que iba a hacer algo así por un político, ni por nadie. Evidentemente Néstor no dejó sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada y eso me movilizó como a muchos. Sentí que tenía que estar y manifestar mi apoyo al modelo. 

• “Después de la 125 decidí apoyar a este gobierno contra viento y marea”
Jose Luís Skidelsky (39)
 
Aunque no lo voté, desde el comienzo de la gestión de Kirchner valoré el rumbo que tomó su gestión (la oposición a la creación del Alca, las gestiones para la creación de la Unasur, la derogación de la ley “Banelco” de precarización laboral y el salto en la calidad institucional que significaron sus medidas más progresistas. Aunque seguí siendo crítico con cierta falta de transparencia en la licitación de las obras públicas y el otorgamiento de subsidios. Pero a partir del comienzo del gobierno de Cristina Kirchner, y sobre todo desde el conflicto por la 125, decidí ponerme del lado de este modelo y apoyarlo contra viento y marea, a pesar de que siento que todavía hace falta profundizarlo con medidas esenciales como la nacionalización de los hidrocarburos y la prohibición de la minería a cielo abierto. La multitud que lo despidió en Plaza de Mayo no me sorprendió tanto. Desde principios de este año se empezó a vislumbrar el gran apoyo popular que tiene este modelo, que había sido invisibilizado por largo tiempo por los medios y el establishment.

• “Ojalá que su partida nos permita pensar que el futuro llegó hace rato”
Claudio Villarruel (Fragmento de nota publicada en Página/12)
 
“Néstor cerró sus ojos para abrir los de millones.” Así rezaban unas líneas escritas por uno de los cientos de miles de ciudadanos que fueron a despedir a Kirchner. Yo también fui uno de ellos, y aclaro que no soy peronista. No importa de qué lado de la privilegiada burguesía progresista se encuentre mi ideología. Lo que hoy nos importa es que con su lucha por una Argentina más inclusiva, justa, equitativa, soberana, latinoamericana y solidaria nos devolvió a muchos la esperanza de construir un país distinto. Un país con la dignidad de tener justicia, un gobierno que entendió que sólo con la plena vigencia, los derechos humanos, económicos y sociales se puede construir una verdadera democracia. Su “incorrección” política fue lo que más me deslumbró. La vida sólo merece ser vivida cuando el miedo no es la guía de nuestros actos, sino el enemigo de nuestra pasión. Ojalá que su partida nos permita pensar a todos los argentinos que el futuro llegó hace rato y es un palo, como dice el Indio Solari.

• “La noche del chau a Néstor fue la vuelta de los pendejos a la militancia”
Pablo Marchetti (Fragmento de nota publicada en lavaca.com)
 
Ahora nos damos cuenta que era verdad, que la política había vuelto, que la militancia había vuelto. Y la noche del Chau Néstor fue la noche de la política y la la militancia. La vuelta de los pendejos a la militancia. Uno no esperaba casi nada y el tipo se mandó con varias cosas inéditas y esperanzadoras. Más allá de las críticas que puedo tener, creo que él y Cristina fueron los mejores presidentes en los últimos 50 años. O, más precisamente, el mejor desde Perón. O, para decirlo en términos más constatables, fue el que más se enfrentó a mis enemigos y a los enemigos de toda la gente. Un tipo que no fue ni un héroe revolucionario, ni un gran ideólogo, ni siquiera alguien muy parecido a nosotros. Sin embargo, ese tipo fue quien hizo el milagro de juntarnos, de hacernos tomar conciencia de que somos un montón y de darnos cuenta de que hay ciertas cosas que no vamos a permitir. Bueno, no exageremos, que somos frágiles. Pero al menos ahora sí tenemos claro que hay cosas con las que no se jode. Por eso, aunque sólo sea por eso, gracias Néstor.

• “A Néstor lo respeto porque fue fiel a algunas de sus propuestas de gobierno”
Sebastián Montes (33)
 
De Néstor Kirchner rescato el golpe de timón dado sobre la política de derechos humanos en lo referente a los crímenes de lesa humanidad. La anulación de las leyes de Obediencia Debida, Punto Final y el acercamiento dado a los grupos defensores de estos derechos. A Kirchner lo respeto, no porque me haya influenciado en algo su muerte, sino porque creo que fue fiel a algunas de sus propuestas de gobierno. Pero me pasa que cuando observo muchas cosas de su gestión el castillo se me derrumba. Existen actos de corrupción de mucha gente que forma parte del kirchnerismo. No me sorprendió la multitud que acudió a su velatorio, porque era consciente del nivel de adhesión que tenía su política y su persona. Y no hay comparación posible con Carlos Menem en relación al hecho de que uno no conocía a nadie que lo quisiera y sin embargo siempre ganaba. Si hoy hubiese elecciones presidenciales de ninguna manera votaría a Cristina, porque tengo ideas diferentes.

• “No me gustó su mandato, pero la gente tiene esperanza en el modelo”
Agustina Solessio (25)
 
Las medidas concernientes a la dictadura militar y el impuesto para fomentar la tecnología y la ciencia, aunque no me guste el entorno, el aumento del nivel de vida y otros factores es lo que puedo destacar de la gestión de Néstor Kirchner. En tiempos de escepticismo político llama la atención que el pueblo se movilice. Si bien no me gustó su mandato, en general, considero que la gente está en la búsqueda de algo diferente, tiene esperanza de que las cosas cambien y ve en este modelo cosas positivas que la motivan. La gran cantidad de personas que confluyeron a Plaza de Mayo para decirle adiós a Néstor no me sorprendió porque soy consciente de que Cristina ganó con el 46 por ciento. Aunque creo que también contribuyó el hecho de que haya fallecido un día no laborable. Mi manera de pensar no cambia con el fallecimiento del ex presidente. Estoy en contra de valorar más a una persona después de muerta. Hay una tendencia a la santificación de los políticos una vez que mueren.

Miradas al Sur

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Una prórroga en la CTA

El Ministerio de Trabajo le otorgó ayer a la conducción de la Central de Trabajadores Argentinos una prórroga de mandato hasta que concluya el proceso eleccionario. La resolución, explicó la cartera, incluye “tareas meramente administrativas, a fin de evitar el estado de acefalía y la cesación de pagos”. El secretario adjunto y candidato opositor Pablo Micheli denunció que se trata de “una intromisión del Gobierno en la interna de la CTA”. El secretario general Hugo Yasky, que busca la reelección, respondió que “no es una intervención, sino una prórroga administrativa” que incluye “a toda la conducción, incluido Micheli”, y recordó que Trabajo adoptó una decisión similar en 2006 durante la conducción de Víctor De Gennaro. También la viceministra de Trabajo, Noemí Rial, enfatizó que “de ninguna manera” es una intervención y explicó que “lo decidido ocurre en todos los gremios que quedan acéfalos por un tema electoral”. Yasky aseguró durante una conferencia de prensa que “Micheli no quiere que se vote” y recordó que las elecciones “no se suspendieron porque había viento, sino porque hubo fraude por parte de la Junta Electoral, que responde a Micheli”. “Creo que vamos a un escenario de ruptura”, admitió.

El Tribunal Autónomo de Resolución de Diferendos Electorales, reconocido por las dos listas mayoritarias, resolvió a partir de las impugnaciones que se debe volver a votar en todas las mesas de Misiones, Mendoza y Tucumán, en cincuenta mesas de Salta, Jujuy, Santiago del Estero, Catamarca, Santa Fe y San Juan y en los distritos bonaerenses de Esteban Echeverría y Ezeiza. Yasky calculó que se trata de “unos 200 mil afiliados”, por lo que “el resultado está abierto”. Su lista 10 propuso que la elección complementaria se realice el jueves 2 de diciembre, la lista 1 de Micheli propuso el 24 de noviembre.

“El problema es que el sector de Micheli no quiere que se vote”, afirmó Yasky, y denunció que la Junta Electoral “ejecuta el plan” de la oposición. “Ayer (por el lunes), con cuarenta días de retroactividad, algo insólito, la junta terminó de impugnar votaciones en Morón, Navarro y La Matanza. Eso implica descontar más de cuarenta mil votos a nuestra lista”, ejemplificó. “En otra resolución, que vamos a rechazar mediante carta documento, recortaron el alcance de la votación” con el fin de “reducir el universo de votantes”, dijo. “Bajaron mesas en San Juan, Santiago del Estero y Catamarca para achicar el padrón de los que deben volver a votar”, agregó. En una carta enviada ayer a Rodolfo Córdoba, presidente de la Junta Electoral, Yasky rechazó la resolución “por manifiestamente improcedente”, repudió “su interpretación forzada de los laudos” del tribunal arbitral y lo acusó de intentar reproducir “la ingeniería de fraude y obstaculizacón de la participación de los electores”.

“El problema es que el sector de Micheli no quiere que se vote”, fue a la médula Yasky. “Estamos en una especie de encerrona. La Junta Electoral busca recortar lo decidido por el Tribunal Arbitral”, explicó e imaginó dos escenarios posibles: “Si damos vuelta la elección quedará demostrado que hubo fraude y nunca se sacarían esa mochila de encima. Si perdemos por poco margen también va a quedar claro el fraude. Por eso no quieren que se vote”, insistió. “Nosotros queremos garantías, no queremos dejar a la CTA en este laberinto. Del otro lado buscan la crisis y la acefalía”, denunció. Consideró que “si la elección es limpia le vamos a devolver la transparencia a la CTA”, aunque se mostró pesimista sobre la actuación de la Junta “que, según el Tribunal Arbitral, cometió ‘prácticas típicas del fraude electoral’”.

La decisión de prorrogar el mandato a la conducción de la CTA se la transmitió ayer a Micheli el propio ministro Tomada. El titular de ATE declaró luego que se trataba de “una intromisión del Gobierno”, aseguró que “Yasky nos traicionó nuevamente, porque habíamos acordado no recurrir al Ministerio de Trabajo ni a la Justicia para definir las elecciones”, e insistió en que la CTA “está acéfala”, o en todo caso “yo soy el secretario general electo”.

Yasky aclaró que la prórroga “es un trámite administrativo para seguir cumpliendo obligaciones contractuales, pagar los salarios, firmar cheques y mantener relaciones internacionales”. “Todo lo demás son mentiras a las que ya nos tiene acostumbrado Micheli”, agregó. “Se prorrogó el mandato de toda la comisión directiva, que también integra Micheli, al solo efecto administrativo. Ello implica que la conducción no puede decidir actos de disposición. Se procuró evitar la acefalía”, explicó la viceministra Rial. “A pedido de Yasky optamos por el mal menor. No existe injerencia ni contradicción alguna. La Ley 23.551 de Asociaciones Sindicales regula la vida de las asociaciones con personería o con simple inscripción gremial –afirmó–. Lo decidido ocurre en todos los gremios que se quedan acéfalos por un tema electoral.”

martes, 2 de noviembre de 2010

En el camino de Néstor, la “presidenta coraje”

Por Adriana Puiggrós
 
Hay voces de la oposición que repentinamente han cambiado su valoración de Néstor Kirchner y lo exaltan como un gran hombre, en tiempo pasado. Néstor solo, Cristina no se nombra. Néstor fue, le ponen la placa de bronce y hasta pueden soportar en público que se le rindan homenajes y que miles y miles de argentinos hagan una impresionante fila para darle su último adiós. Hay evidencias de siniestros festejos privados, bienvenidas a la muerte, escenas que remiten al famoso grito “¡Viva la muerte!” del franquista José Millán Astray, así como a las vivas al cáncer que exclamó una oligarquía decadente y maldita cuando murió Eva Perón.

En esas horas en que el pueblo lloraba, muchos jóvenes censistas que recorrían las viviendas asistieron a aquella clase de perversa alegría y lo contaron una y otra vez, horrorizados, y de un solo golpe comprendieron todo. También, los que compartieron el dolor en cada casa que visitaban. Como ocurrió en la mía, donde al enterarse de la noticia el censista nos pidió unos minutos para reponerse, llamó a su madre conmovido y la encontró llorando.

La irrupción de los jóvenes fue uno de los fenómenos más asombrosos de estas tristes e históricas jornadas. Sobre todo mujeres. Salieron de todos lados y formaron una interminable fila para rendir el homenaje póstumo a Néstor, pero también para saludarlo por primera vez. Era una despedida y un saludo de bienvenida. Muchos llegaban al kirchnerismo por primera vez. Y se apoderaron del “adiós”, coreando “Néstor no murió, vive en el corazón de su pueblo”.

La oposición, oscura, apuesta a otra clase de despedida y se dice dispuesta a acompañar a Cristina poniéndole la alfombra roja hacia la puerta de salida. Ya las primeras señales de la Presidenta muestran que esa oposición está equivocada en sus pronósticos. El duelo no fue feriado, la administración pública siguió funcionando, los actos políticos se siguen realizando. Cristina no abandona el poder, ni siquiera se da una licencia en los asuntos públicos, les responde a los que ofrecen el abrazo del oso que ¡justo ahora no vamos a cambiar! No lo hacen ni ella ni las fuerzas sociales que representa. Que representa: no tenemos ante nosotros una mujer que ha quedado sola, sino una dirigente en quien su pueblo no sólo depositó la esperanza, sino la tarea de conducirlo. Ese es el tema principal. La oposición intenta una operación de castración, como si el líder se hubiera llevado consigo la capacidad de acción política, un don que consideran naturalmente masculino. Por el contrario, el mismo Néstor tuvo un profundo respeto y depositó toda su confianza en la inteligencia y voluntad políticas de su compañera.

Quienes responden a los intereses patronales, monopólicos, a ideologías elitistas, meritocráticas, antipopulares y a izquierdas trasnochadas e irresponsables, saben por dónde tiene que pasar el estilete, qué vínculos deben cortar para reducir a Cristina al papel de administradora de un Poder Ejecutivo maniatado. Intentan desligarla de la “columna vertebral” del movimiento popular, es decir de los trabajadores organizados en la CGT, en la CTA y de los que pertenecen a las organizaciones sociales que apoyan al Gobierno, donde están los más humildes. Ese ha sido el blanco de la mayor parte de los artículos y declaraciones que, a medida que transcurren los días, van pasando de un pésame hipócrita al consejo cargado de amenazas. Intentarán evitar que crezca en organización la juventud, temor de todo poder reaccionario y condición de continuidad del poder popular. Tratarán de poner dificultades al vínculo con los países del Unasur, uno de los mayores logros de Néstor, que es condición para enfrentar la política imperialista. Ya intentan embarrar el discurso kirchnerista subrayando frases recortadas de Néstor e indicándole a Cristina los gestos que aceptarían como políticamente correctos.

Pero el kirchnerismo no se redujo a la acción esporádica de un caudillo trasnochado, como lo trata de mostrar la prensa opositora. Kirchner fue un gran dirigente que avanzó ligando sujetos políticos y sociales que habían sido dispersados, acorralados, desgastados. Cristina encarna esa política, que ha madurado durante muchos años. Le es propia, como propios le son los vínculos con el pueblo. Por eso la “presidenta coraje”, como la llamaba Néstor, seguirá conduciendo el enorme proceso de cambio de la Argentina, y es ya la candidata a Presidenta que lo continuará desde 2011.

lunes, 1 de noviembre de 2010

NESTOR KIRCHNER: Perdón Flaco

Por Pablo Llonto.


Lo que te puteamos Flaco. Las cosas que dijimos de vos cuando en la imbécil tentación del engreído revolucionario decíamos de vos, el monigote de Duhalde.

Las marchas que te hicimos. Queríamos decirles a los argentinos que estabas dilapidando nuestra plata dándosela en bandeja al FMI. Cuántas palabras envueltas en desprecio y sorna. Instruidos en las sabias esgrimas marxistas, enumerábamos los siniestros enemigos de los que te rodeabas. Casi, casi, te ordenábamos que fueses puro. Como nosotros. En los rudos textos, en las vehementes intervenciones radiales, despedazamos tus confusas relaciones con el poder. Claro que sí, qué otra cosa era un hombre saludando a Bush con una sonrisa. No prestabas atención a nuestra pedagógica manera de llevar adelante el protocolo.  El propósito era que nos escuchases. Que leyeras nuestros volantes, nuestros afiches, nuestras banderas. Tenías que hacerte, de un día para otro, justiciero expropiador de todos los sinvergüenzas. Tenías que rendirte ante nuestras luchas. Queríamos ser testigos de un milagro que honrara a nuestros santos leninistas: la conversión acelerada de un político burgués a tigre trotskista, como aquel que posa en nuestros posters.  Queríamos verte echando a todo tu staff, tus ministros, tus amigos, tu familia, desprendiéndote de cuentas bancarias, bienes, alquileres. Si era posible Flaco, tenías que tirar los mocasines y la birome Bic. Y desafiliarte del PJ.  Un día, Flaco, nos enteramos que hablabas en la ESMA. Que entrabas allí con las viejas y con los hijos. Pedazo de oportunista, dijimos. Luego, procuramos escuchar bien aquello que decías. "Como presidente de Argentina, vengo a pedir perdón en nombre del Estado nacional por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia tantas atrocidades". Carajo. Exasperabas nuestra incredulidad eterna. De pronto, un presidente argentino, de la Casa Rosada, les pedía perdón a las Madres; a las mismas Madres que un tiempo atrás (diciembre 2001) habían sido gaseadas, mojadas, arrojadas a caballos por los infames de la Casa Rosada. Ebrios de indiferencia, pensamos que debíamos aplaudir ese gesto, no más de 24 horas. No podíamos ser aventurados en el elogio. No tolerábamos que no cumplieras, una a una, todas nuestras utopías. Ni cuando aprobaste la jubilación para los que no tenían aportes. Incluida nuestra vieja, y nuestra suegra. Ni cuando le brindaste a Chávez, y a otros, el escenario adecuado para mandar a la misma mierda, el asesino ALCA. Ni cuando le sacaste el fútbol de las manos al pulpo eterno. Ni cuando quisiste poner un poco de justicia con la 125 cumpliendo tu máxima peronista de llegar al fifty fifty. Ni cuando desafiaste a Clarín y sus tentáculos. Ni cuando ideaste el final del monopolio de Papel Prensa. Ni cuando impulsaste el matrimonio igualitario. Ni cuando te enojaste con las claudicaciones de la ex intachable Corte. Ni cuando apagaste las privatizaciones de Aerolíneas, el saqueo de las AFJP, el choreo macrista del Correo. Ni cuando te extenuaron los impostores, los Alberto Fernández, los Lavagna, los Solá, los Cobos, los Pedraza. Ni cuando apoyabas una ley que resolviera un cacho de participación en las ganancias. Ni siquiera cuando tu última opinión sobre los burócratas sindicales contenía una frase premeditada: “hay que dar con el último de los autores intelectuales del crimen de Ferreyra”. Ahora que estás en Santa Cruz, rodeado de los combativos mineros de Río Turbio que adorábamos en los 90, ahora es como un poco tarde, Flaco. Queríamos decirte simplemente que los anarquistas somos, a veces, muy de vez en cuando, un laberinto de contradicciones. Y que pensábamos votarte. Era nuestra mínima y secreta manera de pedirte perdón. 

EDUARDO ALIVERTI: Con la coma

Por Eduardo Aliverti
 
Dolor y festejo, salvo alguna excepción, vienen a ser como antónimos perfectos. Pero no es tan obvio que tampoco son iguales la consternación y el dolor, aunque suenen parecidos. A estos dos últimos términos volvió a usárselos casi como sinónimos. Y la diferencia entre uno y otro, más allá de precisiones semánticas, es muy importante para juzgar una de las reacciones, tal vez inesperada, ante el impacto que produce el muerto.

El dolor es patrimonio de los que sienten que con este modelo recuperaron, ante todo, antes que absolutamente nada, la posibilidad de creer en la política como un instrumento que puede servir para mejorarnos la vida, y no siempre para jodérnosla. Que hay dirigentes políticos que no viven para cagar al pueblo. Cabe interrogarse por la influencia que habrá tenido, en esta notable muestra masiva de dolor, el hecho de que Kirchner no haya parado un segundo a pesar de su salud debilitada. Todos los que, en público, le pedían que frenara, le exigían en verdad que dejara de confrontar. Porque si lo hacía, podían recortar aquello en que los afectaba. Mucho o poco, los jodía que Kirchner no parara. El tipo, como cualquiera, andaba sin detenerse por una pulsión vivencial. Vaya uno a saber cuánto de consciente era en torno de que, si no regulaba la máquina, la muerte próxima sería inevitable, o al menos una probabilidad. Pero, ¿a cambio de qué parar la máquina? ¿De dejar de ser? ¿De pasar por la vida, en vez de vivirla como a él le gustaba? La primera impresión e incluso bastante después ante la noticia de su deceso, coincidamos, fue incredulidad. ¿Por qué, si se conocía que estaba mal? Porque al líder, al referente, al conductor, en primer término no se lo imagina muerto y, después y por eso mismo, no se quiere que se detenga. Y si cumple con eso, con lo que se quiere de él, al cabo no interesa si dio la vida por su pueblo o por él mismo. Lo que importa es lo que uno quiere imaginar que hizo. Pero para eso, pequeño detalle, debe haber pasado que lo que hizo benefició a mucha gente, porque de lo contrario esa gente ni siquiera se toma el trabajo de imaginar nada. Es eso de que la memoria no consiste en lo que pasó, sino en lo que se construye de lo ocurrido. Y se construye por la necesidad de creer; que en política, para el caso, significa creer que esa necesidad fue satisfecha en buena medida. ¿A qué salió a la calle y fue a la Rosada, dolorida pero efervescente, semejante multitud? ¿A qué, nutrida por tanta gente humilde, y tantos pendejos golpeándose el corazón y surgidos desde lo que se creía la nada misma dejada por el menemato, y tanto oficinista que gana dos mangos y hasta una izquierda que sin venir del palo estaba segura de que debía estar ahí? ¿A qué, que no sea que además de lo habido hay un por haber sólo canalizable en la realidad de agarrarse de este piso? El festejo es más detectable aun. Festejan la Rural, los grandes medios, Carrió, el Episcopado, Duhalde, los genocidas, tanto ganso que llama a las radios, variados factores de poder, fachos de la clase mierda, etcéteras. Esos también son pulsión primaria en su festejo, porque, a poco que se detengan en examinar, se murió la figura que les concentraba el odio y el discurso único. Y entonces tienen dos problemas: de dónde diablos salió toda esta gente emocionada; y cómo se hace para seguir bardeando a una mujer sospechosa de no retroceder, pero encima con imagen, real o construida, de sola contra todos. Es decir: contra todos ellos. Y con tanto pibe que la banca.

Finalmente, la consternación. El “¿y ahora?”, que se escuchó por tantas vías. Hay lo especulativo de quienes tienen intereses concretos. Kirchner, quedó dicho, era el gran ordenador de la oposición, en todas sus vertientes. Su iracundia, sus provocaciones, si se quiere sus excesos, amalgamaban a la contra porque fue él, Kirchner, quien instituyó esa suerte de “péguenme, cuanto más, mejor, porque me hacen más fuerte”. Si Cristina era y es la jefa de Estado, él era, sin la más mínima duda, el jefe político. El era el barro. Era la tensión con el sindicalismo pesado, el que maniobraba con los barones mafiosos del Gran Buenos Aires, el que operaba, el ministro de Economía, el que les ponía los puntos a los generales y coroneles del establishment. En la división de tareas de la férrea sociedad política del matrimonio, la fortaleza Cristina se ocupaba de bajar las grandes líneas discursivas con una oratoria impactante. Pero el barro era él, y ahora hay que ver quién lo cubre: no necesariamente porque ella no sabría cómo hacerlo, sino porque no puede, ni debe, atender todos los frentes. De modo que el Poder –una parte del Poder– se quedó momentáneamente sin el gran interlocutor con quien trabarse en combate. Y con la mujer, esa mujer, erigida en amazona solitaria. La cosa es que tal idea de desamparo no cruza solamente al nivel dirigencial opositor. Alcanza también a los que, consternados pero desde la planicie, pasaron a preguntarse quién ordena la mugre de aquí en más. Mal o bien, lo hacía Kirchner y, tanto que lo putearon los incontinentes del “dónde iremos a parar”, resulta que él garantizaba la “gobernabilidad” desde el fango. El enorme desafío de Cristina es encontrar el reemplazo de esa administración del lodo, porque con todo no va a poder. Y acaban de debutar, consternados, ante la muerte, los dudosos de si esto no será aunque sea lo menos malo frente a la impresentabilidad de la oposición.

Si es por interrogantes y ante la impresionante manifestación popular frente al muerto, algunos deberían preguntarse por qué no habrán cumplido su farsesca palabra de retirarse para siempre de la política. Algunos deberían preguntarse por toda la militancia que les falta, antes de siquiera soñar que el pueblo llorará por ellos. Algunos deberían preguntarse si acaso no es hora de sumar con honestidad ideológica a la espectacularidad de la política real, y no a la política de la espectacularidad. Algunos deberían preguntarse si no es mejor no dejar un solo resquicio más, para liquidar la sospecha de que pueden ser la gran candidatura blanca. Algunos deberían preguntarse si no les queda algún rincón para la incertidumbre, cuando resulta que ante el muerto rindió homenaje tanto mundo del mundo del que según los grandes medios estábamos aislados. Algunos deberían preguntarse si les conviene persistir en su presentación como única salida posible y revolucionaria, al comprobar que tantos pibes movilizados prefieren militar y conmoverse con otra esperanza. Los momentos dramáticos sirven para medir la capacidad de no quedar en el lado equivocado.

Casi ayer, hace menos de diez años, esta sociedad salía a la calle con aquella clamorosa exigencia de que se fueran todos. Todos. Que no quedara ni uno solo. Hoy, mucha de esa misma sociedad volvió a las calles a llorar que se fue un político en plena actividad. Y a darle fuerza a una Presidenta. Se piense como se piense acerca de este Gobierno, nadie puede rebatir seriamente que el salto entre una y otra situación supone una mejora general de expectativas populares.

“Estoy azorada”, decía el viernes una oyente radiofónica. “Hasta el miércoles estábamos todos de acuerdo en que la inflación es un desastre, y en que ya no damos más con la inseguridad, y en que había que cuidarse hasta en el censo. Y resulta que ahora salen esta multitud y todos estos pibes a defender al Gobierno.” Ese mensaje, seguramente, es representativo de los tantos que acaban de descubrir que el país de Clarín & Cía. no es el único.

Chau, Kirchner. Pero chau así, únicamente con coma. Porque sin coma es de los miserables que estaban apurados por que te murieras. Sin coma es de esa gente que debe estar cayendo en la cuenta de que está en problemas, vista toda la otra gente que salió y dijo lo que dijo: ni un paso atrás.

Pagina12

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