domingo, 26 de septiembre de 2010

ABUELAS: Red de solidaridades para luchadoras incansables

Pagina12

Producción: Federico Poore.

El juez español Baltasar Garzón, la senadora chilena Isabel Allende, el cantante Joan Manuel Serrat y la Selección Argentina de fútbol son algunos de los embajadores de lujo que impulsan la postulación de las Abuelas de Plaza de Mayo para el Premio Nobel de la Paz. Convocados por la asociación civil Abuelas de la Paz, todos ellos brindaron su respaldo a la organización que preside Estela de Carlotto y abogaron por que el premio que el comité noruego entregará en dos semanas se lo lleve Abuelas “por su incansable tarea”.

La candidatura, impulsada por tercer año consecutivo por el senador Daniel Filmus, fue aceptada por el comité el 20 de abril. Desde entonces, decenas de artistas y personalidades que por su prestigio y trayectoria gozan de una fuerte visibilidad pública se sumaron a la iniciativa y comenzaron a oficiar como sus embajadores ante el mundo.

El arte

“Su causa es la mía”, manifestó Serrat en su carta de apoyo. “Su ejemplo, su compromiso y su trabajo incansable a lo largo de todos estos años han hecho posible no sólo rescatar y restituir a las legítimas familias a muchos niños secuestrados por la dictadura sino también mantener encendida en la sociedad, dentro y fuera de la Argentina, la llama de la conciencia que nos empuja a conocer la verdad”, escribió.

El músico catalán forma parte del Consejo de Notables que el mes pasado hizo su presentación oficial en el Senado argentino. En aquel entonces, el juez Baltasar Garzón –suspendido en su país por investigar los crímenes del franquismo– dio su apoyo a las Abuelas en un acto que compartió junto a la senadora Isabel Allende, la hija del ex presidente Salvador Allende; y el ministro de Seguridad, Justicia y Derechos Humanos, Julio Alak.

El madrileño Ismael Serrano también se manifestó a favor de la iniciativa. Las Abuelas –dijo– “forman parte de una asociación que lucha por la identidad y la justicia, contra el olvido y el silencio. Hubieran preferido no asumir el protagonismo que hoy tienen, pero terribles circunstancias las obligaron a tomar la responsabilidad que al día de hoy las ha convertido en indispensables referentes morales en todo el mundo”, expresó el músico. El autor de “Principio de incertidumbre” relató algunas de las charlas que compartió con Carlotto y con Tati Almeida, la referente de Madres de Plaza de Mayo, y luego confesó: “En cada encuentro trato de contagiarme de su arrebatadora juventud”.

“Aun hoy, hombres y mujeres nacidos entre el ’75 y el ’80, con dudas con respecto a su identidad biológica, siguen acudiendo a las Abuelas en busca de la verdad”, contó Serrano. “Tras el análisis de ADN, después de tantos años, vuelven a nacer al reconocerse en las fotos de los padres reencontrados que las abuelas siempre guardan como un tesoro”, concluyó.

Para el músico Miguel Angel Estrella, embajador argentino ante la Unesco, la acción de Abuelas es “una causa de amor y justicia para pacificar nuestra sociedad”. “Su acción humanista, valiente y de gran coraje ha contribuido no sólo a resistir una dictadura cruel, sino también a preparar el retorno a la democracia –escribió Estrella desde París–. Conquistada ésta, con nobleza e inteligencia ejemplares comenzaron las investigaciones sin pausas para llegar a los juicios de los represores, responsables de la desaparición de sus hijos y del robo de los nietos nacidos durante el cautiverio de sus madres.”

Apoyos locales

Uno de los respaldos argentinos más difundidos recibidos por Abuelas fue el del ex entrenador de la selección nacional Diego Maradona. Junto con el suyo, llegó el de todo el equipo celeste y blanco, que el pasado 24 de mayo desplegó una bandera en el estadio Monumental apoyando la postulación.

En los días previos a la Copa del Mundo, el ex DT recibió en Sudáfrica a Carlotto. Maradona, quien había conocido a la titular de Abuelas en un acto por el 1º de mayo en Cuba, expresó su respaldo a las acciones emprendidas por la organización. “Todos tenemos que estar con ellas”, expresó Maradona, antes de abrazarse con Carlotto en una imagen que recorrió el mundo. Ella prefirió aclarar que que “el mejor premio, siempre, es encontrar otro nieto”.
Otros apoyos locales fueron los de los músicos León Gieco y Gustavo Santaolalla, el rabino Daniel Goldman, el historiador Felipe Pigna, el periodista Pedro Brieger y el filósofo Ricardo Forster. En esa misma línea, Abuelas de la Paz organizó durante las últimas semanas juntas de firmas en distintos puntos del país, buscando darle un espaldarazo popular a la iniciativa. Hasta ayer se habían recolectado más de 12 mil adhesiones.

Las chances

Este año llegó a Oslo la cifra record de 327 propuestas de nominaciones. Se habló, por ejemplo, de una potencial candidatura del presidente de Bolivia, Evo Morales –que obtuvo el respaldo del ex Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel–, pero hasta ahora los integrantes del jurado mantuvieron un fuerte hermetismo sobre los potenciales competidores de Abuelas. Todo parece indicar que, fiel a su estilo, el Comité que desde 1901 entrega los premios mantendrá en secreto la nómina final.

El ganador será anunciado en Oslo el viernes 8 de octubre y la ceremonia de entrega de premios tendrá lugar el 10 de diciembre, cuando se conmemore la muerte del sueco Alfred Nobel, ideólogo del galardón.

“Se lo merecen por muchas razones, no sólo por las históricas –expresó Filmus al justificar la iniciativa–. No sólo por haber peleado en épocas en las que el terrorismo de Estado imperaba en la Argentina, sino porque siempre han buscado justicia y memoria, y nunca la venganza ni la revancha personal”, agregó.

Argumentos similares brindó la organización Abuelas de la Paz. “Con su lucha infatigable se han transformado en uno de los principales paladines y símbolos del valor de la democracia y la paz en América latina, uno de los continentes más golpeados por las interrupciones del orden constitucional”, expresaron sus referentes. En menos de dos semanas se sabrá si finalmente llegó la hora de ese reconocimiento.

sábado, 25 de septiembre de 2010

MAPUCHES - NO AL CINISMO - Por Osvaldo Bayer

Pagina12

A veces las sociedades muestran rostros crueles y cínicos que nos hacen sospechar que el ser humano, en general, es acomodaticio y falso. Aunque nunca generalizaremos –por las muestras de coraje civil de tantos héroes del pueblo–, sin embargo nos hace sentirnos a veces inseguros y pesimistas. Por ejemplo, el cinismo de las autoridades chilenas con la huelga de hambre que sostienen los treinta y dos mapuches podría calificarse de despreciable, sin caer en el prejuicio ni en lo injusto. El caso ya es notorio, lo conoce todo el mundo, esos presos están en huelga de hambre ya desde hace 75 días y, para colmo, en las últimas jornadas ya ni siquiera toman líquidos. Siete de ellos han sido internados en el hospital de Concepción. Se ha levantado un clamor que trasciende los Andes y ha llegado a todas las latitudes.

Están detenidos desde los tiempos de la presidenta Bachelet, y ésta se defiende diciendo que están condenados por la ley antiterrorista y que ella pidió la anulación de esta ley pero su pedido fue rechazado por el Congreso nacional. Causa pena que la heredera de Salvador Allende haya permitido que se aplicara la ley antiterrorista aprobada por el dictador Pinochet. Y que ahora siga rigiendo bajo el nuevo mandatario Piñera, un heredero de la derecha que apoyó al criminal militar. Realidades latinoamericanas. Es lamentable que representantes elegidos por el pueblo sigan obedeciendo dictados de los que asaltaron el poder y cometieron delitos de lesa humanidad contra el pueblo.

Es la misma cobardía que demostraron aquellos gobiernos de nuestro país que aceptaron regirse por la ley de medios de comunicación de la dictadura militar de la desaparición de personas, ley que finalmente fue derogada después de más de un cuarto de siglo que siguió imperando en esta nueva democracia.

Estos héroes mapuches que llevan a cabo la huelga de hambre son tratados así porque defienden su tierra contra los avances de un capitalismo que destruye la naturaleza. La reacción de ellos fue legítima: oponerse para defender el medioambiente que siempre los ha rodeado. Se los acusó de terroristas y están siendo juzgados por tribunales militares porque así lo ordena la ley de Pinochet. Además fueron detenidos en forma oprobiosa por los mismos militares. Está todo descrito en las crónicas. Pero nada. Por eso empezaron con la única arma no violenta que puede comprometer a los injustos del poder: ofrecer la propia vida como protesta. La huelga de hambre. Con sus imprevisibles consecuencias.

Me han conmovido los llamados de esos verdaderos mártires. Por ejemplo, leamos este escrito de ellos: “Nuestra propuesta para ustedes amigos, amigas, sectores sociales verdaderamente progresistas, hermanos libertarios, obreros y estudiantes, pueblo antisistémico y contestatario, hombres sinceros y hermosas mujeres conscientes: sumarse a nuestra lucha en un bloque amplio de participación, buscar en la lucha misma el fortalecimiento de sus propias propuestas que les identifiquen, utilizar este tiempo de protesta para encontrar a los amigos de los que nos priva el consumismo y el individualismo egoísta; invitar al compromiso social para desenmascarar a estos tiranos que se disfrazan de humildad y que por todos los medios intentan convencernos de que es necesaria su tiranía, socavar las entrañas de este sistema para construir con nuestras propias manos el futuro que merecemos... La lección de esto es que al contrario de los gobiernos que desprecian la vida y su propia historia, nosotros nos hacemos cargo de ella y amamos tanto la vida que la exponemos en esta privación voluntaria de alimentos... Amamos con ternura a nuestros hijos que extrañamos, también a todos los niños mapuches porque con nuestro dolor y sacrificio proclamamos la esperanza de su futuro... Hermanos mapuches, ámense, reprodúzcanse, tengan muchos hijos, recuperen, luchen y continúen amándose. Hermanos winkas pobres y solidarios, únanse, fortalezcan sus luchas, golpeen desde todos lados al poder que los oprime, reclamen lo que les pertenece y por supuesto ámense mucho y sean germen de generaciones de solidaridad”.

¡Qué lenguaje! Poesía y coraje. Y el gobierno elegido los hace juzgar por militares. Los militares que sirvieron y obedecieron a Pinochet. ¿A dónde quedó el paisaje, a dónde la mano abierta, a dónde el diálogo? ¿A dónde la verdadera democracia? Para ser pesimistas acerca del futuro del ser humano bastarían todas estas pruebas, pero nacen las palabras de estos hombres: “Hermanos... pobres y solidarios, únanse... ámense mucho y sean germen de generaciones de solidaridad” nos dicen ellos, los presos. No, es increíble, el ser humano no se rinde a pesar de la desaparición, del fusilamiento en canchas de fútbol, de la codicia del poder, de los uniformes para matar la vida. Por eso nos gusta la solidaridad con ellos que se ha desatado en tierra argentina.

Pero eso sí, el gobierno de Piñera exige de la Argentina que le entregue al luchador de la resistencia Galvarino Apablaza Guerra, que fue secuestrado en aquellos años y torturado bárbaramente por la dictadura militar chilena. Lo exigen los mismos jueces que actuaron durante la dictadura de Pinochet y que siguen en su oficio en la actual “democracia”. La Asamblea Nacional por los Derechos Humanos de Chile ha protestado enérgicamente por la pretensión de Piñera y sus jueces y destaca que esa actitud no es más que la continuación de una política de terrorismo de Estado. Es hasta increíble: la democracia chilena juzga a los mapuches con jueces militares y a la vez exige la entrega de un luchador antipinochetista a la Argentina. Me hace acordar con mucho dolor, cuando Alfonsín pactó con los carapintadas en aquella Semana Santa cuando desde el balcón de la Rosada dijo: “La casa está en orden, felices Pascuas” y accedió al “punto final” y a la “obediencia debida” mientras que después, en el caso de La Tablada, contra la izquierda, ordenó la represión al general Arrillaga, un brutal asesino de la dictadura, autor de La Noche de las Corbatas, en Mar del Plata, que hizo desaparecer en una noche a todos los abogados de derechos humanos de esa ciudad. Ese asesino, hoy juzgado por sus crímenes, fusiló, torturó e hizo desaparecer, en plena democracia, a varios de los invasores de ese cuartel. Claro, en ese caso eran izquierdistas.

Particularidades de nuestras democracias latinoamericanas. Para los derechistas uniformados, la complacencia; para la izquierda, todo el peso “de la ley”.

Creemos que en el caso de los huelguistas de hambre mapuches del sur chileno, defensores de su tierra y su naturaleza, debemos expresar, como latinoamericanos todo nuestro apoyo y nuestra protesta, para marcar nuestro futuro sin fronteras y por el respeto a nuestra naturaleza pensando en las próximas generaciones. Y que, ante todo, debemos proteger a quienes ofrecieron su vida en su lucha contra las dictaduras. Concesiones en ese sentido nos haría sentir que entramos en el mundo del cinismo.

Y en esta semana vivimos un acto en el que quedó en evidencia una vez más que en la Historia triunfa finalmente la ética. En la propia Legislatura de Buenos Aires se llevó un acto –iniciado por la diputada María José Lubertino– por el cual se apoyó mi proyecto de reemplazar el monumento al genocida Julio Argentino Roca por un monumento a la mujer de los pueblos originarios. Proyecto que el escultor Andrés Zerneri ya se ha tomado la responsabilidad de llevar a cabo. El proyecto se basa en que esa mujer sufrió lo indecible cuando se llevó a cabo el genocidio roquista titulado “Campaña del desierto”, sus hombres fueron enviados prisioneros a diversos lugares del país como esclavos, se les quitó a sus niños y ellas mismas fueron repartidas como sirvientas en Buenos Aires. Además, esa mujer fue la madre del criollo que, como soldado, integró los ejércitos que nos liberaron del yugo español. El proyecto fue presentado hace varios años y rechazado por el macrismo con el único argumento de que “en historia hay que mirar hacia delante”, argumento que barre todo principio ético en la historia.

La reunión –que contó con la dulce música coya– fue plena de pruebas históricas por parte de los oradores y se leyeron increíbles documentos racistas del general llamado, nada menos, que Julio Argentino Roca. El proyecto cada vez tiene más adhesiones de gente de la cultura y del ambiente artístico y, lo que más importa, de docentes.

En ese sentido se ha producido un hecho que habla de la superficialidad de algunos representantes de la ciudad. El director de escuela Enrique Samar, conocido por su lucha contra todo racismo y por la verdad histórica, propuso que la Plaza de los Virreyes de esta capital pase a tener el nombre del máximo héroe de los pueblos originarios que se llama nada menos que Túpac Amaru. Los documentos de este revolucionario que se adelantó a los hombres de Mayo en varias décadas y que quería la eliminación de la esclavitud con que los españoles sometían a las poblaciones originarias, y la libertad definitiva de estas tierras, sufrió la muerte más cruel ejecutado por los representantes del “rey católico de España” y saludada por los obispos católicos de Lima y Buenos Aires. Que haya todavía una “Plaza de los Virreyes” en Buenos Aires marca la falta de conocimiento histórico y espíritu libertario de nuestras autoridades municipales, ya que esos virreyes llevaron a cabo la esclavitud de las poblaciones originarias y la represión de todo intento de independencia de los sometidos. Pues bien, ante la iniciativa del docente Samar la mayoría de la comisión de cultura votó a favor de la propuesta mientras los representantes de Macri, los del PRO, votaron en contra con este argumento: “Que la historia nos demuestra que los virreyes fueron protagonistas trascendentales en la construcción cultural, política y económica del virreinato del Río de la Plata –antecedente histórico e institucional de nuestro país–, por lo que no resulta inconveniente que una plaza de la ciudad lleve el nombre de Plaza de los Virreyes”. Esto, justo en el Bicentenario de la Revolución de Mayo. Increíble, porque además ese nombre fue dado a esa plaza por la dictadura militar de la desaparición de personas. Si se enteraran Belgrano, Moreno, Castelli, con sus maravillosos documentos de liberación del yugo del colonialismo español, no vacilarían de calificar como se debe a estos cuatro “representantes del pueblo”: Patricio Distéfano, Carmen Polledo, Avelino Tamargo, Marta Varela y Oscar Moscariello. Con ese criterio a las próximas plazas habría que ponerles el nombre de “Martínez de Hoz”, “Sociedad Rural” o por qué no “Invasiones Inglesas”. El cinismo a veces nos ofrece formas rioplatenses autóctonas. Por eso, no olvidar.

martes, 21 de septiembre de 2010

NIETO 102 - “En el fondo, él desea saber quién es”


Pagina12
Por Alejandra Dandan
 
“El documento es de una persona que no existe –dijo Estela Carlotto– porque existe otra persona que va a tener que recuperarlo, y eso es obra de la Justicia.” La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo presentó así la noticia de la recuperación del nieto número 102. Un caso que no es sencillo, dijo, porque el joven no aceptó hacerse voluntariamente los análisis genéticos. Después de muchos años y de varios fallos judiciales, confirmaron finalmente que es hijo de María Graciela Tauro y de Jorge Daniel Rochistein, dos militantes de Montoneros secuestrados el 15 de mayo de 1977. El joven, del que no se dijo su nombre, no estuvo en la casa de las Abuelas para la conferencia de prensa. Hubo un dato en la causa que fue especialmente subrayado en Abuelas: la existencia de un allanamiento donde se fraguaron las pruebas con la intervención del mismo comisario que actuó en otros casos similares, como el de los hermanos Herrera Noble. “En el fondo, él desea saber quién es”, dijo Estela. “Y va a seguir amando a quien quiera.” Las Abuelas, siguió, “no pueden decir como dicen livianamente algunos miembros del Poder Judicial cuando dicen ‘pobrecitos’, ‘déjenlos’”, explicó. “Este es un derecho de acción pública: si las Abuelas dicen ‘pobrecito’ están encubriendo un delito, siendo parte, siendo cómplices, por eso tenemos que llevarlo a la Justicia.”
La sala de la sede de Abuelas estaba repleta de cámaras, micrófonos de televisión y voces de cronistas de tonos extranjeros. “Estamos en un país en democracia –explicó Carlotto cuando le preguntaron por el rol de los medios–, donde no tenemos que tener miedo para hablar de una situación que no está resuelta. Los medios pueden ser portadores de la verdad o pueden ocultarla.”
Las Abuelas mencionaron la historia de la causa del nieto 102, pero sobre la identidad del joven apropiado señalaron pocos datos. El joven se crió como hijo natural de un integrante de un grupo de tareas de la Fuerza Aérea, la fuerza de seguridad que mantuvo secuestrada a su madre en Mansión Seré desde donde la llevaron a dar a luz a la ESMA. Anoche, un cable de la agencia DyN divulgó el nombre del comodoro –prófugo de la Justicia desde hace años– que sería el apropiador del nieto recuperado. Pero, como solicitaron las Abuelas, Página/12 no lo dará a conocer para no obstaculizar el proceso de adaptación del joven a su nueva identidad.
Sus padres eran María Graciela Tauro y Jorge Daniel Rochistein. Ella era “La Gracie” entre sus familiares. Vivía en Bahía Blanca, tenía una hermana más chica, un padre tornero de los talleres del ferrocarril y propietario con su mujer de un quiosco de barrio. María Graciela estudió Bioquímica en la Universidad Nacional del Sur hasta tercer año, viajó a Buenos Aires, trabajó de empleada en una fábrica, era militante de la JUP y luego de Montoneros. Para sus compañeros era Raquel, Chela o Queda. Y era muy linda, dijo Estela, “tenía el cabello oscuro y ondulado”.
Jorge estudió Ciencias Económicas en la misma universidad. Su padre tenía una fábrica de carteras en Coronel Suárez, que luego mudó a Bahía Blanca. Jorge militaba en Montoneros. Entre sus compañeros era El Hippie, Ricardo o Iricardo. Los dos se conocieron durante los años de militancia, se casaron el 30 de enero de 1976 en Buenos Aires, y con los primeros meses del golpe estuvieron en el Gran Buenos Aires. Cuando los secuestraron, el 15 de mayo, ella llevaba cuatro meses y medio de embarazo. Pasaron por la Comisaría 3ª de Castelar, ella estuvo en el centro clandestino de Mansión Seré desde donde la llevaron a la ESMA. En noviembre de ese año dio a luz a un varón, asistida por el médico militar Jorge Luis Magnacco.
Según consta en la causa judicial, a ambos los ejecutaron en forma sumarísima durante un enfrentamiento fraguado de guerrilleros con militares, un procedimiento habitual en la época.
De lo que pasó después, Abuelas casi no dio información. La investigación para recuperar al niño se inició hace unos diez años por los datos de un represor, parte del grupo de tareas donde operó el apropiador del niño. Esa persona estuvo con María Graciela y pudo contar quién se llevó a la criatura. Su testimonio sin embargo cobró valor porque aportó además los datos de otro niño apropiado. Era el caso de Guillermo Francisco Gómez, que rápidamente se demostró que era nieto de Rosa Roisinblit. Ese apropiador, dijo Estela, “se animó por primera vez a hablar, cosa que ojalá todos los que participaron de la represión hicieran. Rosa lo supo hace ya diez años, en este caso demoró más porque el caso era mucho mas difícil”.
Como el joven se negó a realizar el estudio de ADN, el caso llegó a la Corte Suprema que se expidió contra la extracción obligatoria. Como sucede con el caso de los Noble Herrera, el tribunal consideró que se podían utilizar medidas alternativas para obtener la información genética. La causa estaba en manos del juez Rodolfo Canicoba Corral, quien ordenó un primer allanamiento para obtener muestras de sus objetos personales. “Como también sucedió en otros casos –explicó la presidenta de Abuelas–, las muestras fueron fraguadas y resultó imposible reconstruir el perfil genético.”
Los imputados supieron entre tres y cuatro días antes que se iba a hacer ese allanamiento. De acuerdo con los datos de la causa, le dieron a la Justicia un cepillo de dientes de la apropiadora. Canicoba volvió a convocar al joven. Esta vez, él mismo le compró ropa, ordenó el secreto de sumario y se aseguró de llamarlo después de un día de trabajo. Lo convocó a su despacho y presenció el momento en el que se quitaba y cambiaba la ropa para asegurarse de que no hubiese otro error.
Cuando le preguntaron a la presidenta de Abuelas por esa medida y la relación con el caso Noble Herrera, ella respondió: “La Justicia debiera ordenar la extracción como lo hizo Canicoba”.
Pero las Abuelas mencionaron otro dato. El allanamiento que ordenó Canicoba se hizo en mayo de 2008 y estuvo a cargo del subcomisario Carlos Garaventa de la División de Seguridad de Estado de la Policía Federal. En mayo de este año, Garaventa intervino en el allanamiento de los Herrera Noble. “Casualmente –dijo Estela–, en ambos procedimientos intervino el mismo jefe policial”. Garaventa fue separado de la fuerza el mes pasado (ver recuadro)
Con el avance de las investigaciones en Abuelas, ahora se sabe además que esa misma división estuvo a cargo de otro procedimiento fraguado en el año 2006 en el marco de la causa por la apropiación de Alejandro Sandoval Fontana por el gendarme Víctor Rei. Alejandro estaba ayer en la sede de Abuelas. En su caso, la policía llamó 48 horas antes a su apropiador para avisarle del operativo. Rei llamó a Alejandro a Campo de Mayo para que pase a buscar un cepillo de dientes suyo, un peine, una remera y una toalla. Elementos a los que sumó además el cepillo de dientes de un hijo biológico con la intención de fraguar los resultados. Alejandro declaró sobre el allanamiento hace dos meses en el juzgado de Sandra Arroyo Salgado, a cargo de la investigación de la causa Noble Herrera. Pero declaró en una causa paralela.
“Permitime, que quiero decir una cosa”, le pidió a Estela el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde. “En este caso, con todas las dificultades que tuvo, se llegó a saber la verdad: eso nos fortalece la idea de que a pesar de todas las medidas dilatorias la Justicia va a avanzar”, concluyó.
María Graciela Tauro y Jorge Daniel Rochistein, los padres del nieto 102, fueron secuestrados en mayo de 1977.

lunes, 20 de septiembre de 2010

¿Los dictadores van a volver?

Pagina12
Por Irina Hauser
 
Una mañana de 1979 mi hermano entró en mi habitación con los ojos desorbitados: “¡Mamá está durmiendo con el tío Oscar!”, gritó. Yo tendría ocho años. El, siete. Juntos fuimos en puntitas de pie y espiamos desde la puerta. Mamá no estaba durmiendo con el tío. Era papá, que se había afeitado la barba. Esa barba tupida con la que siempre lo conocimos. “Qué extraño”, pensamos.

Gracias a que existe el feriado del 24 de marzo, hoy en las escuelas se habla de la última dictadura, incluso en los jardines de infantes. Así fue como mi hija de cinco años llegó a casa muy orgullosa de lo que había aprendido y me dijo: “¿Sabías que en la dictadura no dejaban a los varones usar el pelo largo, ni barba, ni dejaban escuchar cierta música, ni hacer arte?”. Me quedé pasmada escuchándola y, como mencionó la cuestión de la barba, le conté la anécdota sobre mi viejo. Le divirtió, pero enseguida puso las cosas en su lugar: “Mamá, los dictadores eran muy malos, trataban muy mal a los que no tenían las mismas ideas que ellos”. Después se quedó pensativa. “¿Los dictadores van a volver? ¿Existen todavía?”, me preguntó. El otro día una amiga me contó que su hija de cuatro años le había dicho lo mismo. La misma duda, el mismo temor. Con el agregado de una sensación de peligro quizá más palpable, ya que mi amiga es hija de desaparecidos. Mis cicatrices son otras, pero también están. Tardé años en entender el cambio de apariencia de mi papá, por qué me ponía a llorar cada vez que veía un militar, por qué en mi casa quemaban los libros, por qué me daba taquicardia pasar por el Regimiento Patricios. Más allá de las historias personales, mi amiga y yo compartimos una sensación de alivio: por suerte, comentamos, les pudimos decir a nuestras hijas que la mayoría de los represores están presos. Y cientos están siendo enjuiciados, al fin. Qué bueno tener una respuesta tranquilizadora.

La semana pasada Angela Urondo, hija del escritor Francisco “Paco” Urondo y Alicia Raboy, me hizo notar que hay grietas que persisten. Una muy profunda está en Mendoza, donde en 1976 mataron a su papá y desaparecieron a su mamá. En esa provincia los represores andan sueltos, los liberaron. Porque todavía hay jueces cómplices, que lo fueron durante el terrorismo de Estado y ahora intentan beneficiar a sus antiguos aliados. “Yo no me puedo ir de vacaciones a Mar del Plata pensando que en la sombrilla de al lado puede estar el hombre que torturó y secuestró a mi madre”, dijo Angela. Me estremeció. Me quedé pensando en todos los juicios que faltan. Y en cuánta gente repite últimamente que está harta de oír hablar de la dictadura.

“Quiero transmitirles seguridad a mis hijos, ¿cómo hago?”, planteó Angela en el Consejo de la Magistratura, que investiga a tres camaristas mendocinos por apañar crímenes de lesa humanidad. Uno de ellos, Luis Miret, dejó el cargo para evitar que lo destituyeran. Pero como la Presidenta todavía no decidió si acepta su renuncia, el jueves último lo suspendieron igual y lo mandaron a juicio político. Angela presenció la votación. Cuando volvió a su casa escribió en su blog: “La sensación es confusa. Parece felicidad, pero no es, es un poco menos de amargura”. Su blog se llama “Pedacitos”.

Ella, mi hija, mi amiga. Con sus palabras, me confirmaron la importancia de poder decirles a nuestros hijos (y a nosotras mismas) que ya está, ya pasó, ya pasó. Qué necesario es poder mostrarles que hay un cierre para esta historia. Todavía falta, y tal vez no estemos tan lejos.

EDUARDO ALIVERTI: SECUNDARIOS: EL CLUB DE LA PELEA

Pagina12 Por Eduardo Aliverti
 
La marcha estudiantil y docente del jueves pasado adquiere una significación especial. No es sólo por la notable cantidad de manifestantes, ni por repercutir ya en ciudades del interior, ni por haber carecido del aporte de grandes aparatos, ni porque ratificó el reverdecer movilizador del alumnado adolescente. Se trata, por más obvio que parezca, de cómo sectores populares dinámicos vuelven a apostar al Estado, a las políticas públicas, como motor de las reparaciones sociales. Y de que ahora es una apuesta manifiesta, no vergonzante.

Muy obvio, sí, pero si se lo piensa en términos históricos queda a la vuelta de la esquina aquello de que achicar el Estado es agrandar la Nación. Para constatarlo no hay que remitirse a Martínez de Hoz, ni a la rata, porque, si es por vigencia, rige que la ciudad más importante del país tiene como gobierno democrático a sus huestes sucedáneas. Gabriela Michetti (diputada nacional del PRO: con toda seguridad habrá muchos que perdieron la referencia de qué hace) acaba de decir que es una buena oportunidad para que los estudiantes aprovechen su energía, agarren el pico y la pala y arreglen, ellos mismos, los dramas edilicios de sus colegios. Es un testimonio impresionante esa frase de la ex vicejefa gubernamental porteña; cargo del cual tampoco habrá una mayoría que lo recuerde, incluyendo a quienes la votaron en 2007, porque su rol como tal fue sencillamente nulo. Refleja el pensamiento de derecha con una crudeza pornográfica que debe agradecerse, porque sirve para que nadie pueda hacerse el desentendido. Médicos y enfermeras deberían aprovechar su vocación y proveerse insumos quirúrgicos. Los albañiles de las obras públicas porteñas no tendrían que pensarlo un segundo más y gastar parte de sus salarios en la compra de materiales, para que Buenos Aires esté rápidamente bueno si es que los recursos municipales no alcanzan. Son esos fondos que según Macri bastaban y sobraban para ser Bruselas, sin necesidad de recurrir al erario nacional. Y ya que estamos, los docentes bien podrían hacer valer su espíritu combativo-solidario y colaborar con los inspectores en la requisa de los boliches. El firmante no intenta extremar un absurdo, porque de por sí el desatino de Michetti es insuperable: simplemente sigue la lógica de quien, por razones muy difíciles de digerir al estar tuteladas por la tilinguería, permanece al frente de las encuestas locales tanto en intención de voto como en imagen favorable. Una prueba más de cómo la propaganda mediática, por acción u omisión, es capaz de favorecer no ya a razonamientos reaccionarios sino, derecho viejo, a inútiles corroborados. Porque séase honesto: ¿de qué tipo de eficiencia de gestión estamos hablando si el Gobierno de la Ciudad no puede controlar que los estudiantes secundarios lo pasen por encima? Una pregunta que, tranquilamente, puede ser formulada por la derecha. A Macri lo votaron para acabar con la “vieja política”; para conducir lo público con cabeza de empresario eficiente; por la confianza en los cuadros técnicos que nunca jamás mostró, ni siquiera en campaña, pero se quiso creer que tenía. Y resulta que aparecen unos miles de pibes, dispuestos a demostrar que no son una manga de boludos irrecuperables, y se lo llevan puesto. ¿Dónde está, entonces, esa capacidad tecnocrática que iba a servir para poner en caja a tanto vago, munido de la plata que el PRO dijo le sobraba y de una masa de votantes que adujo su carácter de rico como presunción de que no robaría? ¿Dónde está? ¿Qué dirán ahora los que se encuentran con una metrópolis donde no se puede circular, con derrumbes a la orden del día, y con esas bicisendas ridículas que no se utilizan como única muestra concreta de la eficacia PRO?

Al agradecimiento a Michetti, por la india que le salió del alma sin ambages, se suma el redoble del envite. Macri bajó del avión que lo trajo de su intercambio cultural europeo, en medio de los colegios tomados, con la decisión de correr a un costado el eje inseguridad-boliches. Recibió el consejo de acentuar el combate contra el estudiantado y los docentes quilomberos (único adjetivo que procesa), como forma de refugiarse en su núcleo duro de electorado porteño conservador. Es la gente que lo vota seguro y que –¿increíblemente?– persiste en confiarle atributos presidenciales. Esa gente que no manda a sus hijos a la escuela pública; que quiere sacarse negros de encima; a la que le parecen bien las escuchas ilegales si es para controlar díscolos; creyente de que es el mejor candidato blanco, sea para la Capital o para la Patria toda, negado Reutemann e improbable de desmentir que cualquier radical no vuelva a acabar en helicóptero. Y entonces ponen más fichas ahí, y hablan de sanciones, y de que a los docentes les van a descontar los días de paro, y refuerzan la existencia de una “infiltración” en la que no creen ni ellos mismos. En lugar de no echar más nafta al fuego, acumulan tonterías incompatibles con bajar un cambio para administrar y amenguar el conflicto.

Pese a lo antedicho, sería un error grosero que esta movida se vea como una demanda sólo dirigida al macrismo. El centro, por cierto, es ése. Pero en los alrededores hay un requerimiento global, para el caso sobre el estado de la educación pública, que excede las animaladas del oficialismo porteño. En otras palabras, el liderazgo político kirchnerista y el clima de etapa local y regional –no importaría mucho cuál como causa y cuál como efecto– han liberado un brío que interpela al Poder en general. Estos pibes movilizados, como otros colectivos que ganan las calles y al igual que un proyecto para repartir ganancias con los trabajadores o el de una nueva ley de entidades financieras, son el producto de que las gentes, más gentes, se animan a avanzar contra los congelamientos ideológicos que parecían invencibles. Se adelantó, claro que sí, en haber construido algo o bastante más que otro discurso, opuesto al liberal. Pero ese mismo avance exige ahora profundizar los cambios. El Gobierno puede sentir que es subsidiario de la bronca contra factores emblemáticos de la derecha, y de la misma manera le cabe asumir que ya no es solamente carecer de retorno: las porciones sociales que alentó le piden más Estado, más intervención. Más izquierda, por qué no, así fuere por defección de la derecha antes que por convencimiento ideológico. Es lo que resultó.

A todo esto, el problema de salud vivido por Kirchner a comienzos de semana volvió a reflejar el grado de ansiedad del aglomerado opositor. Algunos aprovecharon la circunstancia para insistir con el fin irreversible de la experiencia kirchnerista. Otros, muchos, se montaron en la advertencia de que la enfermedad arterial del ex presidente es, ante todo, el producto de su carácter invariablemente enojoso, irritante, confrontador. Un cinismo a toda prueba. El mensaje no fue “pare de pelear que le hace mal”. Es “deje de pelearnos, retírese, ya está”. Es lo que les queda para agarrarse de algo, de lo que sea, a falta de la ninguna alternativa que presentan con excepción de sus espectáculos denuncistas. Aparte de ése tienen el problema de que cada vez más gente, y alguna tan impensada como los estudiantes secundarios, se suma a la pelea y no siente que le haga mal.La marcha estudiantil y docente del jueves pasado adquiere una significación especial. No es sólo por la notable cantidad de manifestantes, ni por repercutir ya en ciudades del interior, ni por haber carecido del aporte de grandes aparatos, ni porque ratificó el reverdecer movilizador del alumnado adolescente. Se trata, por más obvio que parezca, de cómo sectores populares dinámicos vuelven a apostar al Estado, a las políticas públicas, como motor de las reparaciones sociales. Y de que ahora es una apuesta manifiesta, no vergonzante.

Muy obvio, sí, pero si se lo piensa en términos históricos queda a la vuelta de la esquina aquello de que achicar el Estado es agrandar la Nación. Para constatarlo no hay que remitirse a Martínez de Hoz, ni a la rata, porque, si es por vigencia, rige que la ciudad más importante del país tiene como gobierno democrático a sus huestes sucedáneas. Gabriela Michetti (diputada nacional del PRO: con toda seguridad habrá muchos que perdieron la referencia de qué hace) acaba de decir que es una buena oportunidad para que los estudiantes aprovechen su energía, agarren el pico y la pala y arreglen, ellos mismos, los dramas edilicios de sus colegios. Es un testimonio impresionante esa frase de la ex vicejefa gubernamental porteña; cargo del cual tampoco habrá una mayoría que lo recuerde, incluyendo a quienes la votaron en 2007, porque su rol como tal fue sencillamente nulo. Refleja el pensamiento de derecha con una crudeza pornográfica que debe agradecerse, porque sirve para que nadie pueda hacerse el desentendido. Médicos y enfermeras deberían aprovechar su vocación y proveerse insumos quirúrgicos. Los albañiles de las obras públicas porteñas no tendrían que pensarlo un segundo más y gastar parte de sus salarios en la compra de materiales, para que Buenos Aires esté rápidamente bueno si es que los recursos municipales no alcanzan. Son esos fondos que según Macri bastaban y sobraban para ser Bruselas, sin necesidad de recurrir al erario nacional. Y ya que estamos, los docentes bien podrían hacer valer su espíritu combativo-solidario y colaborar con los inspectores en la requisa de los boliches. El firmante no intenta extremar un absurdo, porque de por sí el desatino de Michetti es insuperable: simplemente sigue la lógica de quien, por razones muy difíciles de digerir al estar tuteladas por la tilinguería, permanece al frente de las encuestas locales tanto en intención de voto como en imagen favorable. Una prueba más de cómo la propaganda mediática, por acción u omisión, es capaz de favorecer no ya a razonamientos reaccionarios sino, derecho viejo, a inútiles corroborados. Porque séase honesto: ¿de qué tipo de eficiencia de gestión estamos hablando si el Gobierno de la Ciudad no puede controlar que los estudiantes secundarios lo pasen por encima? Una pregunta que, tranquilamente, puede ser formulada por la derecha. A Macri lo votaron para acabar con la “vieja política”; para conducir lo público con cabeza de empresario eficiente; por la confianza en los cuadros técnicos que nunca jamás mostró, ni siquiera en campaña, pero se quiso creer que tenía. Y resulta que aparecen unos miles de pibes, dispuestos a demostrar que no son una manga de boludos irrecuperables, y se lo llevan puesto. ¿Dónde está, entonces, esa capacidad tecnocrática que iba a servir para poner en caja a tanto vago, munido de la plata que el PRO dijo le sobraba y de una masa de votantes que adujo su carácter de rico como presunción de que no robaría? ¿Dónde está? ¿Qué dirán ahora los que se encuentran con una metrópolis donde no se puede circular, con derrumbes a la orden del día, y con esas bicisendas ridículas que no se utilizan como única muestra concreta de la eficacia PRO?

Al agradecimiento a Michetti, por la india que le salió del alma sin ambages, se suma el redoble del envite. Macri bajó del avión que lo trajo de su intercambio cultural europeo, en medio de los colegios tomados, con la decisión de correr a un costado el eje inseguridad-boliches. Recibió el consejo de acentuar el combate contra el estudiantado y los docentes quilomberos (único adjetivo que procesa), como forma de refugiarse en su núcleo duro de electorado porteño conservador. Es la gente que lo vota seguro y que –¿increíblemente?– persiste en confiarle atributos presidenciales. Esa gente que no manda a sus hijos a la escuela pública; que quiere sacarse negros de encima; a la que le parecen bien las escuchas ilegales si es para controlar díscolos; creyente de que es el mejor candidato blanco, sea para la Capital o para la Patria toda, negado Reutemann e improbable de desmentir que cualquier radical no vuelva a acabar en helicóptero. Y entonces ponen más fichas ahí, y hablan de sanciones, y de que a los docentes les van a descontar los días de paro, y refuerzan la existencia de una “infiltración” en la que no creen ni ellos mismos. En lugar de no echar más nafta al fuego, acumulan tonterías incompatibles con bajar un cambio para administrar y amenguar el conflicto.

Pese a lo antedicho, sería un error grosero que esta movida se vea como una demanda sólo dirigida al macrismo. El centro, por cierto, es ése. Pero en los alrededores hay un requerimiento global, para el caso sobre el estado de la educación pública, que excede las animaladas del oficialismo porteño. En otras palabras, el liderazgo político kirchnerista y el clima de etapa local y regional –no importaría mucho cuál como causa y cuál como efecto– han liberado un brío que interpela al Poder en general. Estos pibes movilizados, como otros colectivos que ganan las calles y al igual que un proyecto para repartir ganancias con los trabajadores o el de una nueva ley de entidades financieras, son el producto de que las gentes, más gentes, se animan a avanzar contra los congelamientos ideológicos que parecían invencibles. Se adelantó, claro que sí, en haber construido algo o bastante más que otro discurso, opuesto al liberal. Pero ese mismo avance exige ahora profundizar los cambios. El Gobierno puede sentir que es subsidiario de la bronca contra factores emblemáticos de la derecha, y de la misma manera le cabe asumir que ya no es solamente carecer de retorno: las porciones sociales que alentó le piden más Estado, más intervención. Más izquierda, por qué no, así fuere por defección de la derecha antes que por convencimiento ideológico. Es lo que resultó.

A todo esto, el problema de salud vivido por Kirchner a comienzos de semana volvió a reflejar el grado de ansiedad del aglomerado opositor. Algunos aprovecharon la circunstancia para insistir con el fin irreversible de la experiencia kirchnerista. Otros, muchos, se montaron en la advertencia de que la enfermedad arterial del ex presidente es, ante todo, el producto de su carácter invariablemente enojoso, irritante, confrontador. Un cinismo a toda prueba. El mensaje no fue “pare de pelear que le hace mal”. Es “deje de pelearnos, retírese, ya está”. Es lo que les queda para agarrarse de algo, de lo que sea, a falta de la ninguna alternativa que presentan con excepción de sus espectáculos denuncistas. Aparte de ése tienen el problema de que cada vez más gente, y alguna tan impensada como los estudiantes secundarios, se suma a la pelea y no siente que le haga mal.

domingo, 19 de septiembre de 2010

ORLANDO BARONE: ENORMISIMO TESTIGO

Miradas al Sur

 
Rafael Ianover, el hombre más temido por Magnetto. 
 
Es alto para la media de la estatura argentina. Y debe haberlo sido aún más hace tiempo. Y hasta pudo haber infundido respeto a tantos subalternos de menor rango gerencial cuando sus actividades eran prósperas. Y cuando todavía conservaba sus mejores bienes. Hoy es domingo. Al otro día muy temprano este hombre tiene que hacerse unos análisis en el Hospital Alemán y por eso ha pedido postergar su audiencia en el juzgado. Allí es testigo en la causa de Papel Prensa. Me resulta curioso y simpático que esté preocupado por no perder el turno ya que conseguir otro le demandaría más gestiones y tiempo. Tiene ochenta y cinco años y su tiempo no es el mismo que el de un joven. Se llama Rafael Ianover, y según me dijo, sus padres judíos vinieron de Odessa y Bielorrusia. Orígenes remotos y superados por el destino argentino. Se afana en que nos quede claro que no fue torturado ni golpeado por los represores que hace más de treinta años lo tuvieron encarcelado. Insistió en esta insistencia: “En ningún momento me torturaron ni me hicieron daño”. Lo dice como quien no quiere apropiarse de padecimientos que cree no haber sufrido como otros. Lidia Papaleo, por ejemplo. “A mí me detienen y me meten en prisión con los ojos vendados y las manos esposadas. Y sin poder hablar con nadie.” Sólo eso. Cuesta entender que eso, y presionarlo para despojarlo de acciones de la empresa de la que se adueñarían Clarín, La Nación y La Razón -y que él guardaba en nombre de David Graiver- no le permitieran asumir haber sido vejado, humillado y saqueado. “David tenía en aquel tiempo treinta y cinco años y era de una inteligencia notable”, dice sin énfasis. Y como si se refiriera a un colega o amigo cualquiera en lugar de estar distinguiendo a un protagonista inquietante de aquella época. Un banquero involucrado en inversiones que supuestamente lo ligaban a los fondos de Montoneros, y que murió en un avión privado que se estrelló en algún lugar de México. Como al pasar dice que fue un error haber aceptado el papel de testaferro que lo arrastró a ese destino. No siente inquietud por estar ante el juez porque dice que lo que va a decir es lo mismo que está diciendo ahora. “No me torturaron. Pero con las acciones hicieron lo que hicieron.”

Como ven estoy tratando de retratar a un hombre sin conocerlo; sin haber sabido de él hasta ahora. Su identidad, ya irremediablemente notoria, surgió de un informe siniestro que paradójica e inesperadamente salió a la luz desde el fondo de una historia excluida de la historia.
Algunos sagaces se preguntan por qué ahora y nadie se pregunta por qué no ahora.
Continúo: el hombre está sentado a la mesa de un programa de televisión. Entre los varios participantes e invitados le toca el asiento cercano al mío. Es cordial y conversador; y aunque viene a contar un thriller en el que su pasado lo involucra y lo victimiza, luce un semblante satisfecho y feliz. No sé por qué me da la impresión de estar ante un abuelo al que probablemente la vida ha protegido y en su balance abundaran las dichas convencionales más que el infortunio. Tampoco sé por qué en lugar de estar exponiéndose no ha elegido estar nada más que ante el juez y luego descansar en una plaza paseando a su mascota. La complejidad psicológica de esa respuesta me excede. Esta impresión de serenidad y laxitud que él trasmite, la confirmé después con las personas que estaban allí o que lo vieron durante el desarrollo del programa. Ya lo dije: retrataré a este hombre sin conocerlo, en lo que se entiende como conocimiento.
Después de todo, el impresionismo es el arte que consiste en captar la experiencia visual y sensorial de un momento; la luz antes que los detalles que ilumina. Un cuadro impresionista puede lograrse en un tiempo de realización relativamente breve. El tiempo interior es otra cosa. Este texto apenas si ocupará unas contadas líneas. Si se me cruzara la sospecha de que alguna de estas palabras pudieran molestar a este hombre, las borraría. Este retrato es mi impresión cautivada por Rafael Ianover. Un testigo distinto: que relata su dramatismo sin adjetivos. Como si lo relatara un tercero ajeno a los sufrimientos.
Cuesta retroceder al relato negro. Al Thriller. Retrocedo: al sacarlo de su confortable casa aquella primera vez los hombres sin uniforme encargados de la misión dejaron allí a su hijo adolescente para que avisara a la familia que se habían llevado al padre sin saber adónde. Ahora, este domingo 4 de septiembre de 2010, Ianover está sentado de modo que en los cortes y pausas del programa 6,7,8 alargamos el diálogo más coloquialmente.
Su hijo Alejandro, que es actor, está presente en el estudio y cada tanto se nos acerca.
Testaferro
es una palabra dura como suena; y en italiano es cabeza de hierro. Por si me quedaran dudas, este hombre al que no conozco me dice que como sinónimo se puede usar presta nombre. El es contador y en su plenitud actuó en puestos de jerarquía y en negocios de cereales. Hoy no es más que un lúcido y longevo sobreviviente de penurias. Sabe más que nosotros que a la significación de la palabra testaferro el uso y el abuso la volvieron innoble. No parece esforzarse en discutir el prejuicio. Sí, fui el testaferro de David Graiver: parece decir sin decirlo, sin arrogancia ni cuidado. Mañana -piensa- debe estar en ayunas en el Hospital Alemán. Su mujer está muy enferma y eso la exime de remover esta historia. Aquella vez lo aislaron de los demás familiares y accionistas y le dijeron que aceptara rápidamente traspasar las acciones a los tres grandes editores. Por el salón vio pasar a Bartolomé Mitre, el descendiente, claro, no el original. Le prometieron que si firmaba no corría riesgos su vida ni la de su familia. Cumplieron. Aunque después de haber sido saqueado finamente en un salón fino del diario La Nación por finos abogados y empresarios finos, fue apresado. Pasó en prisión parte de 1977. Se resigna a reconocer que el miedo lo dominaba. ¿Cómo sería para un burgués acomodado ajeno a las peripecias del militante, sentirse bajo el poder de la dictadura? Encarcelado coincidentemente con Jacobo Timerman en el departamento de Policía, un día vieron a otro detenido asomado con desasosiego a una de las celdas. “Nos acercamos y le dimos alguna fruta para comer”, cuenta Ianover. Era un gendarme de Misiones que había matado a alguien de varios balazos. Se lamentaba de que su condena iba a ser larga. Por compartir la desgracia también nosotros le dijimos el motivo por el cual estábamos presos, y entonces el gendarme nos miró con compasión y nos dijo: “Ustedes sí que están bien jodidos”. Mi sonrisa se replica en la suya. Le atrae esta anécdota. La disfruta como si así expulsara las otras que no cuenta. La que otros saben: que lo tenían amarrado en un rincón donde estaba la letrina y lo hacían encogerse y desplazarse para que los presos tuvieran lugar para evacuar y orinar al lado suyo. No lo dijo, pero a lo mejor lo salpicaban.

No obstante para Ianover lo importante es aclarar que no lo torturaron. “Nada, ni un golpe sabe?” Perdió todo. Lo que era de él y lo que era de Graiver. Aunque en su balance de contador debe poner en el haber no haber perdido la vida. Pero basta eso que perdió para que se revele el crimen de un negociado. Pensar que con tan poco Ianover puede provocar la condena de un verdugo abstracto.

Este es el retrato impresionista de un hombre que ha terminado por creer que lo de él no fue la crucificción. Sólo le aplicaron unos clavos.

*1973. Retrato de familia. Fiesta de Bar Mitzvá de Alejandro Ianover (parado a la derecha), hijo de Rafael. Entonces cursaba el primer año del Nacional Buenos Aires. Al lado, su madre, Hilda Noemí Copelman de Ianover, por entonces escribana del Banco Comercial del Plata, del grupo Graiver. Abajo, la segunda a la izquierda es Lidia Brodsky de Graiver, prima segunda de Hilda, esposa de Isidoro Graiver. Lidia fue secuestrada en abril de 1977, al igual que su esposo y pasó cinco años en prisión. Los tres hijos de Isidoro y Lidia, durante esos años, quedaron al cuidado de Ana Sigal de Brodsky (abajo, sentada, a anteúltima a la derecha), esposa de Enrique Brodsky (se ve su cabeza abajo a la izquierda), cerealista al igual que Rafael Ianover, que fue secuestrado en abril de 1977 y que también pasó años en prisión. Además de un retrato de familia, es una foto social de la Argentina de esos años.

HORACIO VERBITSKY: LA MANO DE SCIOLI

Pagina12
Por Horacio Verbitsky
 
El Consejo de Defensores Generales de la Provincia de Buenos Aires cuestionó la respuesta inmobiliaria del gobernador Daniel Scioli y de su ministro de Justicia y Seguridad, el alcaide mayor del Servicio Penitenciario Bonaerense Ricardo Casal, quienes están gestionando créditos del BID para la construcción de nuevas cárceles y alcaidías. Al mismo tiempo prosiguen elaborando proyectos legislativos y presionando a los jueces para que no disminuya la tasa de prisionización, la más alta de la Argentina y, una de las más elevadas del mundo. La derivación a la justicia de los reclamos mediáticos es el único punto de acuerdo entre los gobiernos de la provincia y de la Nación. La ministra de la Corte Suprema de Justicia Elena Highton, recordó que el 75 por ciento de las personas privadas de su libertad en Buenos Aires no tienen condena, lo cual prueba que no existe la menor generosidad judicial con las excarcelaciones, salvo cuando se trata de personajes poderosos como el sacerdote católico Julio Grassi.

El doble

El documento del Consejo de Defensores Generales fue enviado a Scioli y a la Suprema Corte bonaerense. Su conclusión es que la capacidad de alojamiento del sistema penitenciario sería de 15.600 plazas, de modo que la población de 26.018 personas implica un índice de ocupación del 167 por ciento. Si se suman las 4.068 personas privadas de libertad en comisarías la sobrepoblación ascendería al 192 por ciento. Es decir, casi el doble de personas “que podría alojar legítimamente”. Para el Consejo, el dictado continuo de leyes que incrementan sin pausa la cantidad de personas en las cárceles tornan vanos los esfuerzos por superar la superpoblación, lo cual no se logra “solamente con la construcción de más cárceles”. En cambio, es urgente el dictado de una ley de cupos. “Y ésta es una decisión política”. Para los defensores el grave problema que denuncian se acentuará con la construcción de las nuevas cárceles y alcaidías penales “sin reformas al sistema de excarcelaciones”.

Los defensores recorrieron todos los pabellones y otros sectores de cada unidad, midieron y fotografiaron las celdas, entrevistaron a detenidos y personal penitenciario y revisaron el plan edilicio del ministerio, informes de organismos no gubernamentales y de la propia Procuración General de la que dependen. De acuerdo con las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos de Naciones Unidas hay “alrededor de 7700 celdas que sólo podrían alojar a una persona y, en gran parte de los casos, hoy alojan ilegítimamente a dos”. Fueron diseñadas para alojamiento individual, en unidades carcelarias cuya infraestructura y servicios corresponden a una población total que es la mitad de la actual, ya que durante los últimos años “en la mayoría de estas celdas se agregó una tarima o camastro y hoy conviven en ellas dos personas. Esta situación es inaceptable, aun en un contexto excepcional o de emergencia”, porque afecta las condiciones mínimas de alojamiento en las celdas, el acceso en condiciones dignas a los bienes y servicios que el Estado debe asegurarles, como alimentación, salud, educación y recreación, y la seguridad de encarcelados y carceleros. Otra de las Reglas de Naciones Unidas proscribe la ocupación por más de una persona de las celdas de aislamiento nocturno. Su infracción “es inaceptable” porque genera “un trato indigno”. Según el Comité Europeo para la Prevención de la Tortura una celda individual debe medir no menos de 7 m² y en las colectivas la proporción sería de al menos 5 o 6 m² por detenido. Para la Corte Interamericana de Derechos Humanos “7 m² por cada prisionero es una guía aproximada y deseable” pero si en ese espacio se alojan dos personas existe “un trato cruel, inhumano o degradante”. Los defensores precisan que de aplicarse estas pautas (50 por ciento menos exigentes que las de Francia y tres veces más laxas que las de Estados Unidos) la situación aún no sería ideal, pero estaría sobre “la difusa frontera de lo tolerable”. En sus recorridas, los defensores constaron que en 21 unidades, celdas de entre 5 y 7 m² alojan a dos personas, y en algunos casos a más de dos. En otras cuatro unidades las dimensiones de las celdas son menores a los 5 m² y en la unidad 21 de 3,6 m². Cuando dos personas deben ocupar el espacio destinado a una, además de la superficie se reducen a la mitad la ventilación y las exigencias mínimas de higiene y decoro.

Retretes y resocialización

El informe incluye imágenes de los retretes ubicados sin reparo alguno dentro de las celdas. Las normas internacionales violadas establecen que “los baños ubicados en las celdas o al lado de ellas, deben estar cubiertos y separados del área habitacional, por medio de una pared o al menos una división. Esto es particularmente importante en las prisiones donde los presos comen en la celda, porque comer junto a un retrete abierto es extremamente desagradable”. Tal situación se agrava con el alojamiento de dos personas, cuyo sentido de autoestima y dignidad ya ha sido perturbado por otros factores relacionados con el encarcelamiento, obligadas a practicar los ritos más privados “frente a los ojos del otro”. De este modo queda anulada “la posibilidad de los detenidos de autodeterminarse y actuar conforme a sus preferencias” en aquello que pertenece a su privacidad, tal como intentó garantizar el artículo 19 de la Constitución. Esto es “irreconciliable con el pretendido fin de resocialización o moralización”. Tampoco se cumplen los requisitos de selección cuidadosa de los ocupantes y vigilancia regular durante la noche, que las Naciones Unidas fijan para el alojamiento colectivo, que debería ser excepcional pero que predomina en treinta de las unidades carcelarias. Las dimensiones varían pero la sobreocupación es la norma. Las unidades más nuevas fueron concebidas como alcaidías para alojamiento transitorio y sin la infraestructura necesaria para el permanente. No poseían talleres ni escuelas y sus espacios para el esparcimiento al aire libre son exiguos. En 2003 y 2004 se construyeron catorce módulos colectivos de bajo costo para ampliar la capacidad de algunas unidades carcelarias, con la pretensión infructuosa de mejorar la situación de detenidos en comisarías. Cada módulo, dividido en dos pabellones colectivos simétricos, tiene aproximadamente 20 por 30 metros. Si se resta la superficie del sector de guardia quedan por pabellón 230 m² de espacio común y sectores de sanitarios, cocina y duchas. En estos sectores se suelen alojar alrededor de 60 personas, en condiciones que el perito arquitecto de la Suprema Corte bonaerense Daniel Negri dictaminó como inhumanas. Negri constató en la cárcel de San Nicolás 50 personas por pabellón, número que se repite y agrava en otras unidades (hasta 70 personas en cada pabellón en La Plata). El Consejo de Defensores Generales recuerda que en uno de los pabellones de la U28 de Magdalena se alojaban 58 personas, “con serias deficiencias en materia de infraestructura, como la falta de funcionamiento de la red de incendios”. El 15 de octubre de 2005 el fuego causó la muerte de 33 de esas personas. Con un giro púdico los defensores consignan sus “serias dudas en torno a que la seguridad de los internos en estos lugares haya mejorado”. En todos esos pabellones “la población debería reducirse en lo inmediato, al menos, a 25 personas, sin perjuicio de las reformas tendientes a su adecuación a condiciones dignas de detención”.

Autogestión y violencia

El requisito de seleccionar en forma cuidadosa a quienes compartirán los dormitorios colectivos no se cumple, pese a que también lo exige la ley 12.256, porque la ecuación entre el número de evaluadores y los evaluados lo impide. Los internos sólo son evaluados a su ingreso, en muchos casos en una entrevista colectiva. Por la misma razón tampoco existe la requerida vigilancia nocturna ni el control de la vida en los pabellones. La regla es que haya un guardia por pabellón y en algunas unidades, como la U9 de La Plata, sólo uno para vigilar cuatro pabellones. El resultado es que “la vida dentro de los pabellones es gestionada por los propios internos”. En concreto, por “los individuos o grupos que, en general, a través de liderazgos violentos y códigos tumberos se imponen sobre el resto” y con los que “la autoridad penitenciaria debe negociar, conceder privilegios o de alguna forma reconocer esos espacios de poder existentes, tendiendo a su reproducción”. Al discutirse este punto, el Defensor General de San Nicolás, Gabriel Ganón, solicitó que se mencionara el empleo de la tortura como método para sostener el hacinamiento y la autorización al uso de gas pimienta otorgada por el alcaide mayor Casal. Mencionó además el irregular procedimiento administrativo de control de la calidad y/o cantidad de la comida y la deficiente atención sanitaria. Esto explicaría la excesiva cantidad de muertes en custodia, que no baja de un centenar por año, incluyendo las enfermedades mortales en personas menores de 30 años, que se consignan como muertes naturales. También pidió que se señalara la responsabilidad del Poder Ejecutivo, por las constantes medidas legislativas y presiones a los jueces que aplican la ley. La Procuradora General María Falbo respondió que “la inclusión de cuestiones políticas le quitaría seriedad al informe”. No firmó el documento el Defensor General de Casación, Mario Coriolano, quien también es vicepresidente del subcomité de Naciones Unidas para la Prevención de la Tortura. Coriolano opina que las visitas de los defensores a las cárceles deberían haber derivado en la presentación de recursos de hábeas corpus, solicitudes de morigeración o alternativas a la prisión preventiva.

Los refugiados

La única alternativa que ofrece el sistema es el llamado “Programa de reducción de la violencia”, que consiste en el encierro en soledad y en espacios reducidos durante casi todo el día. Los defensores señalan que éste es ya un trato inhumano, que se agrava si se da en calabozos oscuros, húmedos y de higiene deficiente. La ley prevé el aislamiento como un castigo, de modo que sólo sería legítimo ante una infracción comprobada y durante un corto período.
Sin embargo, también se aplica a los “refugiados”, como se llama a las personas que “para escapar de situaciones de abusos o violencia intracarcelaria solicitan o consienten permanecer a veces un largo tiempo en estos sectores”. Cuando se trata de castigados, sólo debería incluir la privación fugaz de la convivencia, pero no la de la luz natural y del aire, ni el agregado de la humedad y las demás condiciones denigrantes de las celdas. Estas “privaciones ilegítimas” son “herencia de tiempos antidemocráticos”, que concluyeron hace 27 años. En ninguno de los casos verificados por los defensores se encontraba registrado el ingreso de psicólogos ni la salida de los internos para entrevistarse con ellos en otro sector, como exigen los reglamentos.

Saludos a Blumberg

El informe también impugna “el uso abusivo de la detención preventiva”, que atribuye tanto a las sucesivas reformas procesales que desde 1998 han expandido el uso habitual de la prisión durante el proceso cuanto a la forma en que los jueces provinciales aplican esas normas, “con el objeto de mostrar eficiencia y evitar los reclamos de la sociedad, los medios de comunicación y el mismo poder político”, según un reciente informe del relator especial de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. También recuerdan los defensores que desde 1990 la cantidad de detenidos bajo proceso creció un 296,7 por ciento, tendencia que se acentuó desde 1998, lo que demuestra que “el número de detenidos guarda escasa relación con la frecuencia de los delitos”. Cada país toma la decisión política sobre “qué población penitenciaria está dispuesta a tener”, dicen los defensores. “La seguridad comunitaria no mejora ni con aumento de penas, ni con aumento de presos ni con más prisiones.” Citan como ejemplo que entre 1973 y 1982 se duplicó la cantidad de prisiones estaduales y federales en Estados Unidos, sin que disminuyera la tasa de delitos. El informe califica de “fatídica”, la “reforma Blumberg del Código Penal en abril del 2004” y las sucesivas leyes provinciales que restringieron la libertad durante el proceso. De este modo, se ha llegado a un número de detenidos sin “proporcionalidad alguna ni con el aumento demográfico de la población ni con el aumento de los índices delictivos en la provincia”, pero que “reproduce y potencia un sistema violento que no contribuye a la paz y la seguridad comunitaria”. El Consejo de Defensores deplora “la política penitenciaria basada en aumentar el número de cárceles como medio privilegiado para combatir la sobrepoblación”. En cambio estimula la aplicación de medidas alternativas a la prisión y la adecuación de las leyes procesales a los estándares internacionales de derechos humanos. También sostiene que se debe “exigir al Estado Nacional la sanción de un Código Penal menos represivo que el surgido en abril del 2004”. En las conclusiones de su informe, luego de insistir en la imprescindible sanción de una ley de cupos, el Consejo de Defensores Generales de la Provincia de Buenos Aires insta “a las autoridades políticas a limitar el índice de prisionización” y reitera que “el aumento en la construcción de cárceles no remediará la situación de sobrepoblación, sino que sólo profundizará la problemática reseñada”.

Las dos juventudes del kirchnerismo

Pagina12
Por José Natanson
 
Escribí en Página/12 dos notas sobre la relación entre kirchnerismo y juventud. En la primera analizaba el impacto subjetivo de los tres grandes líderes progresistas del período pos-autoritario en quienes se formaron políticamente en los momentos más brillantes de cada ciclo: la influencia que aún conserva el alfonsinismo en los que hoy rondan los 40 y los recuerdos tal vez excesivamente dulces del chachismo en quienes hoy andamos por los 30. Allí señalaba que el kirchnerismo, de tanto setentismo, estaba descuidando el efecto que estaba produciendo en los jóvenes de 20.

La segunda nota identificaba a las dos juventudes que conviven en la Argentina de hoy. La de clase media, compuesta por chicos que estudian muchos años, se emancipan tardíamente y se casan pasados los 30, tienen hijos tarde y pocos. Por otro lado, los jóvenes de los sectores más pobres, que desarrollan un ciclo de vida corto, donde todas las etapas se aceleran: el paso de la niñez a la vida adulta es veloz por la necesidad de generar prontamente un ingreso, la emancipación es temprana, los hijos llegan rápido y de a muchos, y la muerte los alcanza más jóvenes, como resultado de los déficit alimentarios y sanitarios.

Retomo algunas de estas ideas y agrego otras, a la luz de las tres noticias de la semana protagonizadas por los jóvenes: la toma de escuelas porteñas, la masiva marcha por La Noche de los Lápices y el acto de la juventud peronista en el Luna Park. Una idea, eje del discurso de Cristina, permite articular las tres noticias. La Presidenta habló de dos juventudes, la de los ’70 y la de ahora, y dijo ver en los jóvenes de hoy las caras de sus compañeros de militancia, estableciendo una continuidad histórica interesante pero que merece una puesta en cuestión. No para invalidar la conexión, sino para matizarla con algunas observaciones.

Señalemos primero las diferencias entre la militancia de los ’70 y la actual, más visible en las tomas de las escuelas y en la marcha del viernes que en el Luna Park. Sergio Balardini, que lleva años investigando el tema, recomienda dejar de lado la imagen estereotipada de una juventud apática para entender mejor la forma que adquiere hoy el vínculo de los jóvenes con la política. En “¿Qué hay de nuevo, viejo? Una mirada sobre los cambios en la participación política juvenil” (Nueva Sociedad, 200), Balardini identifica algunas diferencias básicas. Los motivos que disparan las movilizaciones juveniles son más variados y novedosos: ya no hay una monocausa (el cambio social radical por vía revolucionaria), sino una variedad: la defensa del medio ambiente, los derechos humanos, los derechos sexuales y reproductivos, el apoyo a los reclamos indígenas.

La militancia juvenil actual, sostiene Balardini, tiende a priorizar la acción inmediata, orientada a la resolución pronta y efectiva de problemas. Y aunque este tipo de acciones pueden articularse con una solución de largo plazo, en general se rechaza la idea de que deban sostenerse en un futuro no evidente. Hoy se observa una búsqueda de eficacia en relación con el esfuerzo que se realiza. “Leída desde los ’70, esto implicaría diluir la táctica en la estrategia, el objetivo y los fines últimos. Sin embargo, como decía Freud, ‘a veces un puro es solamente un puro’: tomar una escuela es exigir que se arreglen sus techos ya y no un momento de acumulación en el camino hacia un futuro de revolución”, sostiene Balardini.

Las implicancias de estas mutaciones son múltiples. Los jóvenes de hoy priorizan el “saldo resolutivo” por sobre el “saldo organizativo” (la construcción del partido, por ejemplo) a través de armados de tipo horizontal que revelan una falta de confianza en los mecanismos clásicos de representación (partidos o sindicatos). El diálogo cara a cara es considerado fundamental en el marco de un amplio menú de opciones organizativas, que van de los movimientos sociales y los proyectos socioculturales a los partidos.

Otro aspecto interesante es el de la alegría. El autor intuye que la política tenía en los ’70 una fuerte dimensión trágica, como si sólo pudiera tramitarse –o mejor: como si sólo fuera moralmente válida– en la medida en que implicara algún tipo de sufrimiento; como si la militancia y la alegría fueran incompatibles y la política tuviera que asumir necesariamente un tono grave. Hoy las cosas han cambiado y la política incluye un componente expresivo-comunicativo, una dimensión lúdica que convive con la responsabilidad y el esfuerzo: el paradigma de la militancia es reemplazado por el de la participación.

Todos estos rasgos se vieron en las tomas de escuelas protagonizadas por los estudiantes de la Capital y en la marcha por La Noche de los Lápices. ¿Y en el Luna Park? Probablemente haya sido la más importante movilización juvenil desde comienzos de los ’80. El alfonsinismo tuvo bastante de movimiento juvenil, con una expresión intrapartidaria poderosa (la Junta Coordinadora) y un brazo universitario poderosísimo (la Franja Morada, que durante un par de décadas hegemonizó la política universitaria y que funcionó como cantera de dirigentes). Los tiempos han cambiado, los partidos ya no son lo que eran y las universidades se encuentran bajo el control de la izquierda. Sin embargo, el fenómeno de la militancia juvenil kirchnerista se encuentra en pleno crecimiento y no se explica sólo por los recursos del Estado.

La Presidenta les habló a los jóvenes, citó el buen discurso de Alfredo Larroque, titular de La Cámpora, e insistió con la continuidad entre las juventudes de los ’70 y la actual. Cristina dijo “cuadros”, aunque a la mayoría de los jóvenes la palabra seguramente les remita a su primera acepción –obra de arte– más que a personas políticamente formadas. Entonces ¿cómo hablarles a los jóvenes? La cuestión ronda al kirchnerismo.

No se trata de impostar un discurso ni un lenguaje sino de buscar la forma de tender un puente entre generaciones. El kirchnerismo lleva las marcas de su generación y sería absurdo exigirle que se las sacuda. Es setentista en su forma de gobernar y en su estilo de gestión: la voluntad política (o el voluntarismo) expande los espacios de lo posible y le permite recuperarse de situaciones que todos daban por perdidas (la ley de medios impulsada tras la derrota electoral es un buen ejemplo), pero al costo de una afianzada lógica de amigo-enemigo. Y es setentista en un sentido más abstracto pero no menos real: la necesidad de pintar de un tono épico decisiones que en el fondo no dejan de ser reformistas (a veces muy reformistas) en una confusión que es tanto oficialista como opositora (o quizá que es más opositora que oficialista): Kirchner se obstina en presentar algunos gestos como gestas y la oposición insiste con que se trata de un autoritarismo totalizante, aunque en realidad estemos ante un gobierno que ni en sus momentos más duros se ha salido de los límites.

¿Cómo les habla el kirchnerismo a los jóvenes de hoy? La juventud establece una relación con la política menos trágica, más horizontal y enfocada a fines concretos, más variada e intermitente. Y si la juventud de los ’70 estaba marcada por el choque entre generaciones, con un fuerte componente antipadres, la de hoy es una juventud que negocia con el mundo adulto y que a veces incluso lo lidera: los padres que acompañan a los jóvenes estudiantes secundarios en las tomas de los colegios son un ejemplo clarísimo. No se ve esa necesidad de establecer hiatos históricos tan fuertes como condición para su autoafirmación, lo que quizás ayude a generar una relación más inteligente, menos dolida, con el pasado.

Sin caer en psicoanálisis de revista femenina, señalemos que el diálogo intergeneracional es bueno y que los nuevos pactos familiares permiten una mejor convivencia, más a tono con los tiempos democráticos, entre jóvenes y adultos, pero agreguemos que esto también puede ser un problema. Matar (simbólicamente) a los padres es algo que todo joven debe hacer, porque es la condición necesaria para pegar el salto a la adultez: Freud lo escribió en Totem y tabú y Jim Morrison lo canta en “The end”: “Father/ Yes son?/ I want to kill you/ Mother, I want to... fuck you”.

¿Negociar con los adultos o enfrentarse? ¿Participar de la vida pública o replegarse a lo privado? ¿Dejar que la madre te planche la camisa o mudarse a un monoambiente sin luz? No debe ser fácil ser joven en la Argentina de hoy. Los círculos de militantes kirchneristas, cuantitativamente minoritarios pero cualitativamente importantes, son un fenómeno nuevo, inédito desde el primer alfonsinismo. La mayoría pertenece a la juventud de clase media: hay en la primera línea de La Cámpora una clara sobrepresentación de ex alumnos del Buenos Aires (que la primera conducción de Montoneros también estuviera hegemonizada por jóvenes de El Colegio abre un campo de comparación sugerente). En el acto en el Luna Park, el kirchnerismo les habló a los jóvenes militantes. ¿Les habrá hablado también a los que toman los colegios?

ZAFFARONI: “Una solución política o ninguna”

Pagina12

El ministro de la Corte Suprema de Justicia Raúl Zaffaroni explica que esta semana el máximo tribunal no ordenó reponer a Eduardo Sosa como procurador de Santa Cruz sino que reclamó que se ejecute una vieja sentencia dictada en ese sentido. “Decidimos disponer que la Justicia federal decida si el gobernador ha desobedecido el mandato de la Corte o si realmente no tiene posibilidad de cumplirlo”, señala. Y dice que la situación “a estas alturas o tiene una solución política dentro del ámbito de competencia del Poder Legislativo o no tiene ninguna”.

–El gobernador de Santa Cruz y el jefe de Gabinete afirmaron que la Corte incurrió en un exceso al entrometerse en cuestiones de derecho público provincial al disponer que Eduardo Sosa fuese repuesto como procurador de Santa Cruz.
–No sé, quizá tengan razón. No abro ningún juicio acerca del derecho del Dr. Sosa a ser repuesto en su cargo. No estudié el caso, lo que objetan es una sentencia pronunciada y firme años antes de la actual integración de la Corte.
–¿Pero cómo? ¿La Corte Suprema no resolvió eso?
–Sí, la Corte Suprema lo resolvió pero mucho antes de que yo y la mayoría de sus actuales ministros la integrara. No recuerdo la fecha, pero desde hace siete años integro la Corte y nos hallamos con una sentencia firme que disponía la reintegración del Dr. Sosa al cargo. No me ocupo de estudiar casos resueltos, ni creo que mis colegas hagan eso, tenemos bastante con las sentencias que debemos pronunciar para ocuparnos de las ya pronunciadas con otra integración de la Corte. Eso sólo tendría interés académico, como caso de laboratorio en la Facultad de Derecho. Nosotros nos encontramos con una sentencia firme que disponía el reintegro del Dr. Sosa a sus funciones. No tenemos competencia para revisar sentencias firmes de nuestro propio tribunal, salvo los casos especiales y excepcionalísimos. No sé, si la víctima de homicidio aparece viva y nos saluda, pero nada más. Por eso le digo que no abro juicio sobre la sentencia ni sobre lo que le observan el gobernador de Santa Cruz ni el jefe de Gabinete, no podría abrir juicio responsablemente aunque lo quisiera, porque no he leído la causa ni tenía ninguna necesidad de hacerlo.
–Entonces ¿qué fue lo que resolvió la Corte ahora?
–Desde hace siete años estoy en la Corte. Frente a una sentencia firme nuestro objetivo era que la sentencia se ejecutase, porque, le reitero, es una sentencia firme y las sentencias firmes deben ejecutarse. Nuestro problema era cómo ejecutarla. Tuvimos audiencias, hicimos todo lo posible para ejecutarla, pero el Dr. Sosa quiere ser repuesto en el cargo y el gobernador responde que no puede reponerlo, que envió un proyecto a la Legislatura, que ésta no trató y que al parecer tampoco satisface al Dr. Sosa y, por ende, manifiesta que no puede cumplir la sentencia de la Corte. Llevamos siete o más años en esto, uno que pretende ser repuesto en el cargo, otro que responde que no puede reponerlo, y pese a todas las audiencias e instancias que hemos agotado, cada uno se mantiene en su posición sin ceder un milímetro. Esta es la situación a la que habíamos llegado. Nuestro “imperium” para hacer cumplir la sentencia de reposición del Dr. Sosa en el cargo está agotado.
–¿Y entonces?
–Entonces decidimos admitir que se nos ha agotado el “imperium” y disponer que la Justicia federal decida si el gobernador en realidad ha desobedecido el mandato de la Corte o si realmente no tiene posibilidad de cumplirlo. En el primer caso será procesado y en el segundo será sobreseído. Es lo correcto, simple y sencillamente.
–¿Y la remisión al Congreso?
–Bueno, si llegamos a la conclusión de que hay una sentencia firme de la Corte –buena o mala, no lo sé, no la estudié ni tengo por qué hacerlo, pero es sentencia firme– y se nos agota el “imperium” para su ejecución, de lo cual dan cuenta más de siete años de trámite, que son los que a mí personalmente me constan y no sé los anteriores, es natural que le informemos a la representación directa del pueblo y de las provincias que se ha producido esta situación, que a estas alturas o tiene una solución política dentro del ámbito de competencia del Poder Legislativo o no tiene ninguna.
–¿Y cuál es la solución política en el ámbito del Congreso?
–No lo sé, no somos nosotros los que podemos decirle al Congreso lo que debe o puede hacer, nos limitamos a ponerlo en conocimiento de la situación, por demás original, por cierto.
–Dijo que puede haber una solución política o ninguna. ¿Y si no hubiese ninguna?
–Si no hubiese ninguna será necesario sacar el lápiz y anotarlo, para que lo tengan en cuenta algún día quienes se encarguen de alguna futura reforma constitucional. Si tuviésemos un tribunal constitucional que claramente fuese competente para resolver los conflictos de poderes no me cabría la menor duda de que sería materia propia de este tribunal, pero no lo tenemos. De cualquier manera, ésa es una cuestión que no nos compete a nosotros, sino al Congreso, si es que hay una solución dentro de nuestra estructura institucional vigente. Insisto en que no me corresponde y sería un osado si pretendiese marcarle pasos al Congreso de la Nación. La Corte no lo ha hecho y personalmente no cometo la osadía de hacerlo, ni como juez ni como académico. Respeto el ámbito de competencia de cada poder. El Congreso sabrá si tiene facultades para decidir algo o si también se agotó su “imperium”, porque es quien tiene la representación primaria de todos nosotros, los ciudadanos.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Sandra Russo: El ocaso del progre

Pagina12
Por Sandra Russo
 
Vamos a decirle ocaso, y a evitar la palabra muerte, porque muchos de nosotros todavía, gente adulta, en la bruma del lenguaje, en su resaca, usamos la palabra “progre” para aludirnos, pensarnos o identificarnos. Pero quizá sea hora de enunciar la declinación de esa categoría sociocultural consensuada durante años para alojar en sí a la gente biempensante.
Alguna vez, allá por el 2001, escribí una nota que se llamó “Progresismo”, y que daba cuenta de que por estos rincones en los que se blande más el hábito del pensamiento que el de la acción, generalmente se tenía más tolerancia con los muy diferentes que con los muy parecidos. La diferenciación a partir de capillas, referentes o tendencias era característica. Nunca me cansaré de repetir que el que quiera internarse en esa titilante subjetividad “progre” y reírse de sí mismo y sus amigos puede leer Cómo ser buenos, del inglés Nick Hornby. Una novela en la que sus personajes son personas progres que luchan a su manera, básicamente solos, y que van derivando de lo político a lo new age. Un mundo en el que ser “progre” es adoptar un niño africano. La diferencia entre los “progres” Angelina Jolie y Sean Penn es que ella trae, “salva” a un niño africano de vivir en Africa, y deja a Africa con un niño menos para que pueda seguir siendo el continente más pobre. En cambio, Sean Penn se lleva a sí mismo a los lugares que identifica con su compasión, algo que sólo puede permitir una ideología: lleva su carpa y se muda a Haití. La categoría internacional del “progre” nos lo marca además como un fenómeno de época, de convicciones firmes, pero no obstante decidido a pelear por ellas a través de acciones individuales. Políticamente, el “progre” es atravesado por la idea de tolerancia, pero no menos por la idea de neutralidad. El compromiso con una idea es subordinarle el cuerpo. Eso requiere un abandono de la neutralidad.

El “progre” era, después de todo, el militante que ya no militaba, o la gente instruida en universidades o terciarios, gente con capital cultural, habitantes de una ciudad psi en la que nunca se sabe si tantos psicoanalistas generaron tantos neuróticos, o fue al revés.

El “progre” emergió en una época de gente aislada, le correspondió a una década cuya impronta feroz fue la antipolítica, que los “progres” no obstante siempre reivindicaron. Pero así en general, “la política” en general, todo muy sobreentendido.

En aquel momento la palabra “progre” contenía un modo de resistir en los ’90, códigos en común, desprecios compartidos, insatisfacción, revulsión, ánimo de retomar fuerzas para dar una pelea cultural, pero no una pelea política. Estábamos tan hundidos en la lógica del fin de las ideologías, que aunque defendíamos las nuestras no las conocíamos del todo. Probablemente todos los “progres” creíamos que el neoliberalismo era monstruoso y que había que devolverles a las organizaciones sociales y políticas sus derechos aplastados por los dos partidos tradicionales. Pero en cómo ir hacia los objetivos de equidad y libertad, ahora se hace evidente que había concepciones tan distintas que devinieron en esto.

Cabían en esa identidad “progre”, siempre difusa, siempre con una carga muy implícita y poco explicitada, gente que hoy no se puede ni ver. Se partieron aquellos puentes a medida que se fue instalando otro contexto, y que las cosas cambiaron tan vertiginosamente.

Hay un lugar en este proceso de descomposición del “progre” que es doloroso. Porque no es que “algunos dejaron de ser progres” y otros lo siguen siendo. Una lectura más fina indicaría que el “progre” y lo que ser “progre” implicaba ya no se ajusta a los tiempos, dice poco, es contradictorio, es blando, es vago, es apto para que por allí se cuele hasta el diputado Iglesias, aunque aun así él exagera.

No dan ganas de pelear para ver quién sigue siendo “progre” y quién capituló. Es un debate menor, otra encerrona para hablar de lo que es accesorio. Un ítem más para que los periodistas nos tiremos de las mechas, nos insultemos, nos distraigamos. Nuestras peleas son públicas, pero en el mundo privado de muchos argentinos también tiene eco este desencuentro fenomenal entre gente que hace tres o cuatro años podía hasta quererse.

Es bueno recordar que el “progre”, como identidad más social y cultural que política, se abrió paso en una época en la que la política estaba fuera de juego, aunque de eso no se hablaba. Los grandes partidos nacionales habían capitulado frente al modelo del capitalismo salvaje global, pero eso no se pasaba en limpio para las audiencias y los públicos respectivos. Así fue que el menemato, tan detestado por los “progres” que éramos tan variopintos y leídos, fue despachado en una ilusión que ahora se exhibe de una puerilidad abismal: vino la Alianza, que votamos los “progres”, desconectados de manera notable del resto de los sectores: a esto quería llegar. La identidad del “progre” es contemporánea a la del ciudadano políticamente “independiente”. Convivió con la era en la que los “independientes” eran observados, celebrados y caracterizados por los medios como los verdaderos ciudadanos.

La coincidencia entre esta irrupción del “independiente” político y el periodismo “independiente” no es azarosa. El punto culminante de esa celebración de la “gente suelta” como verdadera portadora de la ciudadanía fue aquella noche terrible de los cacerolazos del campo, la noche en la que se produjo un incidente con Luis D’Elía. Los militantes políticos o sociales eran invalidados para estar en las calles expresándose, derecho cuya legitimidad era reservada para los “independientes”.

Hoy las cosas han cambiado y lo “progre” suena a fuente de feng shui. Estos tiempos son muy específicos, más allá de nuestras voluntades. Las ideologías no habían muerto, todos tenemos una, y no se puede defenderla siendo neutral.

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails